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¿PPK antaurista?

En súbito giro, presidente Pedro Pablo hace suyo el lenguaje de Antauro Humala y advierte al pueblo la necesidad de colgar a los rateros. ¿Cómo?

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¿PPK antaurista?

En súbito giro, presidente Pedro Pablo hace suyo el lenguaje de Antauro Humala y advierte al pueblo la necesidad de colgar a los rateros. ¿Cómo?

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Ni el gran Sofocleto, si viviera, sería capaz de explicarnos la racionalidad de un país cuyo gobierno hacía agua por todo lado y de pronto parece haber sido salvado por las inundaciones. A lo mejor no somos más que un sinlogismo, digo, robando un termino de don Sofo.

Con lógica o sin ella, estamos hechos para el asombro. ¿Alguien hubiera pensado alguna vez que llegaríamos a ver y escuchar al presidente Pedro Pablo emplear el lenguaje de Antauro Humala y llamar a colgar a los rateros? Lo dijo en un momento de irritación porque vio cómo obras mal hechas han contribuido a que los desbordes se coman carreteras. Pero no por eso dejan de ser expresiones presidenciales, y no por eso deja de ser el lenguaje de Antauro Humala.

¿Será que ni el barro, ni la emergencia han podido desterrar a capacidad del presidente para ser sobrepasado por su propia lengua? ¿Se le escapó nomás semejante lenguaje antaurista o los marqueteros le han explicado que con ese discurso el salto favorable en las encuestas se puede volver tendencia?

Ya se aprecia una inclinación a soslayar el impacto de las antauristas expresiones del presidente, la predisposición a levantar la noticia por otro lado. No será fácil. Más allá de la ironía de lujo que representa el lenguaje antaurizado de Peter Paul, las palabras del presidente no se las lleva el viento, volverán un día y ahí lo quiero ver.

Alguien pensará que no importa porque ya el sistema se esta acostumbrando al zigzagueante devenir del pensamiento presidencial. El no pero sí o el sí pero no pueden, llegada la hora, compartir un espacio en la galería de muletillas políticas que marcan estilos de gobierno.

Pero para salir del fango eso no sirve. Las marchas y contramarchas impiden sacudir el lodo propiamente dicho y también impiden afrontar el barro social de la corrupción. El presidente no termina de entenderlo o su peculiar talante le gana una vez más.

¿Qué va a decir Pedro Pablo cuando le reclamen al presidente un mayor compromiso con la extradición de Toledo? En un ambiente cargado donde ya se elevan voces acusando a PPK de autoría mediata en cualquier linchamiento, las expresiones presidenciales volverán para perseguirlo por la vía del reclamo ciudadano. ¿Cómo vas a defender una adenda tan cuestionada en Chinchero y proclamar al mismo tiempo tu lucha contra la corrupción? ¿Cómo?


Bitácora de marzo

Este mes ha sido, de alguna manera, el de la unidad solidaria.

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Si el Perú fuera una melodía musical, esta tendría fragmentos repetitivos que aparecerían una y otra vez, aún contra la voluntad de los músicos. Y esos fragmentos musicales repetitivos simbolizarían la historia de huaicos y de heladas.

Siempre ha sido así, incluso antes de la existencia de la República. Ni siquiera es cuestión de historia, sino de prehistoria. Esas características climáticas forman parte del país. Por eso, sorprende una vez más que un gobierno recién elegido no monitoree pormenorizadamente en la transición la posibilidad de un Fenómeno El Niño, más aún en un país advertido científicamente sobre el calentamiento climático global.

Pero no es la primera vez que pasa algo así. Ha ocurrido lo mismo en gobiernos anteriores. Por eso cuando llega el Niño la historia es siempre la misma: el agua se desborda, hay ciudades devastadas, la gente pierde sus casas, los animales se mueren, las cosechas se destruyen, se declara la emergencia, etc.  Y esto ocurre siempre básicamente por la misma razón: por falta de planificación, por obras mal hechas, por negligencia de la población.

Algo parecido ocurre en la sierra, pero con las heladas y la muerte de miles de animales. Nunca el Estado peruano ha sido capaz de imponer una agenda real de prevención, de inversión pública destinada a proteger el desarrollo y al cuidado de la riqueza y/o patrimonio de los pobladores. Pobladores que en alianza con autoridades deshonestas y/o negligentes desoyen las recomendaciones más elementales de cualquier hábitat civilizado y se instalan en zonas de alto riesgo.

