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Opinión


12 Enero, 2018.

PPK: “Mi alma (y el país) por la presidencia”

¿Por qué el Gobierno dejo ir a una ministra que hace pocos días, en aras de la transparencia, publicó una directiva que impedía a los funcionarios del MIDIS realizar proselitismo político? La respuesta siempre será la misma: los grandes favores se pagan carísimo, aun cuando se trate del país.  

Teóricamente (o por lo menos así se vende) Fernando Zavala es el tecnócrata políticamente neutral cuya asesoría está sustentada en su prestigiosa trayectoria, tanto pública como privada. A pesar de que dejó la PCM hace algunos meses, ha seguido más vigente que nunca: es el verdadero poder en la sombra, el hijo preferido de PPK cuyo consejo es ley.

Para muchos, Zavala resulta un gran pasivo que ya ha sido asumido, y lo importante es saber controlarlo. Las relaciones paterno-filiales pueden ser inquebrantables y de una fidelidad pasmosa.

Imaginamos que este escenario de indoblegable favoritismo lo han resentido varios. Entre ellos Gilbert Violeta, fiel escudero del presidente por muchísimos años y  quien, según dicen, ha trabajado a pulso el andamiaje de Peruanos Por el Kambio utilizando todos los medios a su alcance —maquiavélicas artes incluidas— para lograrlo. Con sus parches y remaches tuvo un éxito inusitado que llevo a PPK a la presidencia, aunque el tiempo de expiración parezca cantado.

Por iniciativa propia, el nombre de Violeta se voceó con fuerza para ocupar la cartera del MIDIS. Sin embargo, no le faltaban cuestionamientos como el cobro de cupos durante la campaña para incluir candidatos en la lista congresal y quizás otras perlitas que tanto protagonismo en un ministerio podría haber sacado a luz. Por ello, con mucha resignación aceptó guardar perfil bajo, y compartir su cosecha con los buenos amigos y compinches.

Al final, se salió con la suya (¿y cómo no?). Después de algunos tiras y aflojas para hacer la finta de negociación (además de fuertes presiones, imaginamos), consiguió que se designara al congresista Jorge Meléndez Celis como ministro de Desarrollo e Inclusión Social. ¡Codiciado tesoro en año electoral!

Mi única explicación es que el “alma” de PPK es el bono de éxito de Gilbert Violeta por haber conseguido mantener vivo a un partido tan deleznable y artificial como Peruanos Por el Kambio y por haberle permitido cumplir sus más anhelados deseos: ungirse como presidente de la República camino al Bicentenario, a sus 77 años de edad. ¡Tremendo reto que don Gilbert asumió!

El flamante ministro es hermano de Fernando Meléndez Celis, actual gobernador regional de Loreto investigado por presunto delito de lavado de activos, y por actos de tenencia y ocultamiento derivados del tráfico ilícito de drogas. En simple: desde el año 2012 el clan familiar se dedicó a levantar aportes provenientes de empresarios cocaleros de la zona para realizar una millonaria campaña que los llevaría a tomar el Gobierno Regional de Loreto.

Los resultados saltan a la vista. Son los reyes de la región, tan omnipotentes que han pasado casi cuatro años desde la denuncia en su contra sin ningún resultado. Patético reflejo de la ineptitud y corrupción de la administración de justicia en el país especialmente en provincias, donde hay mayor necesidad, a menor precio.

Nos preguntamos: ¿por qué el Gobierno prescindió de una ministra tan exitosa, tan orientada a resultados, trabajadora y empática como Molinelli? Porque primero está la retribución de favores, los eventuales celos personales y, por supuesto, luego el país. Así de simple.

Nos volvemos a preguntar: ¿por qué el Gobierno dejó ir a una ministra que hace pocos días, en aras de la transparencia, blindó su cartera publicando una directiva que impedía a los funcionarios del MIDIS realizar actos de proselitismo político o actividades partidarias con los programas sociales, así como a facilitar oficinas, locales u cualesquiera otras infraestructuras del ministerio para actividades electorales? La respuesta siempre será la misma: los grandes favores se pagan carísimo, aun cuando se trate del país.

Lamentable pero cierto. Se necesitarán mil ojos de Contraloría supervisando cada movimiento de este ministerio y de sus millonarios programas sociales, porque las directivas a veces se limitan a ser tinta negra y papel. ¡Esté alerta, señor Shack!


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