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Opinión


7 Mayo, 2018.

¿Qué es la OCDE? Un frenesí

Es gratificante que representantes de otras latitudes vean al Perú como un país que se esfuerza en salir adelante, que se compromete en sus acuerdos internacionales y que se interesa por implementar políticas públicas que trascienden gobiernos para que los beneficios se mantengan en el tiempo.

Aldo Parodi Revoredo

| Columnista invitado

Ni sombra ni ficción, pero sí una ilusión que nos debe llevar a mejores políticas públicas que redunden en beneficios concretos para nuestros conciudadanos. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es un espacio donde los países miembros y aquellos en proceso de adhesión, como el Perú, intercambian experiencias que ayuden a encontrar soluciones a problemas concretos y que generen cambios positivos principalmente en las áreas económica, social y ambiental.

Con frecuencia leo artículos donde se menosprecia el esfuerzo del Estado peruano en participar activamente en este foro, aduciendo que estamos a años luz del desarrollo –quizá influenciados por un cierto pesimismo a raíz de los destapes de corrupción, de nuestro tránsito caótico y de la lentitud con la que se desarrollan los proyectos de inversión–; sin embargo, son otros los ojos con los que nos mira el mundo.

Tengo la oportunidad de asistir a los Comités de Comercio y de Turismo en la OCDE y es gratificante que representantes de otras latitudes vean al Perú como un país que se esfuerza en salir adelante, que se compromete en sus acuerdos internacionales y que se interesa por implementar políticas públicas que trascienden gobiernos para que los beneficios se mantengan en el tiempo. El hecho de que en difíciles tiempos políticos nuestro país haya logrado con madurez una transición democrática ha sido otro ejemplo de que, a pesar de todos nuestros problemas y diferencias, los peruanos tenemos un interés en común: el desarrollo inclusivo dentro de un orden democrático y de integración internacional.

Pronto el Perú entrará en la hoja de ruta que le permitirá en algunos años ser miembro pleno de la OCDE, pero el trabajo no empieza ni termina allí. Para aprovechar aún más todas las experiencias que en ese foro se comparten, además de seguir enviando a funcionarios a las distintas reuniones y comités sería conveniente complementar la encomiable labor de nuestra misión diplomática con la constitución de un equipo de trabajo técnico en París. Representantes de las principales instituciones del país maximizarían nuestra participación y obtendrían el mayor beneficio de este importante foro, lo cual también fortalecería nuestra candidatura.

La OCDE no es un fin: es un viaje que nos permite aprender de las vivencias, compartir experiencias y soñar con un mundo mejor. Pero si para Calderón de la Barca toda la vida era “sueño y los sueños, sueños son”, nuestro deber es convertir estos sueños en realidad para el bienestar de todos.

 


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