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PPK en su laberinto

PPK en su laberinto

¿Cómo es posible levantar la bandera anticorrupción con una mano y con la otra firmar la adenda que prácticamente regala a allegados el aeropuerto de Chinchero?

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Cada día trae su propio afán, dicen las Sagradas Escrituras y vaya si cada día en esta saga de anticorrupción cubre con largueza semejante aserto. Amanece el día y nos tropezamos con nuevas revelaciones. Cae el sol y hay otros nombres, nuevos implicados, más revelaciones, negativas impregnadas de un cinismo inocultable o, de pronto, declaraciones casi exculpatorias provenientes de quien uno menos pensaba.

Y la historia dirá que en la semana en que se revelaron los millones de Nadine… la verdadera sorpresa fue Duberlí Rodríguez, hombre fuerte del Poder Judicial. Tiene amplia trayectoria como juez y político y asumió el cargo con una actitud que le ganó la buena voluntad de muchos peruanos que veían en el alguien capaz de mantenerse firme en la lucha contra la corrupción.

Verlo a Duberlí el otro día, con el rostro circunspecto y un tonito de voz entre falsete y miedoso, sostener que no hay delito pues los millones de Nadine forman parte de un aporte y esta figura no es ilegal… ha sido demasiado. Con la inocencia perdida hace rato, la opinión pública percibe con desilusión  que el hombre fuerte del PJ sigue al servicio de la que fuese pareja presidencial. Qué le sabrán. Esa es la expresión que, en la actual situación de corruptela, termina teniendo asidero.

No se puede confiar en nadie y esto recién empieza, de manera que relájese y sopese cada giro. Una encuesta de GFK revela que la aprobación a PPK cayó seis puntos más en febrero y ahora se encuentra por debajo del tercio. Contra ese desplome continuo no hay "cállense" que valga, ni sirve tomarse pastillita alguna.

Tampoco veo estrategia posible capaz de revertir esa tendencia. Al contrario, casi cada semana el gobierno contribuye al descrédito. Y no se trata solamente de una crisis por falta de iniciativa. A veces, lo menos defendible de este gobierno son ciertas iniciativas inexplicables.

Dejemos de lado todo encono o bandería y hagamos una pregunta de sentido común. ¿Cómo es posible levantar la bandera de la anticorrupción con una mano y con la otra firmar una adenda (ya calificada de ilegal por el contralor) que prácticamente le regala a un grupo económico el aeropuerto de Chinchero por cuarenta años?

Ya se habla de pagos de Odebrecht vinculadas a cuentas del presidente. La declaración de Barata fue publicada con varios párrafos cubiertos de negro. Se dice que son las respuestas de Barata a la pregunta sobre la participación de Pedro Pablo en lo de la Interoceánica luego que su jefe político, Toledo, cobrase los veinte millones. ¿Cómo verle un buen final a este gobierno de lujo? ¿Cómo?

Bitácora de febrero

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¿Estamos ante un gobierno de interinos?

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Febrero suele ser un mes políticamente tranquilo; es el mes en el que se activa el presupuesto. El Parlamento todavía no sesiona y por lo tanto las declaraciones políticas todavía están a medio tono.

Por lo mismo es un mes de respiro y aire para el gobierno. Siempre ha sido así.

Pero febrero es también un mes de huaicos. De huaicos y de cambios en la temperatura que impactan en la economía, en las cosechas, en las viviendas más humildes. Eso también siempre ha sido así. Felizmente se actuó con preocupación y de manera rápida. Y, en líneas generales, se está atendiendo la emergencia. Ahora lo que vendrá serán modificaciones en las estrategias futuras de prevención.

Y entre los huaicos y escándalos mediáticos, el gobierno encontró una posición que le ha dado respiro. Todo esto le resultó oportuno para ubicarse en un perfil bajo.

Además algo empieza a cambiar en el aspecto comunicacional de PPK. La estrategia varía y posiblemente para mejor: el presidente visita comisarías, sale a la calle y respira el ambiente. Y está bien que sea así. Ojalá haga lo propio con hospitales y mercados. Empieza, pues, a tener rumbo su precaria estrategia comunicacional. Igual sigue y seguirá bajando en las encuestas, pero por lo menos en febrero deja una sensación diferente.

