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¡Mi pisco por un premio!

Algunos empresarios nunca dejarán de sorprendernos.

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¡Mi pisco por un premio!

Algunos empresarios nunca dejarán de sorprendernos.

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Hay algunos empresarios que nunca dejarán de sorprendernos: renunciar a una marca para poder viajar a Chile y participar en el Concurso Internacional de Bruselas (competencia de bebidas alcohólicas creado en Bélgica hace 23 años) es por lo menos una falta de consecuencia con nuestro licor de bandera por antonomasia. Paradójico que quienes debían promocionar el pisco peruano sean los primeros en generar una pérdida de identidad de nuestro producto a nivel internacional.

¿El mercantilismo lo justifica todo? Quizás para entender esta falta de identificación de los empresarios deberíamos preguntarnos qué acciones ha realizado el Estado para defender la denominación de origen del pisco. En su momento se gestionó la creación del registro de la denominación de origen “Pisco del Perú” a nivel internacional, sin percatarnos de que era una puerta abierta para que otros países pudieran dar denominaciones similares a sus licores.

No debería extrañarnos, entonces, si en algún viaje encontramos “Pisco de Italia” o “Pisco de Tailandia”, por citar algunos países al azar.

Somos consecuencia de nuestra desidia y falta de proactividad. Si aquí comercializamos pisco sin un margen de calidad, usando muchas veces insumos que no corresponden al pisco original, ¿cómo podemos vanagloriarnos de un producto que nosotros mismos nos empecinamos en desacreditar? Quizás ese razonamiento mediocre fue empleado por estos empresarios para cambiar la denominación de pisco a “aguardiente” y así participar en un concurso que a todas luces se muestra irregular y parcializado con el país anfitrión.

Si bien el INDECOPI ha informado que está evaluando cancelar las autorizaciones de uso de la denominación de origen “Pisco” a los productores que participen en el concurso —hecho que ha traído como consecuencia de que algunos de los empresarios involucrados hayan reconsiderado y cancelado su participación en el certamen— no deja de ser una medida meramente coyuntural y paliativa a un problema mucho más grande. Si realmente queremos mantener el orgullo de nuestro licor de bandera, debemos exigir al INDECOPI que regule y controle de manera estricta los estándares de calidad y producción de nuestro pisco.

No vaya a ser que, igual a Ricardo III cuando clamaba “¡Mi reino por un caballo!” al tener la batalla perdida, tengamos que bramar “Mi pisco por un premio” mientras dejamos que otros se apropien de lo que por historia siempre nos ha correspondido.            


Si el pisco era chileno, ¿por qué? ¿Por qué?

Si el pisco era chileno, ¿por qué Cochrane se peleó por el pisco al llegar y luego rompió botijas pues con ese tesoro al alcance las tropas chilenas podían quedar sin control?

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Si el pisco era chileno, ¿por qué? ¿Por qué?

Si el pisco era chileno, ¿por qué Cochrane se peleó por el pisco al llegar y luego rompió botijas pues con ese tesoro al alcance las tropas chilenas podían quedar sin control?

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Disfruto esos momentos en los que algún suceso inesperado del presente se vuelve tendencia de opinión y remueve la vieja memoria de los siglos. Me ha ocurrido así a raíz del reciente maremágnum levantado en torno al pisco y la controversia con los chilenos.

Empezaré por decir que los chilenos han fabricado un documento según el cual la denominación pisco para el aguardiente chileno dataría de la segunda mitad del siglo XVIII. Si fuese cierto lo que los chilenos plantean, cómo explicamos que medio siglo después, en 1820, la prensa internacional hablaba del pisco brandy of Perú; nadie llamaba pisco al aguardiente chileno ni existía concepto alguno que vinculase el pisco con algún origen chileno.

Sé que hay expertos peruanos trabajando este concepto y desde acá vuelvo a animar a Lorenzo Huertas, amistosa fiera de archivo, a que concentre su atención en el pisco y la llegada de la expedición libertadora del sur procedente precisamente de Chile. Vayamos allá.

Lord Cochrane quedó a cargo de las naves tras el desembarco en Pisco. Tuvo alguna acción destacada en la captura de la Esmeralda pero luego se agrió su relación con los peruanos y con el propio San Martín. Al final el patriota, o corsario, inglés se retiró con sus naves y con su valioso cargamento.

