toggle menu

Opinión


5 Marzo, 2017.

Primero están los niños

Tres casos de posible abuso han remecido la sociedad y no se ha visto una respuesta con la prontitud y claridad debidas.

¿Qué nos pasa? No hay nada más sagrado que los niños, nuestros niños, todos los niños. Por eso, apenas conocemos que algunos enfermos sexuales se aprovechan de su inocencia para satisfacer sus más bajos instintos la respuesta debería ser contundente: las autoridades competentes deben investigar a esos individuos y, de encontrarse indicios de sus actos, se debe proceder a la correspondiente denuncia ante la justicia para que respondan por sus execrables delitos.

Sin embargo, lamentablemente eso no viene ocurriendo. Tres casos han remecido a la sociedad y no se ha visto una respuesta con la prontitud, claridad y decisión debidas.

En el caso del Sodalicio, la actuación de la iglesia y de la justicia misma ha sido sencillamente deplorable —sino cómplice—: hasta ahora ningún responsable de abuso sexual a niños y jóvenes (hechos reconocidos por el mismo Sodalicio) enfrenta a la justicia para responder por sus delitos.

Y respecto a lo ocurrido en el Regatas Lima han pasado varias semanas desde la denuncia pública, a través de las redes sociales, para que podamos conocer la identidad de un socio acusado de tocamientos indebidos a una menor de edad en las instalaciones de dicho club. Ha tenido que ser el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables el encargado de solicitar las pesquisas correspondientes a la fiscalía ante la actitud del club, que una vez ocurrida la denuncia pública debió separar inmediatamente al socio y poner todo en manos de la policía o de la fiscalía para la investigación correspondiente. El club no lo hizo, argumentando una inexplicable reserva de una investigación propia para proteger a la víctima.

Finalmente, en cuanto al educador Juan Borea, quien ha reconocido públicamente que encerraba a niños del colegio que dirigía para hacerles cosquillas en los pies, este debe ser denunciado de inmediato.

No basta aislarlos de la comunidad y ponerlos a buen recaudo en lujosos retiros; no basta retirarlos de sus puestos; tampoco proteger su identidad cuando todo indica la comisión del delito. NO, NO Y NO. No hay medias tintas en este tema: primero —y antes que cualquier presunción de inocencia— está la protección al más débil: el niño. Punto.


Etiquetas: , , , , , , , , ,