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Libertad y convivencia

Charlie Hebdo: ¿una luz de esperanza al final del túnel?

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Libertad y convivencia

Charlie Hebdo: ¿una luz de esperanza al final del túnel?

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Podemos discrepar de sus contenidos, pero qué bien que Charlie Hebdo haya mantenido su línea editorial tras el atentado del 7 de enero. Autocensurarse como piden algunos significaría aceptar que la intolerancia es la ruta para la confrontación de ideas y que la violencia es el camino para acabar con las diferencias. 

La muerte no es la solución para callar voces así como evitar que los fundamentalistas de religión musulmana —un puñado apenas del universo musulmán en el mundo conformado por más de mil 200 millones— consigan imponer el terror con sus ataques terroristas no pasa por ceder. Luego de la experiencia con Sendero Luminoso, los peruanos lo sabemos bien. 

Pero tampoco consiste en permitir reacciones violentas de parte de la extrema derecha, de los antisemitas, islamófobos, neonazis y todos los llamados "radicales". Se trata, simplemente, de ejercer, en todas sus manifestaciones, la Libertad. La libertad de elegir, discrepar, denunciar, profesar, debatir, callar, vivir, expresarnos y de tantas otras facultades que nos aseguran la convivencia sana.

Charlie Hebdo, además de sus irreverentes carátulas, grafica muy bien lo que significa ejercer esos derechos por encima de creencias e ideologías. Y hoy lo hace en su página central. “MÁS GENTE CON CHARLIE QUE EN MISA” se refiere a la multitudinaria marcha por la paz llevada a cabo en París el pasado domingo 15 de enero, en la que miles de posiciones políticas y religiosas, en muchos casos diametralmente opuestas, se confundieron en una sola masa. ¿Es que hay una luz de esperanza al final del túnel?


 "Sangre de tombo..."

Si a Humala no le importa, ¡a nosotros sí! 

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 "Sangre de tombo..."

Si a Humala no le importa, ¡a nosotros sí! 

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Oír corear esa espantosa frase y otras más nos hace volver a la pesadilla de los terribles ochenta, cuando se volvió “normal” que Sendero Luminoso y el MRTA asesinaran a diario y de la forma más brutal a miles de peruanos, sobre todo a los más pobres. Nos costó años y demasiados muertos acabar con el terrorismo y, sin embargo, pareciera que hay algunos que pretenden regresar a esa época de horror y violencia. Todo ello a vista y paciencia de nuestras autoridades.


Hagan clic en este enlace y pongan atención al audio de la marcha en Cocachacra —muy cerca de donde nació Abimael Guzmán— contra Tía María el 15 de abril último. Lo que se escucha es tan horrendo que me llevó a verificar su autenticidad y he podido constatarla con gente que estuvo presente ese día. Frases como “tomaremos sangre de tombo”, “violaremos a sus mujeres” y “comeremos a sus hijos” hacen que nos escarapelemos de pies a cabeza.


No son los pobladores del valle de Tambo. Son terroristas que debemos identificar y meter presos ya. Es inaudito que habiendo padecido una década de sangre y terror permitamos que se den las condiciones para que se repita la historia. 


Si el Gobierno deja que el terrorismo rebrote, olvidémonos de crecimiento, reducción de la pobreza, emprendimientos, tratados comerciales y toda esta historia de esperanza que vivimos desde que se capturó a Guzmán. Preparémonos más bien para pelear: esta vez poseemos la experiencia y hay que hacerlo ya.


Y si a Humala no le importa, a nosotros sí. Habrá que exigirle que no dé tregua al terror y que lidere la lucha contra la violencia como presidente de todos los peruanos.


No perdamos la esperanza

Debemos seguir creyendo en la renovación y regeneración de la política.

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No perdamos la esperanza

Debemos seguir creyendo en la renovación y regeneración de la política.

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Los escándalos de corrupción que han enlodado a los gobiernos anteriores y a casi toda la clase política parecen mostrar que todo habría sido contaminado a su paso. Sin embargo, no podemos perder la esperanza de ver en un futuro no muy lejano la renovación y regeneración de la política. Nuestro país tiene que poder sobrepasar los charcos de descomposición que se presentan en su camino hacia el desarrollo.

En los últimos quince años, nuestro país ha avanzado lo suficiente para darnos cuenta de las bondades del crecimiento que conduce al desarrollo. Las fortalezas adquiridas en este período de reformas y políticas responsables nos dan razones para afirmar que podemos avanzar. Pero esta experiencia de crecimiento también nos ha mostrado la necesidad de contar con políticos y gobernantes capaces, con entereza moral y con verdadera vocación de servicio al país para no poner en riesgo lo avanzado.

Hoy los peruanos desconfían más de los políticos y de los partidos políticos, y no aceptan verse comprometidos en la sombra que envuelve a aquellos. A pesar de eso, no debemos dejar de creer que volverán los nuevos tiempos de la política como medio idóneo y enaltecedor para servir al país.

Hoy nos toca revalorar las palabras del gran historiador Basadre: "Que el Perú no se pierda por la obra o la inacción de los peruanos".