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Opinión


13 Enero, 2019.

¿Roche naranja?

¿Por qué hacer una cuestión de Estado para finalmente recular? Un conocido legislador fujimorista respondió: "Se trató de una mera cuestión de honor”.

Aaron Salomón

| Periodista

La bancada de Fuerza Popular retrocedió vergonzosamente en el pedido de censura en contra del presidente del Congreso, Daniel Salaverry, por incumplir con el reglamento. Según señaló la vocera alterna “naranja”, Luz Salgado, la decisión supuestamente se tomó porque “primero está el Perú, al margen de nuestras posiciones políticas y de los agravios y falsas acusaciones que nos han hecho”.

Pero, evidentemente, FP se tiró atrás porque no iban a llegar ni a los 35 votos de legisladores que firmaron la moción para remover a Salaverry.

Lo que ha hecho este grupo parlamentario –apaleado a diario, vale decir, por el cartel mediático tildándolo de “obstruccionista”– solo abona en la tesis de que sus integrantes andan como “pollo sin cabeza” ante el injusto encarcelamiento preventivo de su lideresa Keiko Fujimori. Me pregunto: si ya sabían que su solicitud (porque era demasiado obvio ante el respaldo ganado por el presidente del Congreso) no iba a tener los resultados esperados, ¿por qué hacer una cuestión de Estado para finalmente recular? Un conocido legislador fujimorista me decía que se trataba de una mera “cuestión de honor”.

¿Podemos esperar, entonces, que en las próximas sesiones del Pleno aparezcan nuevos Alberto de Belaunde? Para ser justos, este nuevo talante “dialogante y conciliador” que pretende adoptar FP parece el mismo asumido por Fujimori Higuchi en los últimos días, quien apoyó al mandatario Martín Vizcarra en su proyecto inconstitucional para intervenir el Ministerio Público. ¿El resultado? Keiko sigue tras las rejas sin sentencia.

¿Seguiremos viendo cómo saltan del barco más de sus miembros? El yerro de Keiko Fujimori, a todas luces, fui incluir en su lista congresal a independientes sin mística partidaria cuyo único mérito fue inyectar dinero a las arcas fujimoristas. Y es que, en su benévolo afán transformador, la excandidata presidencial se deshizo de importantes personajes duros y duchos, como María Luisa Cuculiza o Alejandro Aguinaga, que hubieran dado batalla en estos momentos de desgracia.

¿Le queda fuerza y popularidad a Fuerza Popular o el partido de oposición que hasta hace solo tres años vez fue el más significativo del país se ha reducido a un puño de políticos que –salvo honrosas excepciones– solo cumplen lo que impone el Ejecutivo?


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