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Opinión


11 Agosto, 2018.

Por qué escribo tan buenos artículos

Mientras cierta prensa, los medios y los coleguitas actúen como políticos duros y puros, yo también como político mejor y más brillante que todos ellos juntos y desde mi trinchera, los combatiré sin tregua desenmascarando sus imposturas, sus disfuerzos, sus falacias e hipocresía en cuanta ocasión se presente.

Un lector me pregunta por qué escribo tan buenos artículos. Muy simple, le contesto: porque digo la verdad que otros no quieren escuchar y, mucho menos, decir. Esa es la fórmula mágica del éxito en este quehacer amargo.

La verdad trae, por supuesto, un millón de problemas; pero siempre es original y escalofriante, y funciona como la luz. Deslumbra a los brillantes y atrae a los malos bichos como las polillas hasta abrasarlos.

Verdades

Varios amigos me han hecho el comentario de buena fe de por qué parezco tan proselitista y tomo partido tan radical por un sistema de creencias políticas. Me sugieren colegas que por qué no soy más objetivo o neutral al respecto. Que voy a quemarme, que se me van a cerrar todas las puertas y así prosiguen con estos buenos consejos. Les respondo con la verdad y cariño.

Miren: cuando los colegas que trabajan en los diversos medios de comunicación dejen de ser proselitistas, radicales, activistas y militantes de un sistema de creencias políticas (caviares), en otras palabras cuando ellos dejen de ser y actuar como políticos en vez de como periodistas, yo dejaré de ser político y de actuar como político para volver a ser periodista. Yo no puedo librar una batalla con las manos atadas por la neutralidad y la independencia (como debería hacer un periodista) cuando todos los demás, usando el membrete del periodismo, utilizan las armas de los políticos, los activistas y los militantes partidarios.

Y digo lo anterior porque en el Perú los partidos políticos son los diarios, las pocas revistas que quedan, las televisoras de señal abierta y cable, las radios y las redes sociales en sus diferentes plataformas “periodísticas”. Los partidos tradicionales han desaparecido casi todos y no tienen ningún poder más que el de ser el vehículo en el cual los verdaderos partidos políticos de la prensa suben a sus candidatos con fines electorales para después gobernarlos como marionetas, con el cuento de “la libertad de prensa” que, en su caso, no es otra que la presión para hacer lo que les da la gana sin haber sacado ni un voto y sin asumir ninguna responsabilidad. Por eso odian al único partido político que queda, y que pone un dique a sus fines y al que procuran desaparecer y proscribir, como lo dice la señora Claudia Cisneros con esa cordura y solvencia intelectual que la caracteriza.

¿Que por qué no critico lo malo de un sector político? Muy simple: porque para tirar barro y señalar y gritar contra este está el 99.9% de la prensa y los coleguitas convertidos en políticos. ¿No tiene que haber alguien que marque la mínima diferencia del 0.1%?

Así, pues, mientras este estado de cosas dure, mientras la prensa y los medios y los coleguitas sean políticos duros y puros, yo también como político mejor y más brillante que todos ellos juntos y desde mi trinchera, los combatiré sin tregua, desenmascarando sus imposturas, sus disfuerzos, sus falacias e hipocresía en cuanta ocasión se presente, hasta que vuelvan a ser lo que dejaron de ser: hombres de prensa. Yo, entonces, bajaré las armas y volveré a enarbolar la pluma.

Y en cuanto a mi futuro, don’t worry. El genio, como la naturaleza, siempre se abre paso.


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