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Dos apuntes sobre Graña y Montero

Dos apuntes sobre Graña y Montero

¿Acaso a Barata debemos creerle unas cosas sí y otras, no?

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¿Acaso a Barata debemos creerle unas cosas sí y otras, no?

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La asociación entre Odebrecht y la gigante Graña y Montero a modo de consorcio para ejecutar diversos megaproyectos públicos es información pública desde hace mucho. Sin embargo, en las últimas semanas y con mayor razón desde el viernes a raíz de las declaraciones de Jorge Barata, el tema viene siendo escrutado con mayor frecuencia por la opinión pública.

En tal, sentido, conviene hacer dos sencillos apuntes:

1. ¿Regresó el doble criterio? La constructora emitió un comunicado el día viernes desmintiendo las declaraciones de Barata, por lo que acá vale la preguntarse lo siguiente: ¿Al señor Barata le deberíamos creer algunas cosas sí y otras no? ¿Cómo es posible que hayan tiendas políticas y sectores de la prensa que digan que un  ministro sí o sí tiene que estar enterado de compras truchas de computadoras pero un presidente o empresarios no tienen nada que ver con maniobras sucias de sus socios? ¿A Barata le otorgaremos credibilidad selectiva?

2. Pésimos gestos empresariales. La empresa ha sido cuestionada en más de una ocasión y se ha dedicado a desmentir en repetidas ocasiones cualquier vínculo con las coimas.  Determinarlo solo le corresponde al Poder Judicial, pero la verdad es que gestos de control de daños claros no han tenido. ¿Por qué no anunciar una investigación interna en la que cualquier ejecutivo relacionado a la corrupción será expulsado?

La negativa a asistir a la nueva citación de parte de José Graña Miró Quesada no le suma en NADA a la imagen de la empresa. Este hecho podría generar dos percepciones negativas a la opinión pública: i) negarse a ir es porque se oculta algo; ii) ¿se siente por encima del Congreso de la República que finalmente, nos guste o no, representa al pueblo?

En un país como el nuestro es importante la sensibilidad social a la hora de tomar decisiones que implican actores políticos y opinión pública. En mi humilde opinión, el señor Graña debería haber priorizado por sobre otros compromisos la citación a la comisión que preside el Congresista Albrecht por el simple hecho de ponerse a disposición de colaborar e incentivar la transparencia.

El tema es excesivamente delicado por los activos, contratos, cantidad de empleados y demás factores que tiene GyM en el país. Sería muy lamentable que una empresa que durante años fue símbolo del sector construcción nacional se vea tristemente implicada en escándalos de corrupción.

Nos toca esperar a que conclusión llega la justicia peruana.

P.S.: Artículo publicado antes de la renuncia de la plana mayor al directorio de Graña y Montero.

Óscar con sorpresa

Óscar con sorpresa

Un error garrafal terminó siendo el perfecto corolario para una ceremonia que privilegió lo políticamente correcto sobre lo artístico.

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Óscar con sorpresa

Un error garrafal terminó siendo el perfecto corolario para una ceremonia que privilegió lo políticamente correcto sobre lo artístico.

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La cara de desconcierto del veterano Warren Beatty junto al peladito (nada más y nada menos que Jordan Horowitz, el productor de La La Land) que tomó el micro por asalto para anunciar el error garrafal durante la premiación a mejor película en un hecho inédito en la historia de los óscares—, terminó siendo la imagen perfecta y el corolario adecuado para una ceremonia en la que toda la noche el presentador (el opaco comediante Jimmy Kimmel) y algunos invitados y ganadores privilegiaron lo político, lo políticamente correcto para más luces, sobre lo artístico.

De otro lado, la Academia le tapó la boca a los eternos quejosos acerca de la discriminación racial en el reparto de premios, como si los reconocimientos a actuaciones y producciones debieran tener una cuota racial adecuada. Los premiados afroamericanos —extraordinarios actores— lo han sido no por el color de su piel sino por sus calidades interpretativas: Mahershala Ali, Viola Davis, Emma Stone y Casey Affleck son todos excelentes actores y justos ganadores.

Desde una perspectiva estrictamente artística, hay que decir que ha habido extraordinarias películas que nunca ganaron un Óscar (y también notables actores) y otras que, habiéndolo ganado, no han sido mejores con respecto a sus competidoras. Este tipo de reconocimientos no son ni podrían ser unánimes jamás: finalmente, responden a la decisión mayoritaria de los miembros de la Academia y estos tampoco son infalibles.

El notable musical La La Land es una estupenda película que tenía todos los merecimientos para llevarse la dorada estatuilla (de hecho se ha llevado seis importantes premios anoche) y, sin embargo, este año la Academia ha considerado que la mejor película es Moonlight, un poderoso drama sobre un chico afroamericano, pobre y gay que crece en el oscuro y violento mundo de las drogas en Miami.

