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Opinión


2 Abril, 2018.

Por sus juntas los conoceréis

Si queremos cerrar una etapa de inmoralidad para abrir otra de ética, integridad y confianza, hace falta un equipo que haga juego con el talante del presidente y de su flamante premier.

Semana Santa ha debido ser el tiempo ideal para conformar, en espíritu de paz y reconciliación, el nuevo gabinete que acompañará a Martín Vizcarra. Bien por la elección del congresista César Villanueva como primer ministro. Tiene el perfil dialogante y concertador que se requiere en esta etapa de relanzamiento político, y ha sido recibido con beneplácito por todos los sectores con la esperanza de que se tiendan los puentes para una mayor integración en torno a las medidas pendientes y una mejor convivencia política.

Villanueva tiene experiencia en gestión pública y una gran vocación por la descentralización: comparte con el presidente el haber sido gobernador regional y ya antes estuvo como presidente del Consejo de Ministros, aunque por corto tiempo. Todo cuenta para confiar en que conformarán el gabinete indispensable que reúna experiencia, honestidad y capacidad. En especial, en los sectores de salud y educación que Vizcarra ha priorizado.

El presidente está por pasar el momento decisivo que marcará su ruta como nuevo gobierno. Por sus juntas lo conoceréis y el gabinete que anunciará este lunes dará la pauta al país de cómo enfrentará los grandes problemas que su antecesor postergó mientras peleaba con el Legislativo y apuntalaba ministros para que evitar que cayeran. Un trabajo que le tomó todo el tiempo.

Es por lo anterior que para todo efecto parecería que el gobierno que elegimos en el 2016 recién comienza. Le toca enfrentar entre muchos otros el grave problema de la reconstrucción del norte, el de la seguridad en las calles, y superar la parálisis económica generada por la ruptura de la cadena de pagos y por las repercusiones del Lava Jato. En especia, le corresponde asumir la crucial reforma del financiamiento electoral que resulta el origen de todas las corruptelas.

Donde el presidente y su nuevo premier encontrarán el mayor desafío será en la lucha contra la corrupción, en un país que tiene a esta como el gran flagelo que ha separado a las élites de su pueblo y con ello ha generado una dramática crisis de confianza.

Pero no solo está la gran corrupción: están los medianos, los pequeños y los más pequeños que han hecho de la coima una forma de vida y de supervivencia, como un ejército de langostas que comen todo a su paso. Los gobiernos central, local y regional están infiltrados por un mal muy difícil de erradicar.

La microcoima es una dolencia fatal ante la cual los afectados pueden hacer muy poco o nada; multiforme y ubicua infecta todo lugar y todo espacio donde se realice un acto de gestión o de gobierno, en los niveles más inverosímiles. La amenaza es siempre el bloqueo, la dilación, la mecida. Si no pagas no conseguirás nada, ningún avance; o simplemente no existirás para tu trámite, gestión o pedido.

Y ahí está el gran desafío. Si queremos cerrar una etapa de inmoralidad para abrir otra de ética, integridad y confianza, hace falta un equipo que haga juego con el talante del presidente y de su flamante premier. Que a la personalidad reflexiva y analítica unan su sensibilidad y sobre todo su compromiso para imponer valores y descartar el cinismo y la sinvergüencería que todos vimos en los videos y en los audios.

Hemos censurado el recurso de la emboscada –a todas luces reprobable–, pero lo que el país vio en esas grabaciones impone una tarea de saneamiento moral en el Ejecutivo y en el Legislativo, en el gobierno central y en los locales y regionales. Una inmensa responsabilidad de baja policía social que debería comenzar ya.


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