toggle menu

Opinión


29 Septiembre, 2017.

Sin alma

Hay que ser una persona desalmada para, utilizando el poder que te da ser una conocida periodista de un importante medio de comunicación, humillar con una foto y un tuit a una sencilla trabajadora.

Hay que ser una persona desalmada para, utilizando el poder que te da ser una conocida periodista de un importante medio de comunicación, humillar con una foto y un tuit a una sencilla mujer que atiende varias horas al día en una pequeña e incómoda caseta, en el sótano de un estacionamiento de un centro comercial, simplemente porque no te puso buena cara o no te dedicó una sonrisa y aducir un supuesto maltrato.

Por otro lado, también hay que ser un perfecto miserable y un redomado imbécil para, siendo gerente de la empresa donde labora la citada trabajadora, dejarte influenciar por esa infamia y despedirla o “recolocarla” sin otro motivo que la palabra de alguien que, indudablemente, está abusando de su poder y utilizando su enorme influencia en las redes sociales para fines equivocados. De hecho, no es la primera vez que ello ocurre.

Con ustedes, Juliana Oxenford, la periodista… y desconozco el nombre del gerente. De lo que sí estoy seguro, en todo caso, es de que los abusos contra los más débiles hay que denunciarlos y combatirlos.