La medalla olímpica en materia de comunicación se la ha llevado Alejandro Toledo. A estas alturas (da pena decirlo) convertido prácticamente en un prófugo de la justicia o al menos de la verdad: la verdad ética, jurídica, comunicacional. Pesa sobre él una vergonzosa acusación y el expresidente está como oculto, escondido, viviendo casi de incógnito en Estados Unidos. Un triste final que estaba anunciado desde que se le vio salir del Congreso —de la comisión investigadora— repartiendo rosas y besos volados. Aquella vez estaba como ido, como ignorante de lo que le estaba pasando, desfasado.

Ya es costumbre que la prensa hable de él como el “prófugo Toledo” y es una lástima mirarlo así, saberlo de esa manera. Ignora el expresidente que si no vuelve por cuenta propia, quedará también prófugo de los sentimientos de otredad, de solidaridad social, de lucha por ese respeto ciudadano por el que millones de personas le dieron su apoyo. A este escándalo hay que añadirle los (por lo menos) tres millones de dólares que recibió Nadine Heredia, la mujer que llevó a su esposo a la presidencia para hacer de su condición de candidato y/o presidente una oportunidad de negocios, para canalizar dinero fácil, a cambio de ilusiones y enarbolando una mística falsa que en realidad maquillaba un deseo intruso de poder. Ella sigue ahora en más de lo mismo, jugando con la verdad desde su Twitter.

Y estos temas (que el país está siguiendo como telenovela)  son a su vez lo mejor que le ha podido pasar a PPK para desviar la atención pública. Le cayeron como regalo de los Reyes Magos. Y así, entre historias de este tipo, escándalos, allanamientos, cuadernos de extradición, sarcasmo y asombro de la gente, trascurrió febrero.

En materia económica se anunció que todo lo dicho impactará un punto del PBI, aunque se prepara un paquete complementario para reactivar la economía. Por algo es un gobierno de economistas. Enhorabuena.

El plano internacional está ocupado entre el caso Lava Jato, el cuaderno de extradición y la visita de PPK a Donald Trump. Las tres cosas todavía darán que hablar.

De todas maneras, habrá subibajas. Sobre todo por la agenda Chinchero y la muy posible censura del ministro. Esto impulsará cambios en el gabinete y la salida de Zavala. A estas alturas, ya parece cuestión de tiempo.

Y es que todo indica que se empieza a cerrar el primer ciclo del gobierno. Y se cerrará con las dificultades propias del Perú, con buenas intenciones, con desgastes inevitables, con frustración y cierto desencanto. Así es la gestión pública en este país.

PPK ya está en 29% en las encuestas y muy probablemente solo reaccionará cuando se acerque al 15%. A este paso será en dos o tres meses. Y ahí habrá un giro y mayor apertura para el Ejecutivo, más aún si Vizcarra llega a ser censurado. Radio Nacional, TV Perú, la Biblioteca Nacional y muchos otros puestos de otros sectores están ahí, en inercia automática, sin nombramientos. Solo hay interinos, lo que impide una política de cambio.

A estas alturas esto parece ser una característica en el actual mandato: estamos ante un gobierno de interinos. Y quizás de ministros pasajeros.

Buscando al subcomandante Marcos (3)

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Chiapas (México) nos muestra en toda su lamentable realidad el ecosocialismo que aquí nos ofrece Marco Arana.

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La curiosidad que me trajo a San Cristóbal de las Casas (Chiapas, México) no fue encontrarme con el subcomandante Marcos (sabía que hace rato no vive en estos lares): quería ver con mis propios ojos el ecosocialismo que nos ofrece Marco Arana con su Tierra y Dignidad-Frente Amplio hecho realidad.

La verdad es que si eso es lo que nos espera, sería toda una tragedia para el Perú pues no solo destruiríamos lo avanzado en 26 años —tanto en el tema económico como el institucional—, sería un suicidio colectivo.

Cuando uno visita los pueblos y ejidos, los indígenas han sido empoderados pero embrutecidos por una cultura de dependencia del Estado central mexicano que los contiene con programas sociales (Oportunidades, Pro Campo, Nuevo Amanecer), que destruye su iniciativa personal pues todos se han acostumbrado solo a pedir. El dinero trasferido no es auditado y cada autoridad hace lo que quiere. Ya no se trabaja el campo como antes ni son asalariados de propietarios privados (aumenta el costo de producción en el campo y se disminuye la productividad). Se contentan tomando posh (destilado de maíz y caña), oprimiendo a sus mujeres (la violencia contra la mujer se mantiene: se las obliga a casarse a los 16 años a cambio de una dote que se negocia con sus padres y no hay divorcio pues se convertiría en una paria) y manteniendo sus costumbres aunque con celular a la mano.

