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Opinión


30 Octubre, 2018.

¡Se aplacó la sed de los medios! ¡Aleluya!

La Ley Mulder era muy restrictiva y tenía un tufillo de venganza, pero que se pidiera su inconstitucionalidad sin una propuesta que regulase la publicidad estatal ha resultado absolutamente irresponsable. No se puede abrir el caño de esa manera, por más sediento que esté el receptor.

Hace apenas unas pocas semanas el Tribunal Constitucional dictó sentencia que declaraba la inconstitucionalidad de la ley que prohíbe la publicidad estatal en medios de comunicación privados. Inmediatamente se puso en movimiento la maquinaria de dinero, la danza de los millones, con una celeridad impresionante para nuestro adormilado sector público.

La prensa ya puede respirar: las cifras en sus balances que iban cada vez más rojas y preocupantes verán pronto el color celestial. Los despistados ministros, de los que pocos se acuerdan –estoy segura de que si se hiciera una encuesta hoy serían contados con los dedos aquellos que conocerían sus nombres– pronto tendrán portadas y sus agitadas actividades serán exitosas noticias. ¡La vida y la popularidad le vuelven a sonreír al Ejecutivo! Nos avasallarán con coloridos publirreportajes, inauguraciones y promesas y, como la prensa lo dice, TODO adquirirá rasgos de indiscutible VERDAD.

¡Haga su sueño realidad a través de la publicidad en medios privados!

La ley que promovió el congresista Mulder con el apoyo del fujimorismo era muy restrictiva. Tenía un tufillo de venganza, pero que se pidiera su inconstitucionalidad sin una propuesta que regulase la publicidad estatal (y sus mecanismos de transparencia y control) ha resultado absolutamente irresponsable. No se puede abrir el caño de esa manera… por más sediento que esté el receptor. Imagino el sufrimiento del ministro Oliva –quien con sabiduría sostiene que los países con baja institucionalidad tienen que cuidar mucho el gasto y la deuda pública– bajo la enorme presión de sus pares para hacer desembolsos rápidos y generosos.

Uno de los argumentos que utilizó el Gobierno hasta el agotamiento, pero sin ninguna prueba que lo sustente, fue que sin publicidad en medios privados era IMPOSIBLE combatir la anemia o llevar a cabo campañas de salud con éxito. Exceso de cinismo diría: la anemia no ha parado de subir estos últimos años y muchas madres gestantes en la sierra no tienen idea de que existe el SIS o de que es indispensable controlar su embarazo.

El Comercio sostiene que un aviso en el diario Trome es visto por 1 737 927 personas y que la prensa escrita sigue teniendo una inmensa credibilidad. Ni ellos mismos se la creen, pero todo vale para justificarse. Más bien el Gobierno debería asumir el compromiso de sustentar con estadísticas reales que la publicidad estatal en medios privados es indispensable y que cumple objetivos. Necesitamos una transparente y permanente evaluación del costo beneficio, y que cada sector justifique el gasto. Se trata de dinero público que bien podría usarse en otras mil necesidades desatendidas.

Nuestro país tiene una geografía muy accidentada (una de las causas de nuestra pobreza) que vista desde un avión nos causa escalofríos. No solo por lo imponentes que pueden ser los Andes, sino por la complejidad y el desafío que significa vivir en ellos. Se ven pequeños caseríos absolutamente aislados e incomunicados donde es evidente la ausencia del Estado y los grandes salvadores son… ¡los medios de comunicación privada, por supuesto! ¿Acaso no llevan “esperanza” a cada rincón del país? ¡Aleluya!


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