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Mitos y percepciones del gobierno de PPK (parte 3)

La dicotomía del presidente y la pertinencia o no de los Juegos Panamericanos

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Mitos y percepciones del gobierno de PPK (parte 3)

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6. Hay dos PPK: uno economista y otro político

La percepción que se tiene es que hay dos PPK: uno, el economista (un profesional exitoso, conocedor de las finanzas, capaz de dar cátedra en cualquier escenario del mundo); y otro, el político.

El PPK que se presentó recientemente en Princeton es un PPK ágil, locuaz, entretenido, de palabra carismática y contundente. Se mueve como Pedro en su casa. Transmite una seguridad propia de un personaje con amplia trayectoria y conocimiento; habla con el público, otorga la palabra, se siente cómodo y se expresa con destreza.

El PPK de los peruanos es en cambio un personaje con problemas de comunicación política. En Estados Unidos se entiende muy bien con sus oyentes; aquí le cuesta llegar a la población. Allá, transmite milimétricamente; aquí se estanca y se autoboicotea. Los dos son brillantes, pero parecen distintos.

Algo pasa con PPK que no ha podido superar esa dicotomía desde la campaña. Para colmo, las declaraciones de sus congresistas no lo ayudan en este sentido. Más bien contribuyen a dejarlo solo a pesar de su necesidad de ampliar su espectro. Algunos de sus voceros siguen confundiendo opinar con decir casi lo que les venga en gana. Les hace falta un filtro que les permita ecualizar sus mensajes.

Bastó, por ejemplo, que Roque Benavides hablara en una entrevista para que inmediatamente salga un vocero a acusarlo de pretender ser candidato a la presidencia  (¿tendría algo de malo que un peruano exitoso quiera postular, en caso de que eso fuera cierto?). Así de singular fue la intervención del congresista.

Y la cosa es al revés. Peruanos Por el Kambio debería valorar que personas exitosas empiecen a involucrarse y a opinar sobre la realidad nacional. Cada vez hay menos gente competente que quiera trabajar públicamente por el Perú. Ese tipo de reacciones hostiles le hacen daño al gobierno. Se nota la improvisación, el protagonismo personal, la falta de preparación para actuar ante las cámaras. Y no contribuyen a cimentar un PPK más político.

7. ¿Los Panamericanos deben realizarse?

Sí y no. Sí porque es un compromiso asumido y traería réditos a través de infraestructura. No porque no se ha avanzado lo suficiente. El entusiasmo de Susana Villarán (que llegó a poner paneles haciendo propaganda política con el tema de los Panamericanos) y la inercia de Saavedra condujeron a esta paradoja convertida ahora en símbolo de incapacidad.

Si hay presupuesto suficiente entonces el gobierno debería continuar con la idea panamericana. Pero el tema no es presupuestal; es de ineptitud, de falta de avance y de planificación, de una mala gestión en el tema que viene desde Saavedra. A este paso los Panamericanos, como los huaicos, pronto se desbordarán.

Un proyecto de esta envergadura debería además estar enmarcado en una concepción de futuro para el deporte peruano. La infraestructura de los Juegos Panamericanos debería estar pensada y proyectada para convertirse luego en una serie de grandes espacios polideportivos y culturales (sí, culturales, con bibliotecas, cines, teatro, museos deportivos interactivos, centros de recreación; además obviamente de servir a su objetivo fundamental: ser lugares para el entrenamiento de alto rendimiento).

Esto no quiere decir mezclar chicha con limonada. Una confluencia bien hecha es perfectamente posible. Ambos espacios pueden habitar juntos sin mezclarse, dándose mutuo apoyo. Hay ejemplos en el mundo de iniciativas parecidas, pero esta concepción ni ha asomado por la mirada coyuntural de los responsables de la organización.

Esta sería la mejor manera combatir la violencia y la drogadicción, generando una mixtura entre el deporte y la cultura,  a través de grandes espacios deportivos especializados y centros culturales. Plantearlo así no es trasnochado; es perfectamente viable sin que esto signifique invadir lo deportivo.

La oposición quiere tumbarse los Panamericanos para desacreditar al gobierno, desprestigiarlo, y un sector del gobierno quiere también salirse de esa papa caliente con el pretexto de los desastres del norte. Se está dando una mutua complicidad en la posible suspensión del evento.

