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Opinión


18 Marzo, 2018.

Stephen Hawking: al cosmos en una silla de ruedas

Se ha ido un grande como pocos: aunque hoy más que nunca vive como un referente para quienes soñamos conque nuestros países den el salto exponencial en desarrollo tecnológico y científico, a pesar de la adversidad.

Uno de los cerebros más privilegiados del siglo XX vivió atrapado en un cuerpo que nunca le fue obstáculo para dejar al mundo un inmenso y maravilloso legado científico. Tampoco le impidió aventurarse, audazmente, a probar la gravedad cero en un Boeing 727 cuando ya tenía 65 años.

La inteligencia y espíritu libre de Stephen Hawking lograron romper todas las cadenas fisiológicas que habían condenado desde los 22 años a valorar cada minuto de vida, y a retar al destino (en el que no creía) respecto a la falta de certeza sobre su propia muerte. Cincuenta años viviendo con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) solo lograron robustecer su alma y su bonhomía hacía la vida, reflejada en múltiples frases producto de su espectacular buen humor y que han quedado grabadas en la historia. Solía decir “La vida sería trágica si no fuera graciosa” y, peculiar como sin duda era, hasta se dio el gusto de dejarnos divertidas secuencias en series también icónicas como The Big Bang Theory o The Simpsons.

Hawking fue una persona cercana, luchadora e irreverente, pero su relación más profunda fue con el universo: casi una historia de amor en que la invirtió todo su intelecto, empecinado en explicar su origen: ¿cómo es? ¿Por qué existe? ¿Hacia dónde va? ¿Qué final tendrá? Pasará a la posteridad por sus trabajos sobre los agujeros negros, y por tratar de acoplar dos grandes teorías de la física: la relatividad y la mecánica cuántica.

Definitivamente era uno de los científicos más conocidos del mundo –casi tanto como Albert Einstein-,- no solo por su emblemática figura recostadaa en un lado de esa gran silla de ruedas sino por la importante difusión de sus libros o por su lucha contra la privatización del sistema de salud pública británico, pues defendía el derecho de la gente a recibir protección del Estado para acceder a una vida digna y completa. No obstante, a él la adversidad nunca lo detuvo.

“Quiero demostrar que la gente no debe estar limitada por capacidades físicas, siempre que su espíritu no esté discapacitado”, dijo una vez, sabiéndose un gran ejemplo para las personas con habilidades diferentes, en un mundo en el que lamentablemente pocas logran salir adelante y frente a las difíciles condiciones muchas pierden las ganas de luchar o deben resignarse solo a generar compasión y vivir del asistencialismo.

En el Reino Unido hay toda una corriente médica a favor de la eutanasia. No la consideran un salto al vacío pero, a pesar del significativo apoyo de la comunidad científica y del liderazgo de Hawking en el tema, no se ha logrado aún legislar favorablemente. Países como Suiza, Bélgica, Holanda, Luxemburgo y Canadá ya la contemplan. El sabio constantemente se manifestaba a favor de despenalizar el suicidio asistido (“¿No dejamos a los animales sufrir; entonces, por qué a los humanos?”). Varias veces mencionó que lo consideraría para sí mismo en caso de mucho dolor, o cuando no tuviera más que aportar y se convirtiera en una carga para los que lo rodean.

¡Y es que para Hawking ser confrontacional era un lujo que su inteligencia le permitía con creces! Se comunicaba a través de un sintetizador de voz con acento estadounidense que, incluso ante la reina Isabel de Inglaterra, era motivo de broma para él al sostener que tenía “derechos registrados” sobre la misma. Y a pesar de que no haber recibido nunca el Nobel porque no se pudo probar su teoría (algo injusto, a mi juicio: el equivalente a la omisión sobre Jorge Luis Borges en la Literatura), nadie podrá discutir su trascendental labor de investigación sobre el tiempo y el espacio, así como su inmensa trayectoria intentando explicar la razón y sinrazón del Universo.

Se ha ido un grande como pocos: aunque hoy más que nunca vive como un referente para quienes soñamos conque nuestros países den el salto exponencial en desarrollo tecnológico y científico. Ciertamente contamos con muchos compatriotas con el cerebro de Stephen Hawking, pero además de sus mentes brillantes requerimos de su independencia, voluntad y trabajo para construir su propio camino en medio de los obstáculos.


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