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Opinión


14 Diciembre, 2018.

Se terminó el simulacro (y los numeritos)

Ante el fracaso político de la movilización popular --no sale a la calle ni Dios-- los que le hablan al oído del presidente le han creado un supuesto estado de opinión pública, a través de encuestas y de lectura interesada del referéndum.

Román Cendoya

| Columnista invitado

El referéndum del domingo demostró que el pensamiento único no es tan fácil de imponer. El resultado de referéndum es el que es. Y no debe ser lo que no es.

Bien es cierto que el presidente la república y su trama de palmeros y conspiradores intentan utilizar el resultado como algo que no es. Trampa propia de aprendices de brujo y de aspiracionales a dictador. Todos los que están alineados con el presidente agitan el “éxito” del referéndum como un respaldo indiscutible a favor del presidente.

Las preguntas fueron cuatro y preguntaban lo que preguntaban. La nueva conformación de la Junta Nacional de Justicia (antes Consejo Nacional de la Magistratura) de la que la ciudadanía no tiene capacitación para  votar sobre la misma, la no reelección inmediata de congresistas –aceptando todo el mundo que le usurpen un derecho fundamental como el de la libre elección–, el no retorno de la bicameralidad en el Parlamento y el financiamiento a los partidos. En ninguna pregunta se cuestionó nada sobre el presidente Vizcarra –en euskera, la lengua vasca, “espalda”–, y tampoco se preguntó nada sobre la disolución del Congreso o la conducta que tiene que tener este a partir de ahora. El presidente propuso al Congreso de la República este referéndum y el Congreso aprobó la celebración del mismo.

Los conspiradores al servicio del presidente, los que montan el estado de opinión con los numeritos que publican, están excitadísimos con ese más del 80% de apoyo que han recibido del electorado. Ya el sábado, Ipsos comenzó a crear ese oportuno estado de opinión. Se pueden leer como lo hacen los palmeros —de forma parcial y sesgada— en favor de los intereses del presidente. O se pueden leer en su integridad.

Los datos reales del referéndum son que sobre lo 22 227 581 electores, y solo 9 941 747 votaron SÍSÍSÍNO. Es decir, el 44,7% del total de votantes apoyaron al presidente Vizcarra a pesar del respaldo de los medios, de los numeritos de IPSOS, de la irregular acción de algunos “capacitadores” –manipuladores– de la ONPE y el papel de otros asimilados. No votaron 5 658 002 y viciaron su voto, o lo hicieron en blanco, 3 313 916 ciudadanos. Y otros 3 31 916 votaron por opciones diferentes a las propuestas por el discurso único. ¿Dónde está el éxito?

En resumen, el “exitazo “de Vizcarra –ya que ha montado un plebiscito– es que tiene el apoyo de solo el 44,7% de la ciudadanía. Ooohh, se acabó el simulacro y hay otros numeritos. Los completos, los reales. La realidad es que con ese resultado, el Congreso ha recibido un mandato de las urnas para hacer una ley de financiación de partidos políticos con fondos públicos; deben modificar la forma del Poder Judicial; no tienen que crear un Senado y saben que cuando termine su periodo legislativo no volverán a presentarse. Nada más. Todo lo que no sea esto (mal que le pese a IDL o a Ipsos) es manipulación, demagogia y usurpación de la voluntad popular.

Ante el fracaso político de la movilización popular –no sale a la calle ni Dios– los que le hablan al oído del presidente le han creado un supuesto estado de opinión pública, a través de encuestas y de lectura interesada del referéndum. Sin alternativa al discurso de pensamiento único, el presidente ha recibido un respaldo que está por debajo del 50% de la población. Solo los interesados pueden creer que el presidente ha sido ratificado por la urnas con un poder total y sin límite.

El problema está en que ya ha pasado el referéndum, y Vizcarra sigue instalado en la misma incapacidad de gestión del gobierno. No se construyen puentes, continúa la anemia y parece que va a llegar otro Niño sin que se haya reconstruido lo roto por el anterior. Hacer algo de lo que de verdad sirve a los ciudadanos… nada. Solo la empresa privada mantiene el crecimiento de la economía del país. Eso sí que es un número.


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