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Opinión


25 Octubre, 2017.

Sueños que siguen pendientes

Para cambiar nuestra realidad —además de soñar— necesitamos seguir luchando.

Karina Calmet

| Columnista

Imaginaré que soy una empadronadora comprometida con mi labor del domingo. ¿Por qué decidí ser voluntaria? ¿A alguien puede ocurrírsele que fue por los cincuenta soles? ¿O quizá fue porque estaba convencida de que este esfuerzo contribuiría a mi sueño de un mejor país?

¿Y qué sueño? Pues sueño conque mi papá regrese del hospital con buenas noticias, con un buen análisis anual bajo el brazo, sin haber hecho cola (sin que nadie haya hecho cola) luego de haber pasado por consultorios bien implementados y de haber visto a pacientes satisfechos con sus medicinas completas, con su próxima cita programada. Sueño conque en el mercado mi madre encuentre que el precio del pollo ha bajado, que la leche por fin dejó de subir, que el limón ya no está por los cielos (lo que significa que nos hará un buen ceviche casero como nos provoca hace tiempo), que los caseros van contentos a comprar porque les alcanza para la semana, para el menú completo… ¡y para poner más carne en el estofado!

Sueño con salir del mercado y conque si me topo con un grupo de señores me salude con amabilidad y conque, si se ofrecen a llevar mis paquetes, yo sin ningún temor acepte encantada. ¡Tremendos caballeros, eh!

Sueño conque la lucha por los derechos laborales hayan llegado a buen puerto, conque muchos jóvenes cuenten con especializarse y lograr becas que los convertirán en peruanos de proyección internacional. Porque en un país donde todos deseamos progresar eso debería ser lo lógico. Porque se suponía que precisamente el censo era una de las herramientas más importantes para implementar con base las políticas públicas que permitan que las ilusiones de nuestros compatriotas sean más que un sueño.

Sin embargo, mi decepción por la desorganización del proceso, por la acción deficiente y confusa de parte de las autoridades ante al horror de una agresión sexual de la cual todas somos potenciales víctimas, me muestra una vez más que para cambiar nuestra realidad —además de soñar— necesitamos seguir luchando.


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