El Niño costero agarró de sorpresa a todo el país y también a un gobierno que se había relajado en el tema de preparación en materia de desastres naturales. Y el resultado todos lo conocemos. No obstante, hay que destacar que, a pesar de todo, el gobierno supo reaccionar sobre la marcha y eso ha repercutido positivamente en la opinión pública y el país. Además, miles de jóvenes se organizaron en brigadas solidarias y extendieron así una mano a los damnificados. Por lo mismo, marzo ha sido de alguna manera un mes de unidad solidaria, que puso una agenda no prevista y a la vez escondió otra.

Tanto es así que Vizcarra se salvó de una casi segura censura, que el aeropuerto del Chinchero terminó pasando piola, que Zavala salió fortalecido cuando todo indicaba que podía irse. Incluso benefició a Toledo que —por ahora— puede pasear en los Estados Unidos.

El manto de los huaycos cubrió todo. Y, a la vez, ese manto sacó a la luz otros temas igualmente importantes: la impericia política y técnica en materia de planificación de ciudades, la necesidad de contar con un organismo de apoyo y previsor, la corrupción municipal y/o regional en la construcción de obras, la incapacidad de muchos gobernantes locales, la terquedad negligente de algunos sectores de la población, la necesidad de reformular la distribución presupuestal a partir de lo ocurrido.

Paradójicamente, aunque suene absurdo el actual escenario (penoso y sentido por todos) resulta ahora ideal para que el gobierno invierta en una reactivación económica adecuadamente normada y regulada en todos los sectores involucrados, incluyendo obviamente el campo de los servicios estratégicos en caso de urgencia, que no estuvo a la altura de las circunstancias.

Se hace necesaria una evaluación de lo ocurrido; escuchar voces de la sociedad civil y de los sectores especializados para que de la autocrítica constructiva se pueda generar una línea de reconstrucción inteligente, con aspectos regulatorios de cumplimiento real, que marquen un antes y un después a partir de esta experiencia climática y social.

El Niño costero se retira y ojalá el gobierno de PPK ya esté trabajando en el tema de las próximas heladas que como siempre azotaran la sierra.


"La hija de don Alberto Fujimori"

Pedro Pablo lanza la flor y pide pasar la página. ¿Eso incluye mirar a otro lado cuando se politiza la lucha contra la corrupción?

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A estas alturas de nuestra tribulación colectiva ya no cabe duda: la lucha contra la corrupción se ha politizado. Se ha trazado una línea. Acá los amigos, allá los enemigos.

Y se ha establecido un modus operandi. Para los amigos todo, para los enemigos la ley. Es en ese macabro contexto que deben leerse las actuaciones del doctor Duberlí, bastante mejor defensor que Roy Gates, y las medidas favorables hacia Nadine Heredia.

Pero, en momentos especiales como el actual, la política no pasa de ser el arte de lo posible. Y ahí está el detalle: ¿ustedes creen que es posible aterrizar así nomás la manifiesta inclinación por favorecer a Humala y Nadine de parte de las autoridades judiciales de un sistema ya en franca siesta respecto a la extradición de Toledo? No.

La han pensado bien, ejecutaron la jugada legal con prontitud… pero no se sostendrá políticamente. No en un país cuyas instituciones comparten al interior la polarización que marca a la sociedad. Mientras escribo, ya se sabe que la fiscalía ha despertado súbitamente y ha decidido que debe interrogar nuevamente a Nadine y Ollanta.

La iniciativa a favor de Nadine tiene el costo de haber dejado a un sector del Poder Judicial al descubierto. A la Fiscalía, sorprendida bostezando. Y todo esto días después de una reunión entre Duberlí y PPK donde se revisó la topografía de juzgados encargados de los casos de corrupción. Es demasiado fustán como para no verlo y eso, normalmente, debe remover las aguas tanto en el PJ como en el Ministerio Público.

Semejante inclinación a la tapadera solamente podría prosperar con la colaboración de un fujimorismo dispuesto a mirar a otro lado. No me entra en la cabeza semejante escenario, pero en política todo es posible.

En verdad la administración de Pedro Pablo necesita del fujimorismo en muchos otros aspectos. No solamente en el tema de control político y coordinación del Congreso. El gobierno necesita del fujimorismo si quiere afrontar la reconstrucción como una agenda verdaderamente nacional y llegar con inesperado aire al final del mandato.

¿Será por eso que la que alguna vez fue llamada ratera por ser hija de ratero… haya sido saludada públicamente por el presidente Pedro Pablo como “la hija de don Alberto Fujimori”? ¿De verdad se pasa la hoja y se vive otro tiempo?

Sea sincero, lector: ¿cree usted que esas expresiones amistosas están a salvo de la propia boca del presidente? No lo sabemos. Y eso es lo peor.