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Opinión


7 Abril, 2018.

Poderes autónomos y equilibrados

Necesitamos diálogo, pero también transparencia y respeto. Ni confrontación ni subordinación.

En el aquelarre final del gobierno de PPK, el Congreso recibió su parte de responsabilidad. No todo es discurso y proclama anticorrupción; todos escuchamos los audios protagonizados por congresistas ahora en la picota.

Se hablaron y dijeron cosas por las que ahora la ciudadanía enfoca un Parlamento que pretende convencernