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Opinión


8 Abril, 2016.

¿Por quién votar?

Si votamos por principio podrán traicionarnos, pero nosotros mismos no nos habremos traicionado.

Jorge Secada

| Columnista invitado

Todo parece indicar que un segmento grande de ciudadanos no decide aún su voto. Sumados al inusualmente numeroso voto en blanco, podemos hablar tal vez de un quinto o hasta un cuarto del electorado. De otra parte, la subida de los más voceados candidatos ha sido lenta y tímida. Aquí, claramente, no hay un tsunami sino, como decía hace unos días, una olita chorrillana.

Aunque se ha dado por descontado que la elección ahora se reduce a elegir entre dos candidatos para que uno pase al segundo lugar, el hecho es que hasta ahora el panorama está estancado y en los últimos días hasta el cuarto lugar acorta tímidamente las distancias hacia el tercero y el segundo.

Nadie conoce el futuro. Quienes dan por ganador a un candidato, lo hacen más llevados por su propio voto entusiasta que porque sepan qué va a pasar. Menos se equivocan, en todo caso, quienes hablan de finales de fotografía decididos en la línea.

Me aventuro a pensar que en esta carrera por el segundo lugar, dadas las distancias relativamente cortas entre los candidatos, y las campañas negativas pero con algo de fondo a que se está sometiendo a quienes van primeros, el final será  muy ajustado no entre dos sino entre tres candidatos.

Pero eso es pura especulación. Sirve, sin embargo, para conducirnos a la pregunta del título. No hay respuesta que pueda darles yo. Cada cual debe responderla por sí mismo.

Hay dos vicios que infectan nuestro pensamiento. Uno es adoptar o deshechar una idea en base a quién la dice o a quién le conviene o porqué la dice. Pero lo único que realmente importa es el contenido. Hasta las ratas, de vez en cuando, dicen verdades.

El otro, tan común como este, es no actuar por principio sino por cálculo. Las consecuencias importan, a veces les tenemos miedo, otras las ansiamos. Pero la realidad es que, primero, no podemos predecir el futuro. Si pudiesemos no tendríamos que deliberar y decidir, sino solo hacer.

Y segundo: las únicas decisiones que nunca nos pasan factura, las únicas que nos dejan realmente satisfechos para siempre, son aquellas que tomamos porque sabíamos que era lo correcto, lo nuestro, lo auténtico.

Por eso, mi respuesta a la pregunta del título es esta: votemos con libertad y por principio. Nada está dicho. Ningún voto es perdido. Mira los candidatos y decide por quien más te convenza.

Hay buenas razones para no creer en los políticos. Pero tal vez esta vez nos sorprenda el futuro para bien. Y, en todo caso, si votamos por principio y por quien nos convence, podrán traicionarnos, pero nosotros mismos no nos habremos traicionado.


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