toggle menu

Opinión


12 Septiembre, 2018.

¿Qué le pasa al presidente?

Vizcarra está obligado a llegar a acuerdos viables. Para eso está dónde está, para eso representa lo que representa, para eso es el presidente. No se gobierna un país para someterse al Congreso --eso es impensable-- pero tampoco para pecharlo.

¿Qué le pasa al presidente? Ha dado declaraciones en las que amenaza con cerrar el Parlamento, y vincula esa posibilidad a la lucha contra la corrupción. Lo hizo primero ante una cadena internacional de noticias y luego en su reciente visita a Cajamarca. En buen castellano, acusa al Congreso de blindar la corrupción pero no precisa a qué o quienes se está refiriendo.

Una cosa es clara: busca una alianza con la población en lo parece ser la etapa previa a un enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo. Y nos hace preguntarnos qué está pasando ahí, por qué el presidente actúa de esa manera y qué hace que tenga esa posición tan confrontadora. ¿Tiene información confidencial sobre lo que se puede estar gestando en el Parlamento, está actuando de una manera populista, se está adelantando a una eventual moción de vacancia o simplemente está equivocado su estrategia?

La posición de Vizcarra simboliza además en el imaginario de la gente la indignación y la frustración que muchos sienten por la dicotomía existente entre el Ejecutivo y el Legislativo, por la mala relación (obstruccionista e inexperta) que ha existido desde el primer día entre el Congreso y el Ejecutivo. Tal vez también esté actuando desde cierto deseo de venganza por la forma como fue tratado el gobierno anterior, del cual era vicepresidente, o tal vez sienta que defiende posiciones principistas. Pero más allá de eso, el hecho es que las aguas se están moviendo y cada vez más, al punto que hay riesgo de que por segunda vez la gobernabilidad entre en zozobra. Sería muy grave y, obviamente, nadie lo desea.

Ya se habla de una segunda vacancia presidencial, ya se empieza a mover el tema, ya hay políticos que salen a declarar sobre esto. Y la gobernabilidad, desde esa perspectiva, nuevamente se empieza a empantanar. Podría darse pronto una crisis, y no hay hasta el momento señales de solución o de diálogo confluyente.

La pregunta es qué se debe hacer en este contexto desde la presidencia. ¿Azuzar el conflicto o calmarlo; darle tranquilidad al país o levantarlo contra el Congreso?  Si el presidente se enfrenta al Congreso como un llanero solitario, obviamente va a obtener una respuesta en bloque por parte de la mayoría parlamentaria; y si esto ocurre, ¿va a terminar ganando o perdiendo? Hasta podría ser vacado en el intento, y es que no es cuestión de valentía sino de manejo político.

Un presidente debe buscar soluciones y resulta obvio que la idea de los referéndums (cuatro en total) no está prendiendo. ¿La razón? Vizcarra intentó establecer la no reelección parlamentaria. Ahora además habla de los referéndums como un paquete integrado, y al hacerlo lo etiqueta como lucha contra la corrupción. ¿Qué tiene que ver la no reelección con la lucha contra la corrupción?

El presidente está obligado a llegar a acuerdos viables. Para eso está dónde está, para eso representa lo que representa, para eso es el presidente. No se gobierna un país para someterse al Congreso –eso es impensable– pero tampoco para pecharlo. Es muy obvio que sorprendió al Legislativo con la iniciativa de no reelección, pero lo que fue una medida audaz, inteligente y populista ahora se está convirtiendo en una confrontación peligrosa.

La discrepancia es porque Vizcarra busca también un referéndum sobre la no reelección al Congreso, pero no hay desacuerdo en la necesidad de reorganizar el Consejo Nacional de la Magistratura. En esa disyuntiva ganará en el Congreso, como es obvio, el más fuerte, y por lo menos hasta el 2021, guste o no guste, la mayoría es de la oposición.

La gobernabilidad, sin renunciar a la ética, a la moral y a los principios, debe ser cuidada y protegida. Y Vizcarra, al pechar y amenazar al Parlamento como lo está haciendo está moviendo las aguas con cierta irresponsabilidad populista, y mostrando además un deseo de confrontación y no de confluencia. A mucha gente le gusta eso, hay espectáculo para un rato, pero no se puede gobernar desde la presidencia para las tribunas. Urge que Ejecutivo y Legislativo se sienten a conversar y lleguen a una acuerdo.


Etiquetas: , , , , , ,