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Opinión


22 Agosto, 2017.

Sobre el cielo de Lima

La muerte de Lucho Pizarro —abogado, dirigente deportivo, impulsor y colaborador de Político.pe, y gran amigo— nos cae como un rayo de pena y desolación.

César Campos

| Columnista

Es difícil recordarlo ausente de esa aura de picardía y vehemencia que iluminaba su espacio cuando irrumpía en cualquier sitio. Casi era una marca de singularidad a la que solo le faltaba el código de barras. La sonrisa guasona, sin embargo, jamás ocultó su profundo equilibrio de hombre inteligente, versátil y sostenido sobre tres ejes fundamentales de vida: la familia, la abogacía y el club Alianza Lima.

Luis Pizarro Aranguren —lo subrayan todos sus allegados en estos días— fue un tipo excepcional. Pierdo el rastro de los años que lo conocí y, pese a llevarle una década adelante en la edad, sé que acumuló bastante tiempo. Lo asocio la última década a Ricardo Ghibellini, su gran amigo, en cuya casa departimos y reímos muchas veces. Una de ellas a mediados del 2015 cuando celebramos los primeros seis meses de este portal, Político.pe, con los integrantes del staff de colaboradores. Fue una tarde inolvidable y la ocasión en la cual Renato Cisneros me anticipó los ítems de su magnífica obra “La distancia que nos separa”.

Y Lucho estuvo presente porque su pluma también aterrizaba en el portal haciendo comentarios acerca del deporte más popular del mundo, bajo el seudónimo de “Dr. Fútbol”. La sapiencia del balompié se inspiraba en una pasión inconmensurable por el equipo del distrito de La Victoria, con la carga de sus éxitos o fracasos. Asumió como un gran honor convertirse en delegado de Alianza Lima ante la Asociación Deportiva de Fútbol Profesional, gremio en el cual llegó a desempeñar el cargo de vicepresidente.

Su vocación de jurista —que proyectó eventualmente al campo de la docencia— lo llevó a constituir uno de los estudios de abogados más importantes y sólidos del país: Pizarro, Botto & Escobar, el mismo que (apenas en julio de este año) anunció su fusión corporativa con DLA Pipper, firma multinacional europea de gran prestigio. La ceremonia contó nada menos que con la presencia del exjefe de gobierno de España, José María Aznar.

El pasado 19 de agosto la noticia trágica nos golpeó como un rayo de pena y desolación: Lucho había fallecido de un infarto en Buenos Aires. “Noticia que te explota en el alma, que no quieres escuchar, que te impresiona tanto que no quieres creer”, escribió en Facebook Fernando Tuesta Soldevilla, camarada de correrías domingueras con la camiseta blanquiazul.

La cadena de dolor se hizo interminable. Claudia Izaguirre recordó que Lucho —igual como ella lo hace ahora— se enfrentó hace varios años a la maldición del cáncer. “Pero de las batallas del cáncer – añadió César Luna Victoria – sus arterias quedaron deterioradas. Entonces murió en medio de batallas profesionales, por viejas heridas de la vida. Como mueren los guerreros míticos”.

Cadena interminable. Se evocó a su madre, Olga. Los tiempos escolares en el centro educativo Santo Tomás de Aquino. A Ximena, la gran esposa. A los hijos, Fernando y Victoria, cuyas caritas felices coronaban el motivo de su máxima realización. Más familia, numerosos amigos, colegas abogados, alumnos, admiradores, aliancistas como él. Cadena interminable.

Lucho Pizarro, aquí quedamos trajinando tu recuerdo entre sonrisas por lo grata que fue tu compañía y amistad. Aquí quedamos también entre dolidos y perplejos, por no entender lo inexorable de tu vuelo prematuro hacia las dimensiones de lo eterno. Aquí quedamos pendientes de tomar la misma ruta, abonando certezas de encontrarte otra vez con la mano extendida, el abrazo inacabable y la mirada socarrona. Aquí quedamos seguros de que estás —como reza la canción de Augusto Polo Campos dedicada a los mártires aliancistas de 1987— sobre el cielo de Lima, llegando hasta la cima. Y que finalmente sobre el cielo de Lima te quedarás.


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