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Opinión


10 Abril, 2018.

Por la salud, a la velocidad de un avión

Fiorella Molinelli ha recibido un comatoso EsSalud, tan enfermo como el país que lo alberga. Hoy, ella y su equipo se encuentran enfocados en un intenso plan de resucitación.

Querido lector: ¿cómo se sentiría si tuviera que someterse a una operación complicada en el hospital Rebagliati y los resultados de sus análisis (indispensables para la cirugía) demoraran más de tres meses? ¿O si requiriera una cita con urgencia en el Almenara y recién la consiguiera para 261 días más tarde (si es que hubiera sobrevivido a la dolencia, claro). ¿O si tuviera que quedarse diecisiete días en promedio en el hospital porque no se consiguen las medicinas o porque los equipos necesarios para su tratamiento están defectuosos? ¿O si su inmensa paciencia desesperara en el intento de conseguir una cama, porque en lugar de haber una por cada 800 afiliados hay una por cada 1300?

¿El estrés que sufren los asegurados y el calvario que significa tan solo ser atendidos podrían ser la primera causa de sus males? ¿De qué murió el paciente? ¿De la ansiedad y desesperación que le generó el lamentable sistema de seguridad social en el país?

Invirtamos roles: ¿qué sentiría si usted fuera médico asignado a las visitas domiciliarias (Padomi) y viviendo en La Molina tiene que ir hasta Jesús María en la mañana y en la tarde —con el único y exclusivo propósito de marcar tarjeta– para que luego lo manden nuevamente a La Molina o a Cieneguilla a realizar sus atenciones? ¡Más de tres horas movilizándose por nuestra agotadora ciudad para realizar un simple trámite que toma diez o menos segundos! ¡De locos!

¿Qué tal si sus visitas domiciliarias asignadas son programadas en lugares absolutamente distantes el uno del otro, todo porque se niegan a utilizar georreferenciación? ¿La frustración sería inmensa, verdad? Y aunada a un sueldo relativamente bajo comparado con sus pares de Latinoamérica y a una evidente carencia de incentivos para mejorar la productividad.

El número de asegurados ha crecido de ocho a once millones en los últimos años, pero el volumen de atenciones ha descendido en 40%. El sistema como está es absolutamente insostenible; la crisis ya no puede esconderse más. La falta de hospitales es clamorosa: uno de los últimos es el Edgardo Rebagliati, cuya construcción data del gobierno de Manuel Odría, a mediados del siglo pasado. Vale decir, desde hace 60 años.

Ese es el comatoso EsSalud que valientemente ha recibido Fiorella Molinelli, tan enfermo como el país que lo alberga. Una institución que hace años está a la deriva, agravada por la mala práctica de remover al presidente ejecutivo todos los años. Molinelli está trabajando en un plan de resucitación que incluye, en primer lugar, elaborar un Plan Estratégico de Inversiones. Además asignará bonos por productividad, implementará de un tercer turno (de 4 pm a 8 pm para optimizar el uso de capacidad instalada), disminuirá la estancia hospitalaria por lo menos en dos días e impulsará la reapertura de Emergencia del Rebagliati incrementando número de camas de 130 a 275.

Fiorella Molinelli y su equipo tienen la velocidad de un avión. Saben que tienen en sus manos la responsabilidad por la salud y vida de miles de peruanos. Solo resta orar y desearles mucha suerte en esta tarea titánica que tienen por delante.


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