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Opinión


28 Mayo, 2018.

Recordemos siempre a Lesly Shica

Para Lesly el cielo es el límite y, evidentemente, la actitud de la ministra La Rosa no la va a detener en su carrera profesional. Al contrario, le da oportunidad de capitalizar la experiencia y saber reconocer a sus enemigos. Sí preocupa, sin embargo, que la indignación ciudadana pierda fuerza.

Súbitamente ese nombre poco común ha llenado nuestras redes y lo hemos escuchado muchas veces estos últimos días. Lesly Shica es la flamante víctima de los caprichos ideológicos de la ministra del MIDIS, Liliana La Rosa.

Imagino que en ese ministerio la señora La Rosa no es la única con tales arranques… salvo que el presidente Vizcarra en un momento de valor y coherencia le pida que dé un paso al costado, no solo como una sanción ejemplificadora de que en su Gobierno no se admiten abusos o violaciones constitucionales ni atentados contra la democracia sino para evitar la manipulación de los programas sociales (¡demasiado dinero en manos del Frente Amplio!).

Sin perjuicio de que la señora La Rosa regrese al Decanato del Colegio de Enfermeras del Perú, a la actividad privada o a su casa, es importante que el nombre de Lesly Shica Seguil y su rostro vayan acompañados de su historia, traducida en esfuerzo, superación y mérito. A esta joven nadie le ha regalado nada: es más bien el ejemplo de que quien persevera alcanza. Es una abogada de 24 años con una trayectoria profesional –que a varios sorprende por su corta edad– que no es producto de la fantasía o la mentira como el caso de la congresista Yesenia Ponce o del magistrado Eloy Espinoza, sino de miles de horas invertidas en estudio y trabajo una dosis de suerte. Porque es innegable que no a todos los luchadores se les abren puertas durante su vida y Lesly tomó el íntegro de las oportunidades que se le presentaron: estudió becada toda la secundaria en el colegio Santo Domingo de Guzmán de San Juan de Lurigancho y luego, por sus notas sobresalientes, también fue becada en la carrera de Derecho de la UPC.  Nada ha sido fácil para ella; su excelencia la consiguió a pulso.

Como en muchísimas familias de nuestro país, su madre le brindó un apoyo fundamental: se multiplicaba para cumplir varios trabajos temporales que le permitieron, a duras penas, mantenerla con decoro y lograr que se hiciera camino en esta jungla llamada Perú.

Para Lesly el cielo es el límite y evidentemente la actitud de la ministra La Rosa no la va a detener. Al contrario, le da oportunidad de capitalizar la experiencia y saber reconocer a sus enemigos. Sin embargo, me preocupa que la indignación ciudadana pierda fuerza. No debemos ser una sociedad tan complaciente y poco comprometida: este tipo de agravios no puede quedar impune solo porque nuestros timoratos gobernantes –tan caballerosos y políticamente correctos– no le dan solución.

El premier César Villanueva ha anunciado en entrevista con el Diario Correo (publicada el domingo) que se reunirá con Liliana La Rosa para pedirle explicaciones sobre por qué en el MIDIS se exigió la renuncia de Lesly por haber criticado a la congresista María Elena Foronda y la contratación de Nancy Madrid. Me temo que la ministra empapelará al premier y le seguirá dando las absurdas explicaciones que repite desde el viernes por la mañana, o simplemente nunca tocará el tema. No tiene el coraje ni realmente le importa.

El viernes pasado al mediodía una periodista de un canal de televisión –luego de insistir mucho– le hizo un extenso reportaje a Lesly Shica con el ofrecimiento de trasmitirlo a la brevedad; sin embargo, no solo no lo difundieron sino que omitieron tratar el tema durante la entrevista al presidente Vizcarra. Evidentemente, ¿por qué habrían de arriesgar sus jugosos ingresos por publicidad estatal a causa de una joven abogada desvinculada del MIDIS por razones ideológicas? Es la última de sus prioridades, ¡porque a los gobernantes de turno ni con el pétalo de una rosa!

En fin, estoy segura de que Lesly Shica llegará muy lejos para bien de nuestro país. Inteligencia, energía y ganas no le faltan. Dentro de unos años este triste episodio que hoy empaña nuestra democracia será una simple anécdota para ella; de Liliana La Rosa no quedará ni el simple recuerdo de su arrogancia.


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