En los templos católicos que son operados únicamente por los indígenas (no ingresa ningún sacerdote), se tiene un sincretismo cultural en la fe a unos dioses que cambiaron de rostro y nombre. Dentro del templo se ponen velas, se traen grupos musicales, se toma alcohol y se venera a diversos santos, entre ellos a Santa Rosa de Lima y Fray Martín de Porras. La veneración se hace por grupo indígena y por barrios (siempre la dualidad los de arriba/los de abajo), que se reconocen a través de cintas de colores. También se practican “limpias” con pasada de huevo y/o de gallina negra. 

Para expresar lo funesto de su existencia actual, resulta que la variada y colorida artesanía que venden es made in China. Hay que tener cuidado en comprar artículos originales y que a uno no lo agarren de “inocente gringo”: ese mismo gringo que compra chompas de lana de oveja con motivos incaicos (camélidos sudamericanos). Cuando cuestioné que vendan objetos con diseños que no les pertenecen, me respondieron que debían “ofrecer variedad”.

Se toman carreteras por cualquier motivo y en cualquier momento. Camino de San Cristóbal a Comitán (frontera con Guatemala), encontré un bloqueo: la comunidad  protestaba porque el contratista de una carretera no había iniciado la obra a pesar de la transferencia de dinero.

Los manifestantes coordinan su accionar por celular con un maestro y nos piden llamar a la empresa contratista para apoyarlos. Mientras tanto, se tomaban fotos para subir en las redes sociales. Luego de dos horas de negociación, aceptaron el ofrecimiento de cien pesos por vehículo (US$ 5). Y tuvieron una gran Navidad pues había 600 vehículos a cada lado de la carretera.

A futuro, sin embargo, seguirán pobres y abandonados. Antes llegaban de Hollywood a verlos. Hoy nadie los visita.

Todo lo que brilla es oro (si le podemos  sacar lustre)

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Si las autoridades de nuestro país no internalizan que obtener y mantener la llamada "licencia social" es el principal escollo para desarrollar y operar un proyecto minero, no llegamos a ninguna parte.

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Si las autoridades de nuestro país no internalizan que obtener y mantener la llamada "licencia social" es el principal escollo para desarrollar y operar un proyecto minero, no llegamos a ninguna parte.

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Una baja en el precio de los minerales es un riesgo asumido por la minería. Es exógeno, cíclico y difícil de predecir, aunque todos los analistas crean tener la “bola de cristal”. Con una buena política de reducción de costos puede capearse el temporal. Sin embargo, la "licencia social" es una condición sine qua non, es la diferencia entre la vida y la muerte: ¡Conga es el mejor ejemplo!

Si un empresario minero no resuelve el problema social en forma sostenible, no podrá aprobar su instrumento ambiental ni tendrá acceso a la propiedad de las tierras superficiales donde se encuentran las concesiones, tampoco opción para constituir servidumbres de paso o para colocar sus líneas de transmisión. Estará sujeto al bloqueo de las vías de acceso y a la presión de la comunidad por puestos de trabajo cuya tecnificación son incapaces de manejar. En otras palabras, si el tema social no está bien manejado —permanentemente— el proyecto tiene una sobrevivencia condicionada.

Un buen comienzo no asegura la vida de un proyecto. La licencia social va cambiando de matices según quienes sean los interlocutores. Desafortunadamente, las comunidades no honran la palabra empeñada y los acuerdos escritos tienen muy poco valor; están pegados con babas. Basta un cambio en la dirigencia o la visita de un Gregorio Santos cualquiera para que la población se levante y desconozca todos los pactos o aquellos que le convienen. Generar desconfianza es parte de su esencia.

No existe proyecto minero que no tenga complicaciones con su entorno humano. Algunas empresas están absolutamente hipotecadas a la comunidad, otras resisten el chantaje a costa de suspensiones en la producción y altas pérdidas; otras sueñan con iniciar la construcción del proyecto.