Pruvonena, anagrama de “un peruano”, es el seudónimo con el que José de la Riva Agüero denunció los excesos de Cochrane. La documentación cursada por oficiales y políticos es sensacional. ¿Sabe usted cuál era una de las denuncia centrales contra Cochrane? Haber repletado la bodega de las naves con aguardiente.

El autor cita una carta de Cochrane en la que el inglés asegura que"los buques a su mando estaban abastecidos por catorce meses de aquella bebida". Pero apenas dos meses después Cochrane manifestaba estar desabastecido.

En otro pasaje se acusó al almirante Guise de haber destruido dos mil garrafas de aguardiente en Pisco. En sus memorias, el propio Cochrane se atribuye la destrucción y argumenta que al tener a su alcance semejante bebida las tropas, compuestas por chilenos, corrían el riesgo de quedar fuera de todo control.

Conclusión: vinieron de Chile y lo primero que hicieron fue pelearse sus jefes por la posesión del pisco, y luego tuvieron que destruirlo porque la tropa perdía la cabeza por el pisco. ¿No es que estos giles venían de Chile y el pisco era chileno? Como diría el celebrado filósofo indoamericano de peruanismo nombre, Condorito: ¡Exijo una explicación, po!


¿Acusado de lesa humanidad?

Así como pueden terminar de clavarlo, en el Perú de hoy Fujimori podría terminar absuelto de un delito por el que nos hicieron creer que ya había sido juzgado.

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¿Acusado de lesa humanidad?

Así como pueden terminar de clavarlo, en el Perú de hoy Fujimori podría terminar absuelto de un delito por el que nos hicieron creer que ya había sido juzgado.

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La ampliación por parte de Chile de la extradición de Alberto Fujimori incluyendo delitos de lesa humanidad sin duda complica seriamente la situación jurídica del expresidente. Para sus enemigos se abre la posibilidad, digamos, de tenerlo por fin bajo siete llaves y sin opción alguna.

Para aplicarle a Fujimori la recientemente consentida acusación por delitos de lesa humanidad, se precisa de un nuevo juicio y esa posibilidad en la actual situación política supone abrir la caja de Pandora. Cualquier cosa puede pasar. Que lo terminen de clavar a quien parecía estar cercano al indulto o que sea absuelto por lesa humanidad, y el secuestro agravado no sea demostrable.

Lo que hoy parece un triunfo del antifujimorismo puede volverse un boomerang para sus promotores. Después de andar machacando por década y media que Fujimori estaba condenado por lesa humanidad, aparece esta suerte de permiso judicial chileno para incluir ese cargo. O sea que nos han estado mintiendo año tras año.

Esa puede terminar siendo la reflexión principal del hombre de la calle. Al mismo tiempo, la incansable celeridad y persistencia para tener a Fujimori acusado de los cargos más graves coexistirá con la lenidad absoluta y torpeza sospechosa con que se mal lleva la extradición de Alejandro Toledo. Esta nueva exposición de Fujimori en el banquillo de los acusados será vista por el ciudadano común en chocante coincidencia con la aureola de protección que rodea a Ollanta Humala.

Lamentablemente, lo único seguro es que la confrontación volverá a cobrar carne y nuestra esperanza de superar la polarización tendrá que resignarse a este estado de confrontación. En la vida no basta con saber elegir a tus amigos. Acaso sea más importante saber elegir a tus enemigos. Cuesta creer qué puede sacar el oficialismo confrontando a un fujimorismo encrespado por lo que considera una renovación indebida de la persecución a su líder histórico.

Es que el arte de este gobierno para abrirse frentes indeseados no tiene par. El Ejecutivo acaba de vetar una disposición congresal que enmendaba la barrabasada humalista de discriminar a los peruanos de uniforme. Está fresca la tinta del documento de campaña en el cual PPK se comprometió a no diferenciar entre peruanos de uniforme a la hora de las pensiones.

El Congreso va a insistir como corresponde. Ese conflicto pesará más que Chinchero y a Keiko se le presenta una gran oportunidad de hacer cumplir la ley y dejar de tener a los militares en la otra orilla.