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Opinión


18 Septiembre, 2018.

Tachado mundialmente

Hasta los medios internacionales han llegado al consenso de preguntarse qué está pasando en el Perú: ¿Vizcarra se ha puesto fuera de la ley y ha iniciado proceso de un golpe de Estado (el cual sería apoyado por el pueblo, pero no por ello deja de ser golpe)?

Cuando un poder del Estado avasalla a otro a través de un ucase y le impone una agenda en plazos perentorios, vulnerando su autonomía y funciones constitucionales, estamos ante un golpe de Estado.

Cuando un poder del Estado amenaza con disolver a otro violando la Constitución o sacándole la vuelta con interpretaciones antojadizas que no se sostienen —como la convocatoria a una sesión extraordinaria (el Congreso está en sesión permanente) que no existe en la Carta Magna o una legislatura extraordinaria irrealizable porque está en curso una legislatura ordinaria— estamos ante un golpe de Estado.

Cuando un poder del Estado le envía a otro propuestas de reformas defectuosas a tal grado de que sea imposible pensar que estos defectos obedecen a negligencia o ignorancia y, por tanto, los defectos son hechos adrede para que o sean rechazados o se demore en revisarlos, para después alegar que el tiempo se agotó y dar un ultimátum, estamos ante un golpe de Estado.

Cuando las voces de constitucionalistas reputados que critican las acciones espurias de un Poder del Estado son insultadas por los voceros mediáticos del presidente que da el ultimátum, buscando acallarlas y descalificarlas tildándolas de “vendidas” (en Cuba “gusanos”, en Venezuela “escuálidos”), estamos ante un golpe de Estado.

Cuando esos mismos voceros mediáticos del presidente que avasalla la autonomía y funciones de otro poder del Estado amenazan con cárcel a los congresistas que se oponen si no hacen los que el presidente quiere, estamos ante un golpe de Estado.

Cuando el presidente usa como argumento para un eventual cierre del Congreso que este no se apura en visar las reformas del Ejecutivo para que el referéndum que propone se realice en diciembre, pero el eventual cierre del Congreso implica que el referéndum propuesto por el presidente no se pueda realizar en diciembre porque no habrá Congreso que apruebe las reformas: entonces las reformas no son más que un pretexto para cerrar el Congreso; luego, estamos ante un golpe de Estado.

Cuando se invoca al pueblo por encima de la Constitución y las leyes como última ratio para justificar cambios normativos, saltándose las reglas y canales impuestos por el estado de Derecho, estamos ante un golpe de Estado.

Cuando ante la duda sobre materia constitucional un Poder del Estado se arroga el poder de interpretarla saltándose al Tribunal Constitucional (reglamento del Congreso que regula la presentación de cuestión de confianza pendiente de pronunciamiento del TC), estamos ante un golpe de Estado.

Seamos claros: Martín Vizcarra se ha puesto fuera de la ley y ha iniciado el proceso de un golpe de Estado. Resulta tan obvio que hasta los medios internacionales han llegado a ese consenso.

Este golpe es apoyado por el pueblo, pero no por ello deja de ser golpe. La cancha está dividida meridianamente y cada cual asumirá, desde el lado en que quiera ponerse, las inevitables consecuencias de sus actos y sus dichos.


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