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Opinión


20 Enero, 2018.

PPK en salmuera

Kuczynski debe manejar la decepción en que se ha convertido.

La política nacional está bloqueada. Más allá de los arrestos de PPK —que revelan su poca conciencia de su situación— y de la sonrisa de la primera ministra, el Gobierno está empantanado por las fallas de autoridad moral evidenciadas por el negociado del indulto a Alberto Fujimori y por las sospechas que lo afectan como preludio de las declaraciones de Jorge Barata, que a fines de febrero develarán culpas y distribuirán responsabilidades con consecuencias imprevisibles.

No solo PPK: los principales líderes de la oposición están en salmuera. Pero el presidente que acaba de escapar a la vacancia acumula elementos de sospecha y desconfianza.

Keiko Fujimori y Alan García también esperan escapar al huracán Odebrecht. Mientras tanto, el presidente se muestra reacio a la renuncia en favor de Martín Vizcarra y con confianza poco explicable —después de lo reconocido como manejo personal y empresarial con la mega empresa corruptora— pretende revitalizar su gobierno, apuesta a la gobernabilidad y a la definición de un rumbo del cual ha carecido hasta ahora.

Lo peor sería que Barata lo incrimine al punto de obligarlo a renunciar. Nadie mejor que él para saber si es ahora el momento de irse y de negociar con Martín Vizcarra un tiempo restante con posibilidades de reformar el sistema electoral para el surgimiento de nuevos partidos y el perfeccionamiento de la representación política tan criticada y venida a menos.

Kuczynski debe manejar la decepción en que se ha convertido. Llegó como un gran tecnócrata, con mucho de eficiencia y honradez. La ilusión de su sensibilidad social y de su capacidad se fue. Nada o muy poco ha quedado de las simpatías que lo rodearon y hoy debe apostar a tender puentes, construir legitimidad y eliminar confrontaciones innecesarias que pondrían en evidencia esa preocupante precariedad que está bloqueando el avance del país.


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