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Opinión


4 Febrero, 2018.

¡Reciprocidad!

El Perú hoy goza de una buena economía y ello le permite recibir a inmigrantes dispuestos a trabajar. Seamos solidarios y realistas: el mundo da muchas vueltas.

Absolutamente en desacuerdo con el artículo de Fernando Vivas sobre la ola de inmigrantes venezolanos en el Perú. En primer lugar no veo a nadie alentar esta ola, absolutamente espontánea y resultado de la movilización de ciudadanos por todo el mundo, y que obedece a diferentes motivos. En el caso que nos ocupa, se trata de gente buena y desesperada —deseosa de un mejor horizonte para sus familias— que abandona su patria huyendo del “paraíso socialista de Maduro”.

Si un ciudadano venezolano (o de cualquier otra nacionalidad) está dispuesto a romperse el lomo para trabajar honradamente y competir con los peruanos, pues enhorabuena por este tipo de incentivo que eleva la calidad de servicio que los usuarios —es decir, todos nosotros— recibiremos. Igual ocurre con los millones de peruanos establecidos en otras partes del mundo: seamos recíprocos, entonces, por una elemental cuestión de coherencia y justicia. ¿No les parece?

Por lo demás, ahí están los miles de ejemplos que escuchamos a diario sobre experiencias satisfactorias en diversas áreas de servicios que brindan los hermanos venezolanos.

De otro lado resulta absurdo apelar a una supuesta discriminación que conlleva esta inmigración, al sostener que los venezolanos están desplazando a los peruanos por ser “blancos y atractivos” (sic). Puede ser que cierta apariencia impresione en un primer momento para la contratación de alguien (sobre todo en el área de atención al público); pero si ese factor no viene acompañado de un rendimiento efectivo y satisfactorio no será sostenible en el tiempo y pasará a ser más bien un hándicap.

Asimismo, no es verdad que el país llanero no nos acogió con los brazos abiertos en el pasado. Sí lo hizo. Miles de compatriotas que huyeron de malos gobiernos o simplemente emigraron a Venezuela para desempeñarse en diversas actividades económicas “desplazaron” a los trabajadores venezolanos de aquella época, recibiendo un muy buen trato. Vivas cita una cifra del año 2000 cuando acababa este ciclo migratorio; no la cifra en el apogeo del ciclo, que fue muchísimo mayor.

Seamos solidarios y realistas: el mundo da muchas vueltas. El Perú hoy goza de una buena economía y ello le permite recibir a inmigrantes dispuestos a trabajar. Esto podría cambiar en cualquier momento, y ya quiero ver a Fernando Vivas y al congresista Justiniano Apaza buscar mejores horizontes en otros países para mantener a sus familias si es que acá se restringen las oportunidades.

Finalmente, resulta curioso apreciar como algunos encendidos opositores a Trump terminen por parecerse a este, al menos en este tema.


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