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Opinión


29 Agosto, 2017.

Si usted opina, ¿por qué yo no?

La respuesta es simple: porque como usted y como todos tengo derecho a ejercer mi libertad de expresión, y a defender las causas que creo justas.

Karina Calmet

| Columnista

Nunca me he conformado —a diferencia de otros que repiten como loros lo que les interesa o conviene creer— con lo que oigo, veo o leo. Siempre quise ir más allá, y no porque haya pretendido —como otros “colegas” evidentemente sí pretendían— entrar en la moda importada de esos actores y actrices que abrazan una causa y luchan por lo políticamente correcto. Considero que es un deber formarse una opinión propia de lo que pasa y, más importante todavía, AYUDAR al cambio.

En el canal donde trabajaba me pedían permanentemente que me contuviera, que controlara mis ganas de expresar mi visión política en las redes, porque asumían que con mis opiniones podría también politizar el programa del cual era protagonista. Y yo respetaba eso, hasta que un día simplemente caí en la cuenta de que… ¡yo era la única que hacía caso a esa exhortación! Si los demás utilizaban todas las tribunas de las que disponían para hacer activismo de acuerdo a su propio sesgo, ¿por qué yo no podía hacerlo?

Libre al fin, me he dedicado desde entonces a ejercer la libertad de expresión y opinión a la que todos tenemos derecho. Y la ejerzo por ideales sencillos, que compartimos todos: lo hago por causas que creo justas. Porque, por ejemplo, me gustaría que “ellos” (como he oído que siempre los llaman) puedan hacer realidad una asistencia de salud digna para sus familias, que puedan darle una educación universitaria de sus hijos, que cuenten con una realidad de ahorro y no solo con llegar con las justas a fin de mes, que hagan pleno uso de sus derechos laborales (esos por los que me tocó luchar a mí también, como algunos recordarán).

Y, sobre todo, porque me gustaría que “ellos” tengan por fin una identidad: y no me refiero precisamente al DNI sino al reconocimiento por el semejante que nos falta cultivar como sociedad. Tenemos el deber de conocer qué sucede con muchos seres humanos preciosos de quienes tendríamos mucho que aprender, cuáles son sus luchas y cuáles sus sueños; y la obligación de, si está en nuestras manos, hacer algo por mejorar su situación.

Ojo, no sobredimensiono el valor de mi opinión ni creo poder cambiar el mundo con un tuit. Pero repito: si otros opinan, ¿por qué yo no?


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