El Estado no está en capacidad de firmar un "contrato de estabilidad social" pero si de trabajar en la prevención y de hilar muy fino con los inversionistas. La conflictividad subsistirá mientras existan carencias y ausencia del Estado y mientras no se genere credibilidad, aún en comunidades ubicadas en la Sierra Central, habituadas a convivir con la minería desde la Colonia. Oponerse a la minería es un buen negocio: ¡siempre se consigue alguito!

En el Perú ni tenemos (ni queremos) un Rafael Correa, que ordena movilizar fuerzas militares cuando hay un conflicto, como ocurrió con el  proyecto de cobre Panantza-San Carlos en Ecuador. Queremos decisión política, lucidez y prioridades en orden para que la minería siga siendo una fuente de riqueza para nuestro país.

Diferencias irreconciliables entre liberal y progresista

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Nuevamente nos quieren hacer el cuento.

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Tenía que ser un comediante quien ponga las cosas claras. Hace un tiempo, Pat Condell (Dublín, 1949) produjo un video, que sigue circulando por la web, en el que denuncia que nos quieren hacer el cuento de nuevo haciendo pasar el liberalismo como parte del progresismo mundial. Advierte que sin darnos cuenta nos están envolviendo como lo hace una araña con su víctima.

A continuación hago mío su mensaje.

Si bien uno puede ser liberal, suena mejor llamarse progresista. Los liberales e izquierdistas son progresistas. Yo he sido izquierdista hasta los huesos pues creía firmemente que era la solución a una sociedad injusta, racista, excluyente, desigual, sin élites ambiciosas por hacer de esto un país en serio, etc. Reconocí mis errores y partí a mis “cuarenta días por el desierto” en soledad para encontrar cuál sería la nueva esperanza que me motivara para seguir viviendo. Debo agradecer a Fernando Fuenzalida (de jefe de la Juventud del partido Comunista en sus años mozos) y a Mariano Valderrama (de los fundadores y operario logístico de Vanguardia Revolucionaria) que abrieron los ojos a una nueva posibilidad. Entre lecturas obligatorias a las cuales no había tenido acceso por mi anterior “ortodoxia” (para que leer al “enemigo”, grave error) y ejemplo de vida consecuente.

La palabra progresista suena como una palabra positiva, como quien va por el camino correcto hacia la promesa. Esta palabra reemplaza a “revolucionario”, pues el progresista quiere que las cosas cambien de a pocos mientras que los primeros quieren asaltar el poder para cambiar todo ya (por eso la lucha armada). Pero el progresista, en realidad, quiere una sociedad menos libre, cada vez más regulada y controlada; en donde la identidad del grupo vence todo y cada comentario, por casual que sea, es un crimen de odio potencial.

Un liberal es una persona que defendería tu libertad de decir lo que te nace del forro a pesar de no estar de acuerdo con ello. Para un progresista, se defenderá el derecho de callarte pues alguien se siente ofendido.

Un liberal encuentra valor en el libre intercambio de ideas y opiniones. Un progresista ve lo anterior como una amenaza la cohesión de la comunidad. Los liberales hacen lo que creen que está bien. Los progresistas hacen lo que creen que es correcto (por eso en mis años mozos, el Comité Central definía la “línea correcta”: no importaba lo bueno y lo malo). Los liberales viven y dejan vivir; los progresistas tienden a regular y censurar e interfieren pues “saben lo que es bueno para todos nosotros”: aparentemente, alguien les dio ese fuego divino.

Para un liberal, el lenguaje es una herramienta; para un progresista, un arma. El significado de las palabras no importa siempre y cuando se utilicen como instrumentos para callar a los demás (le recuerdo al lector el concepto “new speak” de la novela 1984 de George Orwell). Siendo los progresistas los grandes censores de la sociedad, ellos deciden qué debería permitirse o no a la gente decir y pensar (eso de “pensamiento crítico” es una estafa); se sienten con el poder de callar a aquel de quien no les gusta lo que dice para que los demás no puedan escuchar ese “perverso” mensaje (los estudiantes progresistas son el mejor ejemplo de esto). En contraste, un liberal está abierto a otro punto de vista.

Para el progresista, simplemente, NO HAY OTRO PUNTO DE VISTA.

"Si no eres progresista, entonces debes ser un fascista; si tienes ideas contra el Islam, eres un racista".

Finalmente lector, ¿cómo se define usted? Ojo, no se puede ser liberal y progresista a la vez.

 
 

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