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Opinión


28 Mayo, 2016.

Política, politiquería y marketing político

¿Las ideas? ¿Los planteamientos? ¿Algún programa? De todo ello... ni las cenizas.

Renzo Ibáñez

| Columnista invitado

Resulta sintomático que los temas electorales de mayor relevancia se vean opacados por el escándalo y la diatriba. Así pasó con el debate técnico cuyo colofón fue el reportaje según el cual la DEA estaría investigando a Joaquín Ramírez, que ocasionó gran bulla solo para recordarnos que el tipo tenía investigaciones fiscales por lavado de activos.

Ni una novedad, pero… ¿y las ideas? ¿Los planteamientos? ¿Algún programa? De todo ello ni las cenizas.

El primer debate presidencial no fue la excepción: si bien no hubo un elemento distractor externo, su propio desenvolvimiento fue realmente patético. En líneas generales los candidatos demostraron poca seriedad debido a los datos imprecisos y pullazos maniqueos que por un lado propinó el candidato, sumados a la excesiva agresividad con  medias verdades incluidas que espetó la candidata.

Pero lo que vino fue peor: ratero por aquí, anciano incontinente por allá. Nuevamente, de los planes de gobierno no quedó nada.  

No debería extrañarnos, pues el proceso electoral en general ha sido llevado de las orejas por la coyuntura y por la superficialidad leguleya. Para esto se ha invertido millones en marketing político y en miles de esfuerzos politiqueros, pero muy poco se ha apostado por la política. Con partidos cuyas identidades solo apelan a la humanidad del candidato es imposible empezar una fiesta democrática con contenidos institucionales, por ejemplo.

Y es que Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori son dueños de sus partidos; sus nombres son también el nombre y sello de sus organizaciones. Peruanos Por el Kambio es una convocatoria de última hora de técnicos y políticos huérfanos, mientras que Fuerza Popular es una federación de plutócratas regionales sujetos a la expectativa del poder. No van más allá y por ello solo se reducen a discutir en términos tan bochornosos.

Si queremos mejorar la calidad del debate es preciso apelar a procesos donde la política comience a tener que ver, y esto implica volver al seno de los partidos políticos y de sus decisiones internas, democratizando sus procesos de selección de candidatos, impulsando y renovando cuadros, construyendo una organización permeable a la realidad social, incentivando la discusión ideológica, teniendo representación congresal coherente con la postura y presencia en los ámbitos locales y regionales.

En resumen, se requiere un trabajo permanente en épocas tanto electorales como no electorales, que permita generar una identidad clara frente al elector y que nos obligue a discutir no solo lo que la prensa interesada quiere, sino lo que realmente le hace bien al país.


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