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Castro resultó peor

Llevó a su país a un considerable atraso económico y, lo más indignante, a la absoluta dependencia extranjera para subsistir.

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Llevó a su país a un considerable atraso económico y, lo más indignante, a la absoluta dependencia extranjera para subsistir.
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Castro resultó peor

Llevó a su país a un considerable atraso económico y, lo más indignante, a la absoluta dependencia extranjera para subsistir.

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Correa, Evo, Maduro, Ortega, Peña Nieto, un anciano y decorativo rey Emérito de España y ciertos dirigentes de pequeños países africanos fueron algunos de los ilustres asistentes a los funerales de Fidel Castro… ningún líder realmente importante del mundo asistió.

A medida de que pase el tiempo, se podrá conocer la verdad sobre cómo el caduco y decadente régimen criminal de los hermanos Castro encontró Cuba y como lo dejará cuando finalmente se vaya. En la década de los cincuenta del siglo pasado Cuba gozaba de envidiables índices económicos y desarrollo, y si bien el entonces dictador Fulgencio Batista era uno de los tantos caudillos autoritarios caribeños Castro resultó a la postre mucho peor, con el agravante de haber llevado a su país a un considerable atraso económico y, lo más indignante, a la más absoluta dependencia extranjera para subsistir.

De ser una economía autosostenible en la agricultura, la industria y el turismo, pasó a ser una que primero dependía de las remesas de una potencia imperialista (Unión Soviética) y luego  de los petrodólares venezolanos. Si uno circula por La Habana hoy podrá constatar —comparando con los videos de la época y con muchísima pena— el antiguo esplendor —hoy en ruinas — de una de las capitales más importantes de Latinoamérica hasta mediados del siglo XX.

Como leo por ahí, no hay manera de darle el pésame a un pueblo por la muerte de alguien que hizo tanto daño a un país para satisfacer su ego inconmensurable. La revolución comunista destrozó Cuba y anuló a generaciones de cubanos: ese es finalmente el legado histórico de Fidel Castro.


La izquierda y las élites

A falta de un sistema de clases, se pusieron creativos y hoy hablan del binomio "pueblo-neoliberalismo".

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A falta de un sistema de clases, se pusieron creativos y hoy hablan del binomio "pueblo-neoliberalismo".
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La izquierda y las élites

A falta de un sistema de clases, se pusieron creativos y hoy hablan del binomio "pueblo-neoliberalismo".

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Los líderes de movimientos de izquierda en América Latina no alineados con Moscú ni con Pekín son personas de sectores aristocráticos venidos a menos, de clase media alta, hijos de miembros de las fuerzas armadas (Enríquez-MIR Chile, Pizarro-M19 Colombia) con educación en colegios católicos de curas “progres”, que asumen ser “desclasados”. Mientras que la izquierda “popular”, históricamente alineada con Moscú o Pekín, es tratada por estos con desdén (ejemplo: los “perros” de Patria Roja).

Nadie duda de que existe injusticia y desigualdad en América Latina, pero los remedios que prescriben no son producto de la Ilustración sino del Orden Antiguo. El comunismo es en realidad una “religión laica”, por lo que mantiene categorías, valores y símbolos que motivan el lado irracional de los seres humanos: el uso de categorías abstractas de “buenos” y “malos” (que no tienen ninguna virtud posible). A falta de un sistema de clases (binomio capitalistas-proletarios), se pusieron creativos y hoy tenemos el binomio pueblo-neoliberalismo.

El “héroe revolucionario” es el nuevo “caballero andante” que busca imponer la justicia (antes “divina” hoy “revolucionaria”, donde todo está permitido para conseguir el objetivo) buscando reconquistar Jerusalén (lugar del pacto de Dios con el Hombre que está en manos de “infieles”) o hacer el Paraíso en la Tierra (comunismo). Los caballeros andantes son la “vanguardia iluminada” que busca romper el sistema político imperante para hacerse del poder (leninismo: aprovechar todas la ventajas que te da el sistema para tomar el poder, si hay que aparentar ser democrático vale la hipocresía). Una vez conquistado, se establece un poder “monárquico” liderado por el caudillo y un nuevo sistema feudal donde cada miembro del partido tiene su “cuota de poder”. A quien quiera desafiar al caudillo se le acusa de “revisionista contrarrevolucionario” y se le elimina con toda su casta.

Pero el sistema se desmorona cuando la sucesión del caudillo no es clara (en Corea del Norte volvieron al linaje y por ello es más estable que el resto; en Cuba la sucesión es horizontal pero luego de Raúl,  ¿qué queda?) o surge el mayor de los peligros: el individuo ilustrado, consciente, que exige sus derechos y asume sus responsabilidades, que encuentra en el sistema democrático el espacio para una convivencia que le permite desarrollar todo su potencial.


El Libro Negro y la Teta Derramada

La batalla del neomarxismo es implosionar la cultura occidental.

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El Libro Negro y la Teta Derramada

La batalla del neomarxismo es implosionar la cultura occidental.

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Hace buen tiempo que vengo sosteniendo que la batalla del neomarxismo es derruir el Estado a través de ONG contestatarias, atacando a las áreas productivas con la infiltración de la protección del medio ambiente,a las áreas de gobierno y estructura del Estado con ONG de derechos humanos, de derechos de minorías, etc.

Tienen a la ideología de género, a la negación del concebido y a la destrucción de los Estados (para ellos, aparatos de represión económica y política) como ideología que pretende instrumentar la implosión de la cultura occidental, con el consiguiente desorden y oportunidad de resurgimiento de un sistema neocomunista que ya ha sido derrotado en el pasado por los ideales de mundo libre. Algunas de estas ideas están contempladas en el Libro Negro de la Izquierda, cuando afirma que el ataque de la nueva izquierda no está dirigido a la estructura (es decir a la economía y el Estado) sino a la súper estructura, que no es otra que el marco ideológico que empuja a la estructura.

En realidad, se trata de una estrategia diseñada por el comunismo internacional, por los mercenarios como Soros y por los liberales, con el fin de debilitar tanto la estructura como el marco ideológico, como señalamos al inicio de este comentario.

Hoy han quedado al descubierto y se hace necesario que todos y cada uno de nosotros asumamos nuestra responsabilidad y levantemos nuestras manos ante este torrente de calamidad. Démosle batalla hasta su desaparición.