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Chinchero a ojos cerrados

¿Se imaginan a una autoridad afirmando que una obra debe construirse así sea de forma corrupta?

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Chinchero a ojos cerrados

¿Se imaginan a una autoridad afirmando que una obra debe construirse así sea de forma corrupta?

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¿Se imaginan a una autoridad afirmando que una obra debe construirse así sea de forma corrupta? Pues esa autoridad fue el alcalde provincial de Cusco, Carlos Moscoso, quien lo dijo en enero, refiriéndose al aeropuerto de Chinchero. Sus palabras exactas fueron: “Con corrupción o sin corrupción, porque esos corruptos seguramente aparecerán en su momento, el aeropuerto de Chinchero tiene que hacerse” (0:42). Antes Moscoso ya había grabado un mensaje advirtiendo que la ausencia de una autopista adecuada, de un plan de desarrollo urbano y la falta de terreno de amortiguamiento eran apenas “excusas del centralismo limeño” para no iniciar la obra.

El 30 de mayo pasado, durante un paro fallido que se disolvió poco después del mediodía, Moscoso se dirigió a un pequeño grupo de miembros del sindicato municipal. En el discurso —que solo arengaron sus propios empleados—, Moscoso agregó un elemento ya más preocupante: para él que un avión no pueda despegar a tanta altura con suficiente gasolina para salir del país es una excusa más.

Lo mismo dijo sobre los cuestionamientos (totalmente justificados) a la idoneidad financiera de la adenda que acababa de ser desechada. Todos los opositores al proyecto, incluido el contralor Edgar Alarcón, cayeron en el saco de “centralistas con intereses en la capital”. Una generalización vaga típica de quien no quiere ver. Parece que, por Chinchero, el alcalde del Cusco podría taparse los ojos a lo que sea.

El problema es que si una actitud como esa es peligrosa en un alcalde, lo es muchísimo más cuando proviene del gobierno central. Desde que el presidente Kuczynski le pidió ‘a los criticones’ que ‘se tomen una pastilla’, ‘se callen la boca’ y ‘lo dejen trabajar’, el Ejecutivo ha tenido un comportamiento que le sigue los pasos al del alcalde de Cusco. Desde no hacer caso a quienes dijeron que la adenda era perjudicial para el Estado (lo que le costó a PPK uno de sus mejores ministros), hasta ignorar a los especialistas que todavía se preguntan cómo despegar desde Chinchero en un vuelo internacional.

El tema, además, ha enfrascado al gobierno en una pelea mediática con el fujimorismo y su contralor, de la que va a salir muy debilitado. Y al negociar la nulidad del contrato con Kuntur Wasi, tácitamente ha aceptado que la antigua adenda no era tan necesaria. 

Sobre Chinchero, entonces, debe quedar claro que no es una obra empujada por las pocas centenas de cusqueños que salieron a marchar hace unos días. Es, en cambio, un proyecto sostenido por la ceguera voluntaria de sus promotores, cuya política parece ser la de ignorar los enormes problemas que acarrea su construcción. Problemas que, de todas maneras, terminarán afectando al país.