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¡Hasta Trump tuvo que rezar!

Aunque su elección no haya sido un milagro sino, más bien, un caso fortuito.

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¡Hasta Trump tuvo que rezar!

Aunque su elección no haya sido un milagro sino, más bien, un caso fortuito.

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"¡Es un milagro, un acto de Dios!", exclama Samuel Rohrer. Así explica el presidente de la Red Americana de Pastores, una agrupación que reúne a los líderes de iglesias norteamericanas a nivel nacional, la elección de Donald Trump.

Tres de cuatro estadounidenses consideran indispensable que el futuro presidente tenga fuertes sentimientos religiosos y Trump siempre lo ha sabido. Aunque no es un presbiteriano practicante y evadió preguntas teológicas durante toda la campaña, si realizó varias apariciones en iglesias evangélicas y católicas con una Biblia en la mano (regalo de su madre cuando tenía ocho años dixit).

La unión de la Iglesia y del Estado es indesligable a través de la historia y se manifiesta abiertamente en pleno siglo XXI, en el país más poderoso del mundo. Los grupos de la derecha religiosa, ante todo cristianos evangélicos, han sido determinantes para el triunfo de Trump: el poder político más unido que nunca al “apoyo divino”.

Luego de su visita a México, el papa Francisco comentó que la propuesta de construir un muro en la frontera con EE.UU. no era un acto cristiano. A lo que Trump contestó, muy cuidadosamente: "Tengo mucho respeto por el papa. Tiene mucha personalidad y creo que está haciendo un buen trabajo, tiene mucha energía […] De hecho, no me gusta pelear con el papa. No creo que esto sea una pelea".

Control absoluto de un hombre percibido como emocional, políticamente incorrecto y espontáneo. La cercanía con la religión lo humanizó. En política todo es estudiado; se trata del mágico mundo del marketing y las percepciones, donde cuesta distinguir aquello que es realidad. Jamás iba a enfrentarse al papa, menos aun si a los pocos días eran las elecciones primarias en Carolina del Sur, un estado donde la religión juega un papel importantísimo entre el electorado.

Ya ha elegido a dos evangélicos para su gabinete: Ben Carsons, miembro de la Iglesia Adventista, como  secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano y Betsy DeVos, importante miembro de la megaiglesia Mars Hill Bible, como secretaria de Educación. A ellos se suma un variopinto equipo constituido por militares de línea dura como James Mattis, secretario de Defensa, millonarias como Ren Tillerson, expresidente de Exxon, y Scott Pruitt, un negacionista del cambio climático que tiene a su cargo la Environmental Protection Agency, entre otros.

En el mundo legal, un "acto de Dios" es un evento irresistible, extraordinario e imprevisible. No ha sido un milagro sino un caso fortuito, sorpresivo ante los ojos del mundo: es la mejor manera de describir el triunfo de Donald Trump. ¡Ahora le toca rezar al electorado!


Keiko y las polillas

¿Por qué tendría la señora Fujimori que convencer a esos liberales y progresistas que ya están de salida de la escena mundial? ¿Acaso usted cree que un antifujimorista votaría algún día por Keiko?

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¿Por qué tendría la señora Fujimori que convencer a esos liberales y progresistas que ya están de salida de la escena mundial? ¿Acaso usted cree que un antifujimorista votaría algún día por Keiko?
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Keiko y las polillas

¿Por qué tendría la señora Fujimori que convencer a esos liberales y progresistas que ya están de salida de la escena mundial? ¿Acaso usted cree que un antifujimorista votaría algún día por Keiko?

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Varios analistas señalan que Keiko Fujimori se ha posicionado después de su derrota en las últimas elecciones generales como la líder de un conservadurismo social que "huele a naftalina". Tampoco son pocos los que señalan que la señora Fujimori se habría "trumpizado", esto es, adoptado un estilo y una agenda parecidas a los del presidente americano.

Los análisis sobre el actual perfil político de la señora Fujimori concluyen con un tinte moralista sobre la poca valía de las causas con las que ella se identificaría, sentenciando los analistas que esto es un error político porque no está convocando sino excluyendo a liberales y progresistas a los que habría, eventualmente, que ganárselos para mejorar su situación política.

El hecho es que si estos análisis son ciertos, Keiko Fujimori va por buen camino (que en su caso es llevar a su partido al poder en 2021 luego de 21 años del hundimiento del fujimorato), contrariamente a lo que afirman sus críticos.

El Perú es un país marginal en el mundo por lo que es muy probable que sea arrastrado por la ola conservadora cuyo "acontecimiento histórico" ha sido, en efecto, la elección de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Estamos viviendo un típico ciclo de la historia de occidente en el que la gente común se siente amenazada por una serie de desafíos que las políticas liberales y progresistas de los últimos 25 años no han sabido ni podido conjurar. El jihadismo islámico y el terrorismo mundial, la crisis de la inmigración ilegal y de refugiados más la quiebra del estado de bienestar son los hechos que generan el ciclo conservador, entendido como un instinto (una reacción) de "conservación" frente a una amenaza real.

Así las cosas podemos afirmar que el ciclo histórico que está de salida en el mundo es el liberal- progresista que se entronizó con la caída del comunismo a principios de la década del 90 del siglo pasado. Todos los hechos indican que está siendo reemplazado a nivel mundial por un conservadurismo político y social en ascenso.

Mientras tanto, desde el análisis político tengo dos preguntas que hacer a mis pares:

1. ¿Por qué habría Keiko de convencer a liberales y progresistas que están de salida en la escena mundial?

2. ¿Acaso ustedes creen que un antifujimorista votaría algún día por algún Fujimori?