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Opinión


23 Noviembre, 2017.

Parásitos, pescado y SANIPES: pachocha mortal

Recién veinticuatro días después de haber recibido el oficio del MIDIS alertando el hallazgo de parásitos en conservas utilizadas en el programa Qali Warma, el SANIPES reacciona. ¿Tan poco vale la salud de los peruanos?

Recién veinticuatro días después de haber recibido el oficio del MIDIS alertando el hallazgo de parásitos en conservas utilizadas en el programa Qali Warma, el SANIPES reacciona. ¿Tan poco vale la salud de los peruanos? ¿No saben cómo enfrentar el problema o hay intereses ocultos que los atan de manos? ¡Como fuera es inexcusable!

El comunicado mediante el cual SANIPES informó tímidamente que se había detectado la presencia de gusanos en un lote de conservas de caballa en salsa de tomate —fabricado por la empresa china Tropical Food Manufacturing (NINGBO) Co. Ltd.— es del 17 de noviembre y ha recibido una escasa difusión. Revisé sus redes sociales (Facebook/Twitter) y sus publicaciones de advertencia eran casi de trámite: cero evidencias del alto riesgo al que estamos expuestos. Resaltaban aquellas sobre conferencias de acuicultura o foros internacionales, y ninguna campaña de alerta sanitaria real dirigida a la población.

El Internet, por su gran velocidad y alcance, debería haber sido el primer vehículo utilizado por SANIPES. Es obligatorio que busquen la eficiencia, ¿o acaso es pedir mucho para una entidad del sector público donde generalmente reina la impunidad? Nadie sabe; nadie responde.

Debieron dar un mensaje simple y claro utilizando los nombres comerciales de los productos y coordinando estrechamente con todas las empresas que comercializan conservas de origen asiático. Se esperaba una medida rápida y efectiva; sin embargo, nuevamente ha quedado demostrado que en el Perú las autoridades solo funcionan por miedo o por presión. Pareciera que no tuvieran claro cuáles son sus responsabilidades y simplemente reaccionan cuando son sorprendidas. El planeamiento y la estrategia es parte de su página web, no de la vida real.

Tampoco se trata de que ante el error pidan la cabeza del jefe para calmar los ánimos, sino que deben internalizar que su rol primigenio es evitar el daño. Cualquier compensación suele ser tardía y por demás ineficiente.

Es sabido que la flota china pesca dentro de las 200 millas del litoral peruano y que el proceso industrial que termina con la conserva para “consumo humano” se realiza en buques factoría, con cuestionables condiciones de salubridad. ¿Dónde está la Dirección General de Capitanías que tiene la obligación de proteger nuestra soberanía marítima? Si su infraestructura es insuficiente, debe potenciarse: sería un claro ejemplo de priorización del gasto público.

El problema no es privativo de la China. La acompaña Tailandia, con la que el Perú firmó un TLC en el 2010. En el artículo publicado por el diario Correo el 15 de enero de 2016, la Sociedad Nacional de Industrias denunció que el mercado peruano estaba inundado de conservas de atún de origen tailandés, producida a costos bajísimos por las indignantes condiciones laborales (casi esclavizantes) a las que someten a su fuerza laboral que proviene principalmente de Camboya, Laos y Myanmar. Es un clamor mundial, también denunciado a través de una exhaustiva investigación realizada por The Guardia  y por Associated Express sobre trata de personas, la cual llegó a merecerles un premio Pulitzer.

Resulta, entonces, que una de las industrias pesqueras más putrefactas del mundo es la que abastece al mercado peruano de conservas de pescado y, a pesar de los conocidos precedentes, el gobierno de AGP prefirió mirar de costado este aspecto durante la negociación del Tratado de Libre Comercio.

Gastón Acurio invoca a comprar productos de origen nacional pero el problema es que no hay oferta: únicamente Campomar es 100% peruana y tiene el 9% del mercado.  La competencia asiática es despiadada y nuestra economía está orientada a bajos precios, por lo que es una lucha muy complicada en un universo de violaciones a la libre competencia o incluso “dumping” que nadie pone al descubierto. Son el gobierno, la SNP y los propios empresarios los que tienen la responsabilidad de generar las condiciones para que la actividad pesquera alcance un mayor grado de industrialización. A la larga, el mercado sabrá apreciar la calidad y la garantía de salubridad.


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