"Como poto de bebé"

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Sensacional reporte de Apo, el orejón espía que servía a Atahualpa.

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Sensacional reporte de Apo, el orejón espía que servía a Atahualpa.
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"Como poto de bebé"

Sensacional reporte de Apo, el orejón espía que servía a Atahualpa.

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Conozcamos a otro personaje singular del XVI temprano. Con ustedes, Apo. Era un cusqueño de origen noble, a tenor de sus elongadas orejas, y prestaba funciones al servicio de Atahualpa. Tras desembarcar en Tumbes los barbudos se habían dirigido hasta Poechos, tierra de tallanes donde el curaca Maizavilca —siguiendo instrucciones de Atahualpa— los recibió con cordialidad.

Cuando el Inca vio que los lanudos se asentaron en el rico Chira, decidió enviar hasta ahí a su mejor espía. Ese era Apo por cierto. El espía de Atahualpa se preparó bien y se aproximó al campamento disfrazado de proveedor de pacayes. El disfraz era muy conveniente pues a la manera de los tallanes Apo lucía un turbante en la cabeza y sobre él un cesto con los frutos. Eso le permitía ocultar sus grandes orejas y esconder su identidad. Observó a todos al detalle, examinó el excremento del perro, el del caballo y... sacó sus conclusiones.

Al segundo o tercer día, acaso dateado por alguien, Hernando Pizarro lo encaró y de una maniobra lo samaqueó haciendo caer el turbante. Fue impresionante. Apenas vieron que se trataba de un orejón, los indios tallanes se pusieron de rodillas y empezaron a tratar respetuosamente al foráneo. Por eso lo de Apo, que no significa otra cosa que señor.

Un señor espía este Apo, que a partir de entonces fungió como una suerte de emisario entre los barbudos y Atahualpa, función que cumplió hasta el encuentro de Cajamarca. El reporte de Apo fue espectacular: para empezar, los lanudos no eran dioses. Él los había visto enfermarse o sufrir cansancio. Incluso un par de ellos había muerto.

Del caballo no había que temer. No comían plata ni era cierto que enfurecían de hambre. Eran grandes, si, pero eran simples herbívoros. En cambio los perros, mastines italianos que ganaban medio sueldo, sí eran peligrosos pues solo comían carne.

Estamos ante un caso de colapso de la inteligencia. Una vez recibido el reporte, Atahualpa decidió matar a todos los barbudos menos a tres de ellos: el herrero, el volteador de caballos y el barbero. Ellos serían castrados y llevados al Cusco: el herrero y el domador para desarrollar la caballería del Inca.

¿Y el barbero por qué? Pues porque poseía poderes. Ese sí. Apo los había visto a los barbudos, bastante matados la verdad, hacer cola en la carpa del barbero y salir muy rejuvenecidos y con el rostro fresco, literal, “como poto de bebe”.

Fue ayer y sí me acuerdo

Fue ayer y sí me acuerdo

¿Con qué derecho El Comercio vuelve a exigir precisiones a Alan García si, cuando no son de su agrado, ni se molesta en publicarlas?

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Fue ayer y sí me acuerdo

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Es cierto que todo el mundo tiene derecho a pedir explicaciones a los funcionarios públicos, sobre todo los medios de comunicación que son una bisagra entre la ciudadanía y aquellos. Pero también es cierto que hay algunos medios que tienen menos derecho que otros a pedir esas mismas explicaciones, sobre todo cuando consta en sus antecedentes periodísticos que las han exigido para otros temas y que, una vez absueltas por el requerido, se han desentendido de cubrirlas porque la respuesta no era la que el medio de prensa esperaba.

Sucede que ayer El Comercio publicó un editorial en el que se le exigía a Alan García mejorar su memoria para que absuelva una serie de interrogantes referentes a su vinculación con funcionarios públicos de su segundo gobierno que han dado con sus huesos en la cárcel por corrupción, así como con representantes de la compañía Odebrecht, además de explicar los desembolsos realizados en su gestión para determinadas obras que hoy están cuestionadas por sobrecostos. El editorial se tituló: "Fue ayer y no me acuerdo".

Fue ayer también metafóricamente hablando que El Comercio exigió al mismo señor García, mediante un editorial, que presentara su tesis universitaria en el contexto de los plagios de uno de los candidatos presidenciales. Corría la campaña electoral de 2016 y el Decano decía: "Quizá, en aras de la transparencia, convendría que [García] haga una revisión exhaustiva de los ambientes de su domicilio para ubicar la tesis y despejar cualquier inquietud. Limpieza de verano, que le dicen".

Pues bien, atendiendo a los requerimientos de El Comercio, el entonces candidato García hizo su "limpieza de verano" así se titulaba ese editorial de El Comercio—y encontró su tesis, la que fue enviada a El Comercio, el cual publicó una nota: "Alan García nos hizo llegar su tesis de bachiller en Derecho". Esto fue el 11 de febrero de 2016.

Pues bien, dicho esto nunca los lectores de El Comercio ni la opinión pública volvieron a saber de la tesis de Alan García. ¿Plagió o no plagió? Ya que El Comercio exigía que apareciera la tesis en el contexto de un plagio de otro candidato, suponemos que su labor periodística tenía que ver con verificar si la tesis de marras era intelectualmente honesta o no. Mutis total del Decano.

Suponemos también que El Comercio se tomó el trabajo de verificar si la tesis de García era o no fraudulenta, pues solo así tiene sentido que se la solicite mediante un editorial. Suponemos también que El Comercio encontró que la tesis era honesta, pues si no lo hubiera sido los titulares resaltando ese hecho no se hubieran hecho esperar. Suponemos, finalmente, que porque la tesis fue honesta nunca más en El Comercio ni en sus editoriales se volvió a mencionar el tema. Es decir, nunca vimos el titular "García no plagió".

Entonces, ¿con qué derecho El Comercio vuelve a exigir precisiones si, cuando no son de su agrado, ni se molesta en publicarlas?

Primero que dé cuenta qué fue de la tesis de García y después que vuelva a emplazar al susodicho sobre otros temas. Así funciona el negocio de la credibilidad, señores de El Comercio. De otro modo, vamos a terminar creyendo que los de la mala memoria son ustedes y eso sí que es un problema serio para el principal diario del país.

Nacionalismo bamba

Nacionalismo bamba

Ninguna honestidad hizo la diferencia.

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Los nacionalistas criollos conducidos por Ollanta Humala y Nadine Heredia llegaron al poder aupados sobre la donación extranjera, el chavismo venezolano o la megacorruptora Odebrecht, permitieron que foráneos influyeran y determinaran la decisión de los peruanos para elegir a su presidente. Tan grosero como pueda parecer quienes se llenaban la boca afirmando defender los intereses de la nación y los valores propios abrían las puertas a las donaciones del extranjero, que les permitieron llegar al poder durante un quinquenio que se asoma como el de la vergüenza.

Ninguna honestidad hizo la diferencia; tampoco escrúpulos para hipotecarse política y económicamente a los donantes que nunca dan dinero por nada. Las revelaciones de Jorge Barata de que entregó a Heredia tres millones de dólares para la campaña electoral la ponen a ella junto a su pusilánime cónyuge a un paso de la cárcel, por lavado de activos y negociación incompatible.

Dentro de este esquema perverso, toda representación está unida a la inversión de campaña. Y los únicos que pueden participar en una contienda electoral son los solventes o los que tienen amigos y simpatizantes ricos. Esta desigualdad de partida hace que los mejores candidatos o no participen o se retiren si no pueden recaudar el dinero que los hará competitivos.

De ahí la percepción de que las campañas electorales se financian de manera corrupta, de que individuos y grupos dan sumas significativas de dinero esperando que quienes resulten elegidos ayudarán a los intereses de los donantes. Y los representantes aparecen menos responsables ante los votantes y más ante los donantes con intereses especiales.

Nos toca limitar la repercusión del dinero y la influencia de los donantes de grandes sumas, en especial si vienen del extranjero. Una vía es ofrecer fondos públicos para la transparencia del proceso, lo que exige publicar la información de donaciones y gastos de modo constante y limitar la cantidad de fondos que se permite recaudar o gastar.

Restringir gastos electorales es saludable para la democracia y para los electores. Si las campañas son menos caras más gente capaz, honesta y sincera puede participar. La calidad de la representación mejoraría con la integridad y honestidad de los elegidos.

Que no contribuyan gobiernos, ni empresas ni partidos políticos extranjeros. En EE.UU. están prohibidos los aportes de corporaciones y posibles contratistas del gobierno. Es evidente que todo donante espera recibir algo por su inversión. ¿Cómo la retribuyeron Humala y Heredia?

Los electores debemos saber quién está apoyando a los candidatos y si ello influirá en las futuras decisiones. Se trata de asegurar la integridad del sistema político, de recuperar la confianza y de permitir que el electorado elija informado. Es legítimo que se recaude y gaste dinero pero éste no debe distorsionar el funcionamiento institucional y ético de la democracia como está sucediendo.

En plena lucha contra la corrupción necesitamos procesos electorales transparentes, sin dinero sucio de por medio. En una elección participan ciudadanos de un Estado y no extranjeros. Si corporaciones internacionales financian campañas se produce una intromisión que avasalla la soberanía popular manifiesta en el sufragio.

Se impone un nuevo marco legislativo que, con amplio consenso político y ciudadano, regule la financiación privada y el uso de los recursos públicos. Que contemple sanciones penales y económicas para las transgresiones. Los políticos astutos y ambiciosos siempre intentarán evadir o burlar la ley pero su aplicación requiere voluntad política, fondos adecuados y sanciones penales apropiadas. El único camino a la integridad y a la transparencia política.

 
 

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