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Opinión


24 Enero, 2019.

¡Qué duros para aprender somos!

Primero Cajamarca y ahora Moquegua: ¿qué derecho tiene un gobernador regional de ahuyentar la inversión y de atentar contra el desarrollo del país?

“Quizás la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de historia”. Esta exquisita frase de Aldous Huxley parecería aplicarse a la perfección a los peruanos. Nada aprendemos: nuestra vocación por repetir errores históricos es infinita y demasiado costosa.

Gracias al cuestionable –por no usar un término más duro– gobierno de Gregorio Santos en Cajamarca, a la negativa rabiosa de desarrollar el proyecto Conga y a la capitalización política del discurso contra la minería, la otrora floreciente Cajamarca languidece. Su economía hace agua: se ha convertido en una de las regiones más pobres del país, con uno de los porcentajes más altos de anemia y, por supuesto, de infelicidad.

Han pasado ocho años desde la suspensión del Estudio de Impacto Ambiental de Conga y del inicio de protestas masivas en contra el proyecto: una inútil declaratoria de guerra que determinó la muerte de manifestantes, la victimización de “la hija de la laguna” –la premiada en Washington D.C., Máxima Acuña–, la declaratoria del estado de emergencia y el inicio del fin de múltiples oportunidades para el desarrollo de la región. Una sumatoria de nefastos eventos que reflejaron la crónica de una muerte anunciada para esa localidad. ¿Michiquillay? Proyecto complicado y sin licencia social. Southern ha ofrecido inicio de operaciones para el 2025: faltan 6 años y mucho pan por rebanar.

El discurso populista contra la minería es el eterno medio de las autoridades sin ideas, sin carisma, sin programa y sin estrategia de gestión. Utilizan el veneno y el odio como mecanismo de integración popular. Es inadmisible que el flamante gobernador regional de Moquegua, Zenón Cuevas, haya planteado que se imponga un impuesto adicional de 10% a las utilidades de las industrias extractivas. No se puede ordeñar a la vaca 24 horas al día; ¡simplemente la matas!

Me pregunto: ¿qué derecho tiene un gobernador regional de ahuyentar la inversión y de atentar contra el desarrollo del país? ¿Qué derecho le asiste para sugerir cargas discriminatorias y demasiado gravosas a una industria complicada, y que depende de muchos factores exógenos como los precios internacionales, las decisiones de la FED o los humores de Donald Trump y Xi Jinping? El PBI de Moquegua creció 2.6% en el tercer trimestre del 2018 , así como 4.8% en el sector manufacturero. No podemos permitir que un antiextractivista empoderado cambie el rumbo favorable de esa región. ¡Debemos impedir que se convierta en una nueva y deprimida Cajamarca!

Por si fuera poco, Cuevas ha cuestionado la credibilidad de Anglo American, por supuestamente haber incumplido con otorgar oportunidades laborales a los moqueguanos en la etapa de construcción del proyecto Quellaveco. Dudo que sea falta de voluntad de la empresa: el gran problema es pobre capacitación técnica de los lugareños. Por ello reitero –por milésima vez y ojalá el ministro de Educación escuche– es necesario que el Minedu firme convenios con las empresas extractivas para que los colegios ubicados en zonas aledañas al proyecto capaciten a los jóvenes en los diferentes oficios requeridos por la industria. Es la mejor y quizás la única manera de garantizarles oportunidades laborales.

Y a todo esto: ¿dónde está el ministro de Energía y Minas, don Francisco Ísmodes Mezzano? ¿Por qué no ha salido inmediatamente y con mucha firmeza a defender a la industria? Se llena la boca anunciando grandes inversiones, pero es incapaz de acallar a estos malos peruanos que lo único que generan es incertidumbre y desazón. Hace rato que debió haber cambios en esa cartera.


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