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Opinión


23 Octubre, 2017.

Sergio Moro y sus cuatro puntos básicos para la lucha anticorrupción

Toca consolidar nuestra estrategia contra este flagelo siguiendo las buenas experiencias a nivel mundial. Es ahora o nunca.

Oliver Stark

| Columnista invitado

Desde el virreinato hasta nuestros tiempos la corrupción ha crecido a ritmos exponenciales. Los intentos por acabar con ella han fracasado ya sea porque el que debía acabarla terminó más corrupto (y asesino) que ellos (caso del contralor Areche durante el Virreinato) o porque fueron impedidos de lograr su cometido por la inmensidad de la hediondez alrededor de ellos (casos La Mar, Pardo, Bustamante y Rivero y Belaunde). Tampoco la amenaza de pena de muerte de San Martín y Bolívar tuvieron un efecto corrector. Eran medidas del decreto para afuera que al final fueron pasadas por agua tibia y nunca implementadas, con lo cual el efecto fue nulo y más bien contribuyó a que la corrupción se convierta en un mal tan generalizado y culturalmente afincado en Perú.

La falta de credibilidad del Estado ha sido y es una maldición que sigue pesando sobre el Perú.

Además, en un país como el nuestro donde las fuentes principales de enriquecimiento nunca fueron el trabajo duro y disciplinado, la inversión audaz o la inventiva empresarial sino el aprovechamiento de recursos naturales —llámese el salitre o el guano—  o humanos —la mita— que no estuvieron sujetos a la competencia del mercado sino al favor político, la corrupción encontró campo más fértil. Si a eso le agregamos presidentes y gobernadores mentirosos y ladrones, congresistas robacable y alcaldes coimeros la pregunta “¿Si los de arriba lo hacen por qué yo no?” queda abierta.

Hay un caso emblemático que es el que forma la base para lo que podría ser el primer esfuerzo serio de lucha anticorrupción en el Perú. Me refiero al caso Lava Jato de 2014 en Brasil, que a su vez se basó en el caso Mani Pulite (o Tangentópolis) de 1992 en Italia. En ambos casos, los respectivos encargados de las pesquisas que continúan hasta hoy desenmascararon una extensa y muy compleja red de corrupción y mafia que además de empresarios, policías y jueces involucraba a políticos populares situados en lo más alto del poder: Bettino Craxi de Italia y Luíz Inácio Lula da Silva de Brasil.

Sergio Moro, juez encargado de Lava Jato, resumió su análisis del caso italiano en cuatro puntos básicos a seguir en cualquier lucha anticorrupción:

  1. Creación de una fuerza especial con plena independencia política y del poder judicial liderada por una persona comprobadamente valerosa, proba y honesta.
  2. Respaldo de la opinión pública
  3. Un eficiente y negociable sistema de colaboración eficaz
  4. La posibilidad de prisión preventiva inmediata.

Según esa misma experiencia vendrán ahora formidables obstáculos, principalmente de la mano de jueces y fiscales corruptos: un laberinto de normas burocráticas y judiciales que nadie entiende, la dificultad para construir cargas probatorias necesarias, la prescripción de juicios y los incentivos que en el sistema político existen para que la corrupción aspire al poder.

Toca consolidar nuestra propia lucha anticorrupción siguiendo estas buenas experiencias a nivel mundial. Es ahora o nunca.


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