Si hay dinero suficiente para la organización de Juegos Panamericanos y también para atender los desastres del norte, pues entonces ambos temas deberían correr por cuerda separada.

Si el gobierno saca adelante los Juegos, solo organizándolos con seriedad demostrará que este tipo de certámenes son viables. Más importante aún, cerraría con broche de oro la reconstrucción del norte ccon unos juegos internacionales de calidad. Todo un regalo para la autoestima del país y para el deporte y la planificación sub sectorial. Nada de esto habita en la mente de los funcionarios de turno; más bien lo contrario.

La percepción que se tiene es que si los Panamericanos se suspenden será para maquillar los retrasos en la implementación del evento. Retraso producto de la incapacidad. Y que las lluvias, huaicos y la reconstrucción serán un pretexto porque fondos hay (continuará).


¿Por qué nada cambia?

Se está hablando de montos sin conocerse exactamente de la magnitud de los daños.

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¿Por qué nada cambia?

Se está hablando de montos sin conocerse exactamente de la magnitud de los daños.

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Las emergencias extraordinarias siempre desbordan nuestra capacidad. El lamento por la falta de prevención es permanente. Somos fatalistas (o más bien realistas) respecto a la eficiencia del Estado para atender a la población afectada, pero en los tiempos de calma no hacemos nada para buscar eficiencia y cambiar estos escenarios.

Las mayores víctimas de los desastres son, evidentemente, las personas pobres y vulnerables. Según un informe del BM, la repercusión de las catástrofes naturales en el PBI es 20 veces mayor en los países en desarrollo que en las naciones industrializadas. ¡Una diferencia sideral!

Un reto mayúsculo es la reconstrucción post desolación. Puede volverse casi eterna no solo por su costo y complejidad sino por desidia en identificar responsables que lideren el proceso, afán de protagonismo, populismo y todas esas debilidades humanas que son difíciles de combatir.

El presidente ha sido enfático en asegurar que los fondos están garantizados, que el problema es la gestión, que esta “emergencia” no tiene por qué ser determinante para suspender los Panamericanos u otras actividades del país. “Todo lo podemos, todo está bajo control”. Sin embargo, recordemos que no sólo se trata  del reemplazo de las pérdidas físicas, sino de la recuperación emocional y el costo de oportunidad perdido.

Se está hablando de montos sin conocerse exactamente la magnitud de los daños. Las lluvias van a continuar por varias semanas y ello produce un factor acumulativo de destrucción y desesperanza. En buen romance, pone la economía de cabeza: escasez, especulación, subida artificial de precios, acaparamiento y otras consecuencias inevitables; tristemente, para algunos las tragedias son un negocio.

Existen múltiples oficinas para atender desastres en el país, incluyendo las de los gobiernos regionales y municipales. Esta organización es adecuada para las emergencias sectoriales o eventos de relativo control pero para una tragedia de magnitud nacional tiene que existir una "supra agencia” absolutamente empoderada, con un claro liderazgo transversal y un equipo multifuncional que asuma todas las decisiones, bajo responsabilidad. El éxito está en la inmediatez y en su capacidad de poder coordinar sin autorizaciones previas, trabas o papeleos ociosos. Multiplicidad de cabezas y protagonistas solo crean confusión y desconcierto.

No se trataría de una entidad burocrática, sino de un conjunto de personas muy especializadas, que incluso podrían trabajar ad honorem en una permanente supervisión de las labores de prevención y de la existencia de recursos para afrontar las grandes emergencias nacionales. Hay que darle vueltas al tema, pero lo que sí nos queda clarísimo es que hoy no estamos preparados.

Una alternativa que también podría considerarse para coadyuvar en esta ardua labor es una suerte de OxI (obras por impuestos) ad hoc, con un marco legal más simplificado, específicamente para reconstrucción en caso de desastres. La empresa privada tiene capacidad de gestión, técnicos especializados, acceso inmediato a contratistas y fondos, los mismos que luego serían íntegramente aplicados contra el Impuesto a la Renta. Solo faltaría la confianza pero hay que construirla.

Esta tragedia nos deja doloroso aprendizaje y muchas tareas pendientes. Mientras tanto, seamos lo más solidarios posible.