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Yo odio, tú odias

Mientras que Toledo continúa paseando por Stanford.

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Yo odio, tú odias

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Quienes defienden la llamada "igualdad de género” sostienen que todos los seres humanos somos iguales, que no pueden ser discriminados por sus opiniones u opciones sexuales y que lo único que busca el Ministerio de Educación es fomentar el respeto de las personas para lograr una sociedad mas igualitaria para todos. ¿Suena muy bien verdad?

Sin embargo, si alguien osa discrepar con tan altruista argumento es tildado de homofóbico, intolerante, retrogrado e inclusive un mediático líder de opinión vinculado a la corrupta red de Odebrecht los cataloga como el “Ku Klux Klan peruano”. Victimizarse es muchas veces un método efectivo para imponerse en un debate y una minoría bien organizada en las redes sociales puede generar presión mediática y lograr aparentar un poder de representación que realmente no ostenta.

Esta política del “Yo odio, tú odias” busca disimular su intolerancia proyectándola a quienes piensan diferente a ellos y nos hacer olvidar los verdaderos problemas políticos, económicos y sociales que afronta el país. Porque, mientras tanto, continúan los feminicidios, el sicariato adolescente, la pobreza extrema y el bullying sin que el gobierno en su conjunto tome medidas efectivas para combatirlos.

El circo generado por la “igualdad de género” es mucho más rentable y nos hace olvidar que el requisitoriado Alejandro Toledo continúa paseando por Stanford con la tranquilidad de saber que PPK lo quiere lejos, muy lejos. 


Muerte de los partidos políticos

Perú Posible y Partido Nacionalista suman dos víctimas más en este horizonte corrupto. Pensar que antes a los líderes se les extrañaba.

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Con ese perfil taurino que se le conoce, don Marcial Ayaipoma ha fungido de puntillero declarando la muerte legal y desaparición del que fuese partido Perú Posible. La manifiesta acusación de corrupción que recae sobre Toledo ha petardeado una campaña de recolección de firmas que se pensaba desarrollar. Se acabó el jabón, como decía una sabrosa rumba de los cincuentas.

Ya alguien se encargará de hacer un estudio institucional de Perú Posible desde su aparición en el umbral del milenio, su insurgencia del dos mil, las grandezas interoceánicas de su gobierno y las miserias del presente horizonte de corrupción. El rosario de pasiones que representa la historia de los partidos políticos en el Perú suma una nueva perla, una perla ingrata.

Murió once años después de haber dejado el poder, dirán los historiadores con razón. Eso nos lleva al comparativo y, la verdad, en el Nacionalismo no andamos mejor. El Partido Nacionalista no cumple aún un año de haber dejado el poder y en la práctica no existe. Ni siquiera tiene un puntillero calificado —como el doctor Ayaipoma en Perú Posible— que pueda hacerse cargo del último acto.

A la hora de la hora, Acción Popular es hoy un partido con solera solo comparable a un Apra, disminuido pero con vida. Y no hay más en vida partidaria, salvo Fuerza Popular y su inmensidad de congresistas. Las idas y vueltas de los hermanos Fujimori serán alentadas por toda la tribuna de acá en adelante, pero el liderazgo de Keiko es sólido. Parece mentira pero, en términos de historia partidaria, Fuerza Popular (con sus siete añitos) es todavía un pichón cuyo destino está por verse y gravita, de lejos, como la más importante fuerza política del país.

El APRA, FP y AP son partidos también porque hay mística. Pero todo tiene su límite. El Movimiento Democrático Pradista murió con Prado e igual se puede decir del la Unión Nacional Odriísta. Pero la lealtad puede ser conmovedora. Remato con un testimonio.

El 27 de octubre de 2002 el Estadio Nacional cumplía 50 años de haber sido remodelado por Odría. Nadie se acordó. A la entrada alguien había dejado una aparato floral que destacaba la fecha y una tarjeta plegable con las siglas de la Unión Nacional Odriísta. Dentro de la tarjeta estaba escrito con plumón: ¡Nunca te olvidaremos! Y varias lágrimas habían vuelto la expresión borrosa pero intensa, como el recuerdo de líderes que perviven en el aprecio de sus seguidores.

Aprendan, Toledo y Humala.


Cuatro razones para no dejar de indignarnos

Las IIRSA, Toledo en Stanford, genuflexión ante Graña y Montero y la derogación del APIP

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La indignación es un móvil poderoso, el oxígeno de aquellos que no se conforman cuando son burladas las normas más elementales de nuestra convivencia en sociedad. La exaltación de las masas asusta porque puede ser muy disruptiva y salirse de control, pero bien canalizada es necesaria y constituye uno de los indicadores esenciales de una democracia saludable.

Desoladora tragedia que estamos viviendo ocasionada por las fuerzas incontrolables de la naturaleza. Nos está castigando sin piedad, pero no por ello debemos descuidar otros frentes. Tenemos que indignarnos ante la impunidad y ante eventos algo demenciales que impiden agregar valor a nuestro país.

Indignante que no se informe cómo y contra quiénes se ha implementado el DU N° 003. ¿Sigue siendo una norma con nombre propio? ¿Ya se ha hecho extensiva a todas las compañías brasileñas y peruanas que participaron en las IIRSA y megaobras, y cuyos nombres se mencionan con timidez o para informar que buscan archivar su investigación (Camargo Correa, por ejemplo)? ¿O se está mirando de costado para darles tiempo a que destruyan documentos y liberen activos? Quedarán cascarones que no podrán asumir su inmensa deuda con el país.

Indignante que a mediados de febrero, luego de su viaje a Brasil, el fiscal de la nación declare: “Perú es el segundo país que ha hecho las investigaciones inmediatas y ha logrado también resultados inmediatos”. Todos sabemos que eso no es tan cierto y que hay cuestionamientos respecto de los fiscales y procuradores a cargo. Sabemos que no se han tomado medidas reales y efectivas contra ninguno de los grandes sospechosos; que la elaboración del expediente de extradición de Toledo significó un gran reto para las mentes más brillantes de nuestro Poder Judicial y que ahora estamos en largo compás de espera. Que hay muchos interesados en que Toledo permanezca en Stanford por lo menos hasta el 2021.

Indignante ver el susto con el que los congresistas que integran la Comisión Lava Jato del Congreso de la República interrogaban a José Graña MiróQuesada y Hernando Graña, representantes de GyM. Solo García Belaúnde y Mulder hicieron honor a su rol de inquisidores, con alguna excesiva fiereza, absolutamente indispensable dada la magnitud del tema y el histrionismo de los cuestionados. ¡Opacaron a los genuflexos, como de costumbre!

Indignante que la Comisión de Constitución, irresponsablemente haya derogado el Decreto Legislativo 1333 que crea el APIP, herramienta esencial para sanear física y legalmente los predios requeridos para la construcción de obras de infraestructura priorizadas. ¡Nos estamos alejando del sueño de cerrar la brecha de infraestructura! Los detractores del APIP, como María Elena Foronda, expresaban que: “Con el APIP  se quería crear un monstruo con el cual ellos (los inversionistas) podían decidir sobre sus territorios (de los pueblos indígenas), en una frágil institucionalidad”. ¿Será verdad su preocupación por los territorios originarios o, simplemente, defiende lo indefendible para mantener su caudal electoral?

El día que dejemos de indignarnos, de levantar nuestras voces ante la injusticia e impunidad habremos muerto en vida. ¡No se lo deseo a nadie!