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Cuidemos lo que decimos

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Comparar a Alberto Fujimori con Abimael Guzmán es un exceso inaceptable.

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Puedo entender que haya gente que no esté de acuerdo con el indulto o cualquier tipo de liberación a Alberto Fujimori, y que consideren este debe cumplir toda su condena en la cárcel, pero esa “campañita” de algunos comparando a Fujimori con Abimael Guzmán es un exceso inaceptable. Guzmán es el peor genocida de la historia del Perú, causante de la mayor tragedia de nuestra historia republicana (mayor aún que la Guerra con Chile) y creador de una sanguinaria y cruel secta terrorista —una de las más extremas del mundo occidental— cuyos seguidores están proscritos por la ley.

Nos guste o no, los fujimoristas representan un importante segmento de la población y han participado en las últimas cuatro elecciones democráticas contando con un apreciable apoyo de la gente: los seguidores de Abimael Guzmán, por el contrario, son unos fanáticos asesinos y terroristas que están al margen de la ley, inclusive todo apoyo a su causa es considerado un delito. Por ello, poner en un mismo nivel a Abimael y a Fujimori no solo es absurdo sino delirante y algo que seguramente hoy es del total agrado de la actual fachada de Sendero Luminoso, Movadef.

Finalmente, le dan el gusto sobre uno de sus pretendidos caballitos de batalla. Cuidemos lo que decimos.

La rebelión de los encomenderos

La rebelión de los encomenderos

Sepa por qué, siglos después, Abimael Guzmán tomó como sobrenombre "Gonzalo" al momento de lanzar su propia guerra.

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Lucas Martínez Vegazo había llegado al Tawantinsuyo como hombre de a pie y rápidamente hizo la América. Alternaba entre Tarapacá, Arequipa o Lima y surcaba el litoral en un barco construido en su astillero de Ilo. Aparentemente, llegó a acuñar moneda propia en su cordonería de Arica.

Llevaba los productos de su encomienda al lucrativo mercado de Potosí; era, en suma, uno de los hombres más acaudalados de ese Perú auroral. Entonces vino la noche.

La corona veía con resquemor a los encomenderos de primera hora pues advertía el peligro de una nobleza indiana capaz de desafiar en su momento al rey; de manera que los jerarcas europeos decidieron, empleando términos modernos, nacionalizar la encomienda y redistribuir la fuerza laboral indígena. Esa medida generó una guerra prolongada en la que el destino y caudales de Lucas Martínez se vieron seriamente comprometidos.

El paquete de medidas que generó el conflicto ha sido recordado como las Leyes Nuevas. Gonzalo Pizarro se encontraba administrando sus ricas posesiones de Charcas cuando llegó la noticia de las nuevas leyes. No sabía leer pero las escuchó toda la noche, dicen los cronistas, y con la primera luz del día reunió a todos los vecinos.

Les dijo que algo muy malo había ocurrido, que ni ellos entenderían ni él sabría explicar. Pero por si alguien tenía dudas, ahí estaban las nuevas leyes. Y acto seguido arrojó los papeles, aplicó la espuela y salió a todo galope camino a la rebelión. Nadie recogió papel alguno y casi todos lo siguieron.

Lucas Martínez Vegazo se encontraba en Lima cuando llegó la noticia de la pretendida eliminación de las encomiendas. Participó en una reunión de vecinos donde todos advirtieron el peligro y prometieron unirse a la rebelión encabezada por Gonzalo, que ya había tomado el Cusco y contaba con una flota a cargo del capitán Hinojosa. Un cura sintetizó el sentir de los conspiradores con una frase humanísima: “Si se ejecutan las ordenanzas, quedan mis hermanas y sobrinas a la putería”.

Durante cuatro años la autoridad del rey fue desconocida, los efectivos gonzalistas saquearon Veracruz y metieron miedo en Panamá. Nadie en todo el Perú osó desafiar la voluntad del gran Gonzalo. Vista la situación con ojos del presente, uno llega a pensar que el Perú pudo haberse independizado siglos antes y entiende, también, por qué Abimael Guzmán optó por usar el seudónimo Gonzalo. Pero la lucha misma en aquel XVI auroral fue, como veremos más adelante, intensa y cruel.

¡Vigilemos la reconstrucción!

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Todos queremos que la ejecución del gasto sea impecable.

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¡Vigilemos la reconstrucción!

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El tema fundamental para la inmensa tarea que le espera al país es cómo se integrará la autoridad de reconstrucción para conducir un proceso que no será fácil. Deberá contar con un líder consensuado que capture la aceptación y el apoyo de la mayoría parlamentaria. Asimismo, deberá ser fortalecida para responder de verdad al grito de "Perú, una sola fuerza".

Y en este sentido ha sido Kenji Fujimori el congresista más asertivo respecto de la perspectiva de la gran tarea que espera al país. Y lo ha hecho al precio de confrontar con su propia bancada en el momento del debate del proyecto de ley. Llamar a Fuerza Popular, “como un sola fuerza, a respaldar la reconstrucción de inmediato, sin más confrontación ni obstrucciones” es una obra maestra de la oportunidad y de la lección política que se reflejó en su arenga final “¡Construyamos una agenda común! ¡Volteemos la página!”.

Y tiene razón. Los fujimoristas, como todos los políticos, deberían entender que la reconstrucción será unitaria, participativa y supervisada o no será. Para ello les toca olvidarse de las inmaduras rabietas de la segunda vuelta y ponerse a tono con la multitud que reclama unidad y eficacia. Que busquen integrar la Autoridad de la Reconstrucción si quieren ayudar. Que no se marginen del clamor de una sociedad que quiere volver a confiar en sus políticos demasiado afectados por la ineficiencia e irresponsabilidad.

Todos queremos que la ejecución del gasto en la reconstrucción sea impecable, que no haya apuestas, cubiliteos o repartijas de los grandes montos que estarán en juego. En este sentido coincidimos con Felipe Morris quien —en este mismo portal— ha planteado la urgencia de un nuevo marco legal para la ejecución de la inversión pública, dado que el que tenemos no permite que las obras se implementen en forma eficiente y rápida. Tampoco nos protege de la corrupción.

Morris habla con mucha propiedad de una reforma de fondo que en el momento se ha visto postergada para preferir una ley especial para la reconstrucción con sus propias reglas de control a cargo de la Contraloría. Es por cierto una excusa válida la urgencia de implementar las obras, pero no deberíamos postergar más la ley general que necesitamos para ejecutar obras públicas en el país.

Muy importante que se reconozca la importancia de la autonomía de la Contraloría General para la supervigilancia indispensable. Le corresponderá junto con el Congreso el control de resultados y la fiscalización ojalá dentro de una nueva política referente a las rendiciones de cuentas.

¿De verdad "bye-bye, Venezuela"?

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Deberán transcurrir veinticuatro meses para que el país llanero quede desligado en forma definitiva de la OEA.

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Venezuela anunció a través de su Canciller su decisión de retirarse de Organización de Estados Americanos. Esto nos lleva a explicar cómo funciona el mecanismo del retiro de un estado de la unión interamericana. La OEA fue constituida de manera formal en 1948 mediante la adopción de la Carta de la Organización de los Estados Americanos (texto que fue modificado en 1967). Y en cuanto a Venezuela, esta nación suscribió el tratado y lo ratificó en 1951, teniendo desde tal fecha el Estado venezolano la condición de miembro pleno.

Es decir, para que se pueda apartar de la Organización no basta la declaración formulada sino que, conforme al artículo 143 de la mencionada Carta, deberá remitir a la Secretaria General una comunicación escrita  (“la denuncia al Tratado”) donde expresa su voluntad de no continuar como Estado miembro de la OEA. Sin embargo, deberán transcurrir veinticuatro meses para que Venezuela quede desligada en forma definitiva.

Entonces, hasta el 27 de abril de 2019 Venezuela está obligada a cumplir con las obligaciones emanadas de la Carta de la OEA y de los otros órganos del sistema, como la Asamblea General y Junta de Cancilleres, que podrán aplicar medidas como las de la Carta Democrática o, sencillamente, la promoción de espacios de diálogo frente a la difícil situación que se vive en el país llanero.

Vieira, símbolo del oportunismo

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¿Cuál es la verdadera intención?

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En una entrevista para el diario Perú 21 en setiembre de 2016, el congresista Roberto Vieira indicó que si Keiko Fujimori habría permitido asesorarse por su padre para la campaña, él habría acompañado esa candidatura y no la de Pedro Pablo Kuczynski. 

A ver: si todos recordamos la razón por la cual simpatizamos, militamos, conformamos un partido político, resulta que esta viene a darse por  la POLÍTICA que manejan, la estrategia, la creencia e ideología que demuestran. Sin embargo, pareciera que estos conceptos fundamentales son para el señor Vieira tan importantes como mostrar comunicados que no le pertenecen exclusivamente.

Y hoy se considera un mártir, símbolo de la fuerza e iniciativa, por haber hecho lo que nadie le encargó (o al menos eso dice): presentar el proyecto de ley para el beneficio de arresto domiciliario a personas mayores de 75 años de edad, que hayan cumplido un tercio de su condena y que presenten una enfermedad, lo ha colocado nuevamente en el punto central del juego político. ¿Cierto?

¿Acaso el señor Vieira pensó que presentando este proyecto recuperaría su lugar en FP? ¡Qué iluso! ¿Cuál es, entonces, su verdadera intención con este proyecto de ley, en un momento en el que no cuenta con ningún respaldo de parte de algún partido político? ¿Será que cree tener alguna proyección nuevamente?

Mucho cuidado a quien lo acoja en el futuro, pues ya sabemos las “estrategias” del congresista para figuretear, tan similar a las de su colega Vilcatoma. Sí, la traidora.

 
 

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