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Necesitamos entendernos

Debemos trazar una agenda mínima que aborde los temas claves para el país.

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Necesitamos entendernos

Debemos trazar una agenda mínima que aborde los temas claves para el país.

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Para todos ya debería estar claro que el mandato de las urnas conlleva a un esfuerzo de diálogo y concertación entre todas las fuerzas políticas para poder avanzar. Por ello, con la aceptación al diálogo de todas las fuerzas políticas la situación actual se presenta favorable para arribar a puntos de encuentro que favorezcan al país.

La coyuntura exige un buen grado de entendimiento entre el gobierno y las fuerzas políticas para crear las condiciones de gobernabilidad que permitan aplicar las políticas que se necesitan con urgencia para resolver los problemas más acuciantes. Ningún interés de grupo ni capricho personal puede anteponerse a este objetivo de Estado si se quiere el bien del país.

Lo que hoy necesita el país es la hidalguía y grandeza de los políticos para llegar a un entendimiento que conlleve a trazar una agenda mínima que aborde los temas de corrupción, seguridad, reactivación económica, además de los ejes centrales que direccionan los demás sectores claves.

La actual correlación de fuerzas en el Congreso convierte a la fuerza opositora mayoritaria en corresponsable de la gobernabilidad. Por ello, la población espera la acción responsable de ambos poderes, y precisamente sabrá distinguir la responsabilidad de los actores políticos.

Confiamos que en adelante, frente toda circunstancia que se presente, sean los intereses del país los que primen.


Antidemocráticos

¿Quiénes son los verdaderos autoritarios?

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Antidemocráticos

¿Quiénes son los verdaderos autoritarios?

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“Lo que queremos es que el Congreso no esté en manos de una mayoría autoritaria y poco transparente”, ha dicho el legislador del Frente Amplio, Hernando Cevallos, respecto a la negativa de la presidenta del Congreso a renunciar. Intentando una apreciación objetiva (lo que en estos tiempos, para el criterio reduccionista de algunos, equivale a poco menos que firmar un acta de sujeción al fujimorismo), el congresista no hace sino ratificar la evidente burbuja en la que vive la izquierda y, en consecuencia, la ceguera ética de la que adolecen sus miembros, al punto de sentirse inimputables cuando emiten declaraciones como esas.

¿O es que alguien podría negar que el espíritu de lo dicho por Cevallos es profundamente antidemocrático? ¿Es acaso el precio que han debido pagar los izquierdistas por apropiarse de la agenda de las minorías (y la de los antifujimoristas)? ¿Dónde quedó la histórica izquierda combativa, la de las grandes conquistas sociales en beneficio de TODOS? ¿Por qué mira a otro lado cuando se trata de investigar la corrupción de sus engreídos? ¿Por qué la indignación selectiva?

Además, cabría preguntarse —invocando “la consecuencia” que reclama Cevallos para Luz Salgado— si las acciones políticas del Frente Amplio conducen precisamente a socavar el Congreso elegido por mandato popular, cuyo orden por lo visto deploran. Y aflora, entonces, el recuerdo reciente de quiénes fueron los más tenaces opositores al diálogo entre el Ejecutivo y la oposición.

Ahora, pues: ¿quiénes son los verdaderos autoritarios?


Diálogo devaluado

Insistir en otro diálogo PPK-Keiko, como varita mágica de solución a crisis política, es una necedad.

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Cuenta Luis Alberto Sánchez, en uno de los tomos de su Testimonio Personal, que el primer encuentro de José Luis Bustamante y Rivero, candidato a la presidencia de la República por el Frente Democrático Nacional en 1945, y el líder aprista Víctor Raúl Haya de la Torre, determinó el futuro errático y áspero de ambos personajes. Norteño expansivo, alegre y acostumbrado a la gesticulación ante las masas, Haya se acercó a Bustamante con los brazos abiertos. Este último (arequipeño frío, tímido y de maneras diplomáticas) apenas le estiró la mano para saludarlo.

Haya y Bustamante nunca más se vieron las caras durante el gobierno del FDN (1945-1948), pese a ser aliados. Los seguidores del primero sostienen que la oligarquía antiaprista de entonces empujó al presidente a tomar distancia del también llamado Partido del Pueblo (algo parecido a lo que hoy hacen caviares y sus tontos útiles como Pedro Cateriano). Conspiró para hacer fracasar las políticas controlistas de los dos únicos ministros apristas que tuvo esa administración: Manuel Vásquez Díaz (Hacienda) y Luis Rose Ugarte (Agricultura). Generaron el ausentismo parlamentario (el Congreso estaba dominado por el APRA) y la consecuencia (“la normalidad” lo denominó el poeta Martín Adán) fue el golpe de Estado del general Manuel Odría.

La versión contraria la que me narró Paco Igartua, gran periodista y director de la revista OIGA pero que en ese entonces trabajó para los diarios Jornada y La Prensa habla de la “impaciencia aprista” por el ejercicio del poder y su negada comprensión al enorme apego a las bases constitucionales de la República que profesaba Bustamante. Tanto así que en los predios apristas lo bautizaron como “el cojurídico”.

Traigo a colación este episodio de nuestra historia hallándole semejanza al gélido encuentro que sostuvieron Pedro Pablo Kuczysnki y Keiko Fujimori el mes de diciembre pasado, en casa del cardenal Juan Luis Cipriani. Versiones de ambos entornos concuerdan que se trató de una reunión insípida donde predominaron los lugares comunes durante la conversación y que careció de base alguna para futuros diálogos políticos de alto nivel.

Por ello me temo que es una necedad inútil persistir en que se produzca una nueva aproximación entre PPK y Keiko, como lo sugieren los congresistas oficialistas Juan Sheput y Mercedes Aráoz. Los separa profundamente sus respectivos temperamentos y como le ocurrió a Bustamante y Rivero— el oído presidencial ganado por el antifujimorismo. No quiero imaginar siquiera lo conversado recientemente en Madrid entre nuestro primer mandatario y Mario Vargas Llosa (garante de dos joyas como Alejandro Toledo y Ollanta Humala con tal de arrinconar a los Fujimori) para profundizar ese nefasto distanciamiento.

El diálogo entre los líderes políticos más importantes del país ya está devaluado. Ello no significa abandonar la búsqueda de nuevas vías de entendimiento y nuevos protagonistas del mismo. El país y los propios intereses de cada parte así lo aconsejan. Ojalá se materialice pronto.