toggle menu

Opinión


5 Diciembre, 2018.

#Referéndum: Peruano, te han timado y no eres capaz de verlo

Esta es la triste historia: te han vendido el referéndum como el camino a la salvación y no se trata más que de un simple mecanismo de consulta popular para medir la fuerza del Gobierno.

Cuando gran parte de un país cifra sus esperanzas en la ocurrencia de un evento inflado, maquillado y cuyo contenido se conoce de manera muy superficial, es que se trata de un pueblo profundamente engañado.

Peruano: te han timado y no eres capaz de verlo. Te han vendido el referéndum como el camino a la salvación y no es más que un simple mecanismo de consulta popular para medir la fuerza del Gobierno; una herramienta de legitimización de un presidente que llegó al poder en circunstancias poco felices, que no estaba preparado para gobernar y que se ha rodeado de asesores que le han impuesto una tónica populista a su discurso, para tratar de posicionarlo a través de la publicidad e interminables ofrecimientos de exigua bonanza.

Si acaso ganara la “fórmula mágica” que nos vende Martín Vizcarra (Sí-Sí-Sí-No) –y que el ministro de Justicia confirma, sin ningún recato, en una entrevista el pasado domingo en el diario El Comercio– nos intoxicarán de prepotencia. Las tendenciosas “capacitaciones” de algunos funcionarios de la ONPE dejan al descubierto que no se pueden dar el lujo de perder, poniendo en tela de juicio la credibilidad de las encuestas, que anticipan un paso de vencedores; sin embargo, mucho cuidado, podría tratarse de las Horcas Caudinas y tener que enfrentar una derrota para la que no están preparados.

A falta de información clara y transparente, este referéndum se ha convertido en la más emblemática expresión del reduccionismo, limitado a cuatro adverbios monosilábicos de afirmación, negación o una combinación de ambos, repetidos de memoria como una tonadilla popular. Los referéndums solo deberían usarse a continuación de un debate público bien informado y participativo, y no como un mecanismo de exterminio político.

No se trata de buscar chivos expiatorios en el otro bando. Todos sabemos –indistintamente de lo que expresemos en nuestro voto– que hoy el nivel de maniobras e intrigas del Poder Judicial es absolutamente inmoral y censurable, así como los índices de ineficacia y deshonestidad del Congreso. Son unas rémoras: de una lentitud pasmosa, con absoluta incapacidad para tomar decisiones con rapidez y en beneficio del país. Se han ganado a pulso su altísimo nivel de desaprobación.

A nadie le cabe duda de que los tres poderes del Estado están en coma, que necesitan una reorganización integral (el Ejecutivo con ese Gabinete incompatible, tampoco se queda atrás); sin embargo, un referéndum apresurado no es la vía más eficiente. Este tipo de cambios no se da automáticamente; hay muchas aristas que revisar, pero la principal es la relativa a las personas. Mientras que la política o la carrera judicial sea vista como una alternativa para volverse rico a costa del chantaje o el dispendio del dinero ajeno, no habrá ley que lo cambie.

La gran tragedia para el ciudadano de a pie –que piensa que el referéndum es la panacea– es que nada va a cambiar luego del 9 de diciembre si es que el presidente consigue los resultados deseados. Simplemente se consolidará en su poder, se envanecerá, seguirá enriqueciendo a las regiones (sus más fieles y convenidas aliadas) y seguirá posando para la cámara en efímero olor a multitud.

Qué triste nuestra historia, pero más doloroso aún es que los peruanos no perciban la magnitud de este gran montaje (con pérdida de tiempo y dinero) de lo absurdo de esta obnubilación que nos va a pasar una factura más a nuestra costosa y trajinada historia.


Etiquetas: , , , , , , , ,