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Opinión


3 Junio, 2018.

¿Quién fue el iluminado que sugirió no prorrogar la Ley de Promoción Agraria?

Hubiera sido mejor que el Ejecutivo la incluyese en la delegación de facultades sobre la base de las metas de crecimiento de la agroexportación anunciadas por el ministro de Agricultura (US$ 10 mil millones al 2021).

Vivimos en una sociedad conflictiva y diversa, donde confluyen intereses antagónicos y exaltados. Somos intolerantes por una involuntaria insatisfacción, por la cotidiana violencia: esa que sobrellevamos desde que abrimos los ojos (si hemos tenido la suerte de cerrarlos por unas horas) y que sumada a la exasperación que generan las etéreas palabras y diáfanas promesas, hacen añorar hasta el cansancio, los entregables y contenido.

De locos es que nuestro país –que a duras penas intenta manejar sus problemas infinitos tales como la carencia de infraestructura, la inseguridad ciudadana y la desgarradora pobreza– esté en capacidad de abrirse nuevos frentes. Me pregunto quién será el iluminado que ha sugerido no prorrogar la Ley de Promoción Agraria, vehículo fundamental para la formalización en el campo y que ha rendido evidentes frutos a pesar de las cifras y exclamaciones de sus detractores. El Gobierno no ha debido pasarle esta papa caliente al Congreso; hubiera sido mejor que la incluyese en la delegación de facultades sobre la base de las metas de crecimiento de la agroexportación anunciadas por el ministro de Agricultura (US$ 10 mil millones al 2021), defendiéndola con fervor y mucha firmeza.

Si el ministro de trabajo, Christian Sánchez, se opusiera tajantemente y amenazara con dimitir sería una clara muestra de que la ideología prevalece sobre los intereses del país. Bueno, pues, ábranle la puerta para que se dé prisa, y nombren a un ministro promotor del trabajo y no a un sindicalista confuso. La indecisión y los escenarios nebulosos les juega en contra a la dupla de oro Vizcarra-Villanueva. Recuerden que cuanto más se manipule y politice un tema en los medios más difícil será marcar un derrotero.

La República, diario UNO –y todos los representantes del antisistema a la medida– desinforman tratando de presentar el tema como una pugna entre el Frente Amplio y la Confiep. La izquierda intenta, sin éxito, reciclar su desfasado discurso destacando los supuestos recortes y vulneraciones de los derechos laborales e invocando demasiado convenientemente que el Gobierno habría incumplido con las recomendaciones del Informe del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, en el sentido de poner un límite a los contratos de corta duración. No solo se alinean con el capitalismo cuando les conviene, sino que opinan sin tener en cuenta las particularidades del sector; en especial, su temporalidad para épocas de siembra y campaña.

Me pregunto si uno de estos distinguidos padres de la patria que vociferan desde su curul en el Congreso alguna vez en su vida siquiera han imaginado los riesgos y costos que implica la actividad agrícola (falta de infraestructura, de agua, traficantes de terrenos, plagas, huelgas de transportistas, factores climáticos, sobreoferta) o el posicionamiento de los productos peruanos en el exterior (otra vez carencias de infraestructura, altísimos costos logísticos, burocracia hostil, nuevas regulaciones entre gallos y medianoche, deficiencias en los empaques, cola para el embarque de los productos, alto riesgo en el caso de perecibles).

Nuestro país, bastante chicha en algunos aspectos aunque no nos guste reconocerlo, tiene que competir con destinos y mercados impecables. No hay otro camino que dar facilidades para compensar las carencias de competitividad. ¿Tan difícil es de comprenderlo, lúcidas mentes del Frente Amplio?

A más inri, deplorable es que se utilice como argumento los bajos aportes al Sistema de Seguridad Social. ¿Habrán caído en cuenta de que a la fecha se le debe S/. 5500 millones a ESSALUD, aparentemente incobrables, y que de todos los deudores resalta la Sunat con un monto de S/.471 millones? Si van a protestar que canalicen esos esfuerzos para ayudar a cobrar a los morosos, los verdaderos culpables de las crisis y desabastecimiento de los hospitales públicos del Perú.

En fin, los políticos son intercambiables en cualquier lugar del mundo. Todos, absolutamente todos, tienen agenda propia y clasifican las prioridades del país en el rubro “misceláneos”. Desafortunadamente no hay nada mejor: el hábito hace al monje. Por ello, nunca más vigentes las expresiones de Juan José Milla, columnista de El País: “Los políticos viven de la realidad, pero no viven en ella. Tarde o temprano todos encuentran el modo de fugarse, bien a través de túneles hábilmente excavados bajo los asientos del Congreso; bien a la luz del día, depende de lo dura que tengan la cara”


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