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Opinión


10 Septiembre, 2018.

¿Se aprendió algo de la crisis de 2008?

Solo en los Estados Unidos, entre finales de 2008 y principios de 2009 cada mes perdían su trabajo 800 mil personas. En 2015, más de nueve millones de familias estadounidenses perdieron sus hogares por ejecución hipotecaria.

Dennis Falvy

| Columnista invitado

Pasaron piola en la crisis del 2008: el exsecretario del Tesoro de Estados Unidos, el principal directivo de Citigroup, los ejecutivos de la centenaria firma de inversiones Merril Lynch y los del gigante mundial de seguros AIG nunca fueron a la cárcel; ni siquiera a juicio. Un informe de 2016 de The Wall Street Journal señaló que de 156 casos penales y civiles iniciados tras la crisis –contra diez de los mayores bancos de Wall Street– solo en el 19% se identificó a responsables y, de ellos, apenas uno entre 47 era miembro de la dirección.

Adam Toozha ha señalado que lo que vimos fue “la peor crisis financiera en la historia mundial, incluida la Gran Depresión”.

El problema comenzó en el 2007 con una recesión en Estados Unidos y Europa de los mercados de bienes raíces: la denominada “crisis subprime”, que puso  a todo el sistema financiero en alerta. El desplome fue peor que el de 1929, pues el tamaño de las finanzas había crecido exponencialmente. En 2008, la escala y la velocidad de la implosión fueron impresionantes: secaron en demasía los flujos de capital y llamaron a una profunda recesión. En menos de un año, las exportaciones mundiales disminuyeron en un 22%.

Solo en los Estados Unidos, entre finales de 2008 y principios de 2009 cada mes perdían su trabajo 800 mil personas. En 2015, más de nueve millones de familias estadounidenses perdieron sus hogares por ejecución hipotecaria. En Europa, los bancos y las finanzas públicas frágiles crearon una crisis que casi divide la zona del euro.

Diez años más tarde, existe poco consenso sobre el significado del 2008 y sus secuelas. Hay narraciones parciales que han surgido para poner de relieve aspectos de la crisis, como la imprudencia del gobierno y la delincuencia privada. En Europa, los líderes culpan de todo a los americanos. Y, claro, queda patente la impunidad de los culpables pese a las investigaciones.

Los macroeconomistas del mundo habían advertido sobre los desequilibrios globales, los déficits presupuestarios y la acumulación de China por deuda de Estados Unidos. En 2006, por ejemplo, el economista Paul Krugman llamó la atención sobre un “Wile E. Coyote moment“, en el que los inversores reconocían los fundamentos pobres de la economía de Estados Unidos. Los chinos redujeron su participación en empresas patrocinadas por el gobierno de U.S. como Fannie Mae y Freddie Mac, y aumentaron sus compras de bonos negándose a unirse a los rusos en un ataque al dólar.

Lo que enfrentaron las autoridades estadounidenses fue una implosión del sistema bancario transatlántico, una crisis del capitalismo financiero. En setiembre de 2008 el ministro de Finanzas alemán, Peer Steinbrück, declaró que era un “problema de los EE. UU.” que los haría perder “su estatus como superpotencia del sistema financiero”. Se equivocó, sin embargo: fue global.

Para salir del problema, la flexibilización monetaria (Qo) fue la alternativa. Hoy día todos nos preguntamos, no sin temor, qué haremos si se declara una nueva crisis.


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