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Opinión


3 Septiembre, 2017.

Salud pública de porquería

Sería injusto echarle la culpa al actual gobierno de la crisis del sector Salud. Sin embargo, sí es justo exigirle una respuesta: ¿qué está haciendo para asegurar que, al menos, nunca más la burocracia mate a un paciente?

Paolo Benza

| Columnista

La salud pública peruana es una porquería y todos lo sabemos. Hace unas semanas en Cusco enfermé de influenza tipo A, que se complicó con neumonía, y estuve internado en una clínica. Cuando me estabilizaron y me dieron el alta, necesitaba tratarme con Tamiflu (Oseltamivir).

Ninguna farmacia en Cusco vendía ese medicamento, ni siquiera su genérico. El único lugar donde podía conseguirse —debido a que el Estado mandó un stock durante la epidemia mundial del 2010— era el Hospital Antonio Lorena. En el Lorena (que no es de EsSalud, sino del Minsa y que para todo efecto práctico constituye la misma desgracia en caso seas paciente) le enseñé mi receta de la clínica al encargado de la farmacia. “No te lo puedo dar. Necesitas que un doctor del hospital te dé una receta y te llene este formulario”, me dijo. “Pero los doctores están en huelga, no puedo sacar una cita, es el único lugar en Cusco que tiene la medicina y acá tengo mi receta”, le respondí. “Imposible. Vas a tener que suplicarle a un doctor de guardia en Emergencia que te lo llene”.

En Emergencia el primer doctor que abordé me dijo que no podía hacerlo porque era pediatra. El segundo me dijo que no estaba de turno, sino que sólo había ido a llenar unos papeles. Me fui del hospital insultando al mundo y, felizmente, logré agenciarme el envío de la medicina desde Lima. Yo tengo la suerte de poder hacer eso: muchos de los cusqueños, no. Y la influenza no tratada, como ocurrió en el 2010, mata.

No estamos hablando de horas perdidas en una cola ni de dinero tirado al agua, ni siquiera de niños que egresan sin comprender lo que leen, estamos hablando de gente que se muere. La salud pública peruana es una porquería y la gente se muere por eso. No hay paliativo, no hay remedio, no hay segunda oportunidad después de la muerte.

Y el paradigma de esa miseria ocurre cuando el paciente muere no por una mala práctica médica, ni siquiera por deficiencia de equipamiento o ausencia de insumos, sino por una maldita formalidad burocrática. Porque no presenta un documento o porque no llena un formulario administrativo.

La salud pública peruana es una porquería desde hace muchos años y sería injusto echarle la culpa de ello al actual gobierno. Sin embargo, sí es justo exigirle una respuesta: ¿qué está haciendo para asegurar que, al menos, nunca más la burocracia mate a un paciente? ¿Puede la ministra de Salud enumerar tres medidas que el gobierno está tomando para ello y, de paso, decirnos qué se está haciendo para reformar el SIS después del escándalo de Moreno y sus ‘negociazos’?

Una de las banderas de PPK cuando inició gobierno fue hacer más simple el Estado. No más colas, no más trámites innecesarios, no más burocracia que obstruya el desarrollo. El problema es que un Estado más simple no solo lo necesitan las empresas o los clientes del Banco de la Nación. A veces, muchas veces, lo necesita la gente para no morir.


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