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Opinión


14 Junio, 2018.

Salvemos a la prensa

No se puede servir a dos señores al mismo tiempo: ¡escojan entre la verdad o el dinero!

Jorge Villena

| Columnista invitado

En una ocasión, durante un curso de comunicación política en México, tuvimos como profesor a un excanciller que nos puso al tanto de ciertos entretelones de un incidente entre el entonces presidente de México, Vicente Fox, y el dictador cubano, Fidel Castro.

Fox era anfitrión de una cumbre de la ONU y llamó por teléfono a Fidel para pedirle moderación su discurso y ofrecerle sentarse a su lado en el almuerzo; una vez concluido este debía retirarse ya que por la tarde llegaba George Bush y era preferible evitar un incómodo encuentro entre ambos.

Fidel Castro había grabado la conversación telefónica y la hizo pública, denunciando un supuesto maltrato. La prensa mexicana recogió la noticia y la publicó con un pomposo (y falso) titular: “Fidel, comes y te vas”. Esto provocó la inmediata reacción del gobierno, puesto que en ninguna parte del audio Vicente Fox se había expresado de esa forma. El excanciller mexicano nos contó que fue indignado a reclamarle al dueño del diario tremenda distorsión, cuestionándolo por qué la prensa solo destacaba lo malo del gobierno y las cosas buenas ni las mencionaban, a lo que el experimentado hombre de prensa le respondió: “Las malas noticias se venden solas, las buenas noticias son publicidad y esa tienen que pagarla”

Hoy en México se está debatiendo una medida similar a la Ley impulsada por el congresista Mulder, que busca restringir el exagerado gasto público en publicidad, en la práctica un subsidio a esas empresas privadas llamadas medios de comunicación.

Como un medio de comunicación es ante todo un negocio, si tiene como principal fuente de ingresos la publicidad estatal condiciona en los hechos su línea editorial. Es menester, entonces, defender la libertad de expresión de todo tipo de condicionamiento. La Ley Mulder no regula, recorta ni impone contenidos a los medios: solo prohíbe al Estado el despilfarro de dinero de los contribuyentes que, según los expertos, ascendería a un millón de soles diarios. A ver, ¿quién atenta contra la libertad de expresión? ¿El Congreso con una ley de austeridad o el Ejecutivo que condiciona con su enorme billetera?

La prensa debe fiscalizar al poder, incomodarlo; no hacer negocios con él ni depender de su dinero. Se debe al público, no al presupuesto público; se debe a la sociedad quien la premia o castiga con su audiencia, no a quien le paga la publicidad.

No se puede servir a dos señores al mismo tiempo: ¡escojan entre la verdad o el dinero!


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