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Boicot contra Castañeda

Cuando la venganza de los de la chalinita verde se disfraza de protesta social

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Boicot contra Castañeda

Cuando la venganza de los de la chalinita verde se disfraza de protesta social

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Luis Castañeda debe ser la autoridad peruana que ha confrontado el más intenso y articulado boicot ni bien asumido el cargo. Ni siquiera lo tuvo que hacer su antecesora, a quien se le empezó a organizar una revocatoria pasado un año y a la que jamás se le montó ni una portátil —menos una manifestación— para obstruir su pésimo trabajo.


No contentos con haber dejado varias bombas de tiempo a la nueva gestión, la izquierda derrotada del 9% pretende imponer su voluntad al total de residentes capitalinos. No en las ánforas como correspondería a quienes tienen real cultura democrática— sino en la anarquía de la protesta callejera. No para corregir errores como en toda gestión sino para magnificarlos. No para proteger la ciudad, sino para paralizarla y sumirla en el desconcierto y la pesadumbre. No para sumar, sino para dividir.


Aplican en Lima lo que mejor saben, es decir, lo que hicieron en Conga, en Pichanaki, en Tía María: frustrar mediante la violencia y la demagogia el progreso de la mayoría, creando la ilusión de que la ciudad está perdida en el laberinto de Castañeda cuando en realidad son ellos mismos los enredados en la cola de su propio veneno. Y si les resultó la receta con Conga ante un gobierno pusilánime, ¿por qué no repetirla en el by-pass de 28 de Julio?


A esto juegan nuestras izquierdas: al descaro de llamar “protección” a la destrucción o clamar por tolerancia desde su profunda y “genética” intolerancia. Tan delirante como llamar “progresismo” al antiprogreso.



Los cañones de la libertad

La izquierda nos ha querido vender el cuento de la protesta de un pueblo desarmado contra una represión brutal. ¡Pero la desarmada, moral, material y políticamente, es la policía!

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La izquierda nos ha querido vender el cuento de la protesta de un pueblo desarmado contra una represión brutal. ¡Pero la desarmada, moral, material y políticamente, es la policía!
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La Defensoría del Pueblo ha exigido al gobierno “una explicación convincente” por la muerte de otro manifestante contra el proyecto Tía María. Ya van dos muertos y 111 policías y 75 civiles heridos como consecuencia de un paro que empezó el 23 de marzo y no tiene visos de cuándo acabar.


Lo cierto es que la “explicación convincente” que demanda la Defensoría está en el contexto violento del paro y de sus consecuencias delictivas. Ayer, un helicóptero de la PNP fue seriamente afectado por una lluvia de pedradas lanzadas por los manifestantes cuando volaba al ras del suelo como maniobra disuasoria. El artefacto quedó inoperativo y la vida de sus ocupantes estuvo en grave riesgo de terminar calcinada.


La Defensoría y varias ONG de dd. hh. así como la plétora de colectivos y partidos de izquierda y sus voceros han exigido que el uso de la fuerza por parte de la PNP sea proporcional a la de los manifestantes. Consideran inadmisible que contra piedras y palos --que mantienen en zozobra la región, asolando dependencias públicas y propiedad privada, intimidando a quienes no comulgan con el paro y secuestrando las vías de comunicación— el Estado responda con armas de fuego.


Pero el atentado de ayer contra el helicóptero policial y sus ocupantes ha dejado claramente establecido el poder mortal que tienen las ARMAS de los manifestantes y el carácter delictivo de la protesta. Así pues, si desde el helicóptero los policías hubiesen disparado sus armas de reglamento contra los delincuentes que intentaban estrellarlo, habrían estado en todo su derecho de legítima defensa, aquí y en cualquier parte del mundo.


La izquierda nos ha querido vender el cuento de la protesta de un pueblo “desarmado” contra una represión brutal. Es todo lo contrario. La desarmada –moral, material y políticamente-- es la policía contra una turba que, al haberse puesto fuera de la Constitución y la ley, no es más que una gavilla de delincuentes.


Aquí, Tía María y la Southern ya pasaron a un segundo plano. No importan. De lo que se trata es de que el Estado y su gobierno no pueden dejar que se instale en el valle del Tambo la tierra de nadie. Ese es el incentivo perfecto para la anarquía, enemiga mortal de la libertad y la igualdad. Por lo tanto, el principio de autoridad debe ser impuesto con el monopolio de la fuerza que le da al Estado la Constitución. Es su deber.


Y cuando se cumple con el deber los complejos están de más.


¿Hay o no hay gobierno en el Perú?

Si la izquierda dice que falta Estado, pues démosle todo el poder del Estado en la cara. El diálogo terminó.

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¿Hay o no hay gobierno en el Perú?

Si la izquierda dice que falta Estado, pues démosle todo el poder del Estado en la cara. El diálogo terminó.

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Ayer, en este mismo espacio, expresé que en Islay en particular y Arequipa en general, ya no estaba en juego el futuro de ningún proyecto minero ni tampoco el de ninguna empresa privada, sino el de la credibilidad y legitimidad del Estado peruano y su gobierno. Hoy, varios líderes de opinión han reflexionado en el mismo sentido. En efecto, si Tía María y la Southern “ya fueron” es porque no son hoy el tema de la agenda pública.


El tema de la agenda es si hay o no hay gobierno en el Perú. Si el Estado de derecho y sus instituciones pueden ser desafiados impunemente por las turbas de cualquier sesgo, si la buena fe de las autoridades políticas puede ser burlada por inescrupulosos con agenda propia, si el diálogo como instrumento democrático puede ser pisoteado por la ignorancia o el extremismo faccioso; en fin: si la Constitución y las leyes rigen la república o están pintadas en la pared. Esa es la agenda.


Yo soy absolutamente contrario al consejo taimado de los que dicen que “hay que esperar a que las cosas se enfríen”. No, señor. “Esperar a que las cosas se enfríen” a estas alturas significa políticamente que ya no hay Estado porque este se ha puesto de rodillas. ¿Y quién respeta a alguien que se pone de rodillas? ¿Qué sigue mañana? ¿Inclinar la cabeza para el tajo de la guillotina? El Estado no se puede replegar, no puede dejar el espacio vacío a sus enemigos. Aquí ya no se trata de “retiradas estratégicas”.


Entiéndanlo bien: ya no hay donde más retirarse porque atrás solo está el precipicio. Esa es la señal que esperan los que buscan el desmoronamiento de todo lo avanzado en los últimos 25 años. Eso, el objetivo de quienes quieren un Estado al capricho de su medida.


¿La izquierda dice que falta Estado? Pues démosle todo el poder del Estado en la cara. El diálogo terminó. El gobierno cumplió más de la cuenta. Lo han dejado sentado por enésima vez. Ahora solo toca reprimir hasta que se reinstaure el orden —dure lo que dure y cueste lo que cueste—.


El Perú es una república unitaria: no caben regiones rebeldes. Ese es el principio político y moral para cualquier intervención armada. Dejemos de insultar al presidente. Todos debemos estar unidos por la república, para defenderla de la anarquía.