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La calata se viste de mujer

Perú21 deja atrás a la mujer-objeto.

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La calata se viste de mujer

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Revisando las notas de los diarios me encuentro con que Perú21 adoptó la decisión de eliminar de su tabloide y página web la sección "Chica 21", que en forma diaria exhibía a hermosas damas ligeras de prendas sin mayores comentarios que a sus medidas físicas y otros atributos corporales. "Creemos que no es tiempo de chicas en bikini. Que el foco de nuestra cobertura debe concentrarse en los retos que enfrentan, los desafíos que tienen por delante, las luchas, logros y conquistas de las mujeres peruanas", ha sido la declaración de intenciones del periódico. 

Aparte de extenderle una merecida felicitación por adoptar esta decisión y precisamente debido a ella, resulta conveniente realizar una reflexión sobre el extremo de la cosificacion de la mujer en los medios de comunicación, en un contexto de violencia no solo física sino psicológica. Y es que los resultados siempre serán nefastos cuando a una persona deja de recibir el trato como ser humano y se convierte en objeto, pues deja de ser sujeto de derechos y pasa a ser el blanco de abusos de todo tipo, que pueden perpetrarse más fácilmente y con riesgo de impunidad.

Ahora nos resta esperar que otros medios decidan promocionar a las damas no solo por su gracia física sino por el impacto de su rol en la sociedad, acorde a sus capacidades.


Tres abusos de cada día (¿alguien se escandaliza?)

¡Peajes, estacionamientos y multas!

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Tres abusos de cada día (¿alguien se escandaliza?)

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1. ¿Los peajes son un gran negocio?

No solo eso. Nadie sabe cuánto se recauda al día, en qué se invierte el dinero recabado, cuánto se gasta al mes por el servicio brindado, si es que existe una “doble facturación” en las casetas, si la plata es utilizada en otra cosa. Para colmo, contiguas a una caseta de peaje vemos calles o avenidas laterales en pésimo estado a propósito, muchas de ellas literalmente abandonadas siempre en complicidad con el peaje. Y las entradas directas cercanas al peaje suelen estar obstruidas.

¿Por qué se hace eso? ¿Quién lo ordena? ¿Por qué se hace con premeditación y alevosía?

El problema no es solo el peaje, sino la complicidad de los municipios. Las administraciones cambian cada cuatro años, pero esa política de favorecimiento a la empresa privada encargada de administrar el peaje continúa. Y este abuso sucede a la vista de todo el mundo y no pasa nada. ¿No debería regularse esto?

2. ¿Las playas de estacionamiento son el otro gran negocio?

Hoy en día hay playas de estacionamiento que cobran hasta 20 soles por hora. Repito: 20 soles. Y no pasa nada.

Increíblemente, en los alrededores de estas playas los municipios se han encargado de cerrar cualquier acceso para estacionar sin costo. Una ciudad ordenada debe tener espacios regulados para estacionar, pero aquí lo que ha habido es la implementación de un negocio privado de estacionamientos. Salir a tomar un café, ir al cine, salir de compras, etc. puede terminar costando más por aparcar  que por la actividad misma. Y esto sucede a la vista de todo el mundo y no pasa nada. ¿No debería regularse esto?

3. ¿Las multas metropolitanas son también un gran negocio?

Es impresionante la cantidad de dinero que se recaba a través de multas de tránsito o de intervenciones vehiculares, siempre desde una lógica punitiva mal entendida: se trata de una política sancionadora mercantilista que crea en las familias afectadas caos, frustración, desesperanza, chantajes, coimas y pobreza familiar.

Hablo de conductores particulares, no de servicios de transporte. Y es que el municipio cobra por intervención, por grúa, por internamiento, por custodia, multa adicional porque no se informó de un cambio de domicilio, también por depósito del vehículo, por entrega del automóvil, y además por concepto de intereses... ¡como si fuera banco! Cabe preguntarse: ¿Qué se hace con esa plata? ¿Dónde va? ¿Cómo es administrada? ¿Qué instituciones la usufructúan?

Hay sanciones administrativas (con moras e intereses) que para una familia pueden llegar a costar el equivalente a cinco o seis meses de colegio de uno de sus hijos. Cuando, en realidad, debiera tratarse de una acción municipal educativa que conduzca al cambio, al aprendizaje, al desarrollo de una responsabilidad no asumida, no a un asalto municipal. Y este abuso sucede a la vista de todo el mundo y no pasa nada.

Por supuesto, en esta lista existe un largo etcétera: temas que necesitan regulación YA.


¿No hay justicia en el Perú?

El país vigila y espera que caigan todos los responsables del peor momento de la república.

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¿No hay justicia en el Perú?

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A pesar de la valiente y documentada investigación de Pedro Salinas y de los testimonios de las víctimas, el Ministerio Público acaba de archivar la investigación contra Luis Fernando Figari, fundador de Sodalicio y acusado de presuntos abusos sexuales. Esto ha generado la indignación nacional; más aún cuando se sabe que la congregación cristiana sigue teniendo acceso a menores de edad en los colegios de su propiedad.

En simultáneo, el contralor ha denunciado ante el Congreso que no se da un trabajo coordinado de las instituciones encargadas de investigar el caso Lava Jato.

El drama nacional es la ineficacia de la justicia y la percepción de que ella no existe en nuestro país. Edgar Alarcón recoge este estado de ánimo colectivo ante un Poder Judicial y un Ministerio Público que ceden a presiones, dilatan investigaciones y prolongan la definición de las sanciones durante muchos años. Por ello recomendó al Congreso crear una fiscalía ad hoc que se ocupe en forma exclusiva de las compañías brasileñas, así como una sala penal única que consolide toda la investigación. Ha precisado que hay 1200 procesos sin sentencia desde hace ocho años.

También pidió al Congreso normas para que la Contraloría tenga la capacidad de levantar el secreto bancario, tributario y de las comunicaciones sin solicitarlo a un juez. Si no hay trabajo coordinado y cada institución del sistema se dispara por su cuenta, el resultado es esta ausencia de respuestas rápidas que en la percepción general es simple incapacidad e indolencia. Algo que lamentablemente alcanza hasta el actual gobierno de Pedro Pablo Kuczynski.

La dimensión del escándalo es proporcional a la desconfianza en los líderes e instituciones que deberían poder conducir el país en uno de sus momentos más difíciles y que no están cumpliendo. Estamos en el primer tiempo de un largo partido, pero la indignación colectiva crece y el temor de que no estemos a la altura se extiende.

El presidente Kuczynski tenía la confianza pero la va perdiendo por su indefinición ante el escándalo brasileño proyectado en el Perú. Muy grave que un gobierno tan joven sea afectado en su legitimidad. Y que las sospechas y temores ronden a la persona que constitucionalmente personifica a la nación, que pueda ser incluido en el espectáculo de desfilar por fiscalías y comisiones del Congreso para dar su testimonio personal es terrible. El sensacionalismo es otro flagelo que acecha.

La excesiva lentitud en los responsables de la investigación es una señal ambivalente. Podría ser de respeto al debido proceso y de tranquilidad de conciencia, como pretenden algunos, o de lenidad para comprar tiempo y gestionar la impunidad, como temen los más. Ya debería, por ejemplo, haberse declarado la nulidad de los contratos lesivos y haberse tomado medidas para recuperar parte de lo perdido. Los actos jurídicos de las empresas brasileñas no pueden surtir efectos legales, están viciados en su origen por la corrupción que deberá ser probada con la mayor celeridad y honestidad posibles.

El país vigila y espera que caigan todos los responsables del peor momento de la República generado por una gran red criminal internacional que supo aprovechar debilidades personales e institucionales. Que podamos superarlo es ahora el gran desafío nacional.