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Diálogo con fruto mínimo

Un nuevo gabinete que limpie vestigios y topos sembrados por Humala (y abrazados por el saliente gabinete Zavala). Chau. ¡Y a trabajar!

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Un nuevo gabinete que limpie vestigios y topos sembrados por Humala (y abrazados por el saliente gabinete Zavala). Chau. ¡Y a trabajar!
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“Prevalece en el país una extendida sensación de distancia frente a un poder político que parecería crecientemente prescindible”. La frase es dura. Alude a una percepción que se vuelve permanente, a una sensación ampliamente compartida por la ciudadanía e intensamente descalificadora de quienes conducen las riendas del gobierno.

Cualquiera pensaría que esas expresiones pertenecen a algún vocero, perdón a algún perro de chacra del fujimorismo obstruccionista. Pero no es así. Su autor y firmante no es otro que Diego García Sayán. Aludo al sumo pontífice de la caviarada antifujimorista en la percepción popular. Así está el mundo y semejantes falencias no se arreglan con un diálogo.

Pero atención. La fuerza de la mayoría congresal también forma parte del poder político y en la hora presente ese poder también puede ser percibido como cada vez más prescindible. Fuerza Popular y su bankada pueden estar orgullosos de haber ejercido el control político de una manera eficaz frente a un Ejecutivo que solamente parece haber estado interesado en rescatar los proyectos truchos y costosos que dejó Humala.

El problema es que en el camino el fujimorismo congresal dejó de plantearle propuestas al país, o cuando se planteó alguna metió las de andar como con el proyecto de Ley de prensa. Admitámoslo: disparos al dedo gordo del pie los ha habido en ambas tiendas. Y eso tampoco se arregla con un diálogo.

La forma en que hemos desembocado a este diálogo, la propuesta y rechazo de terceros, la agenda cambiante y algo general de la reunión apuntan en contra de los posibles resultados de la gran cita. Pero el único diálogo malo es el que no se produce, aquello debe quedar muy claro.

Nadie puede estar seguro de que ambas partes abordan con sinceridad el diálogo y tampoco lo estaremos el martes cuando la conversación entre PPK y Keiko haya culminado. Al diálogo, en consecuencia, habrá que juzgarlo según la metodología aconsejada por los evangelios: por sus frutos lo conoceremos.

Y solamente espero que se entienda que por lindo que sea debatir qué tipo de país queremos ser después del bicentenario, hay una realidad que administrar en la que las cosas están patas arriba. Y si PPK tiene en mente algo más que una simple finta, debería producir un gabinete absolutamente conversado. Un nuevo gabinete que empiece por limpiar la administración de los múltiples vestigios y topos que sembró Humala y que fueron todos bendecidos y abrazados por el saliente gabinete Zavala. Chau. Y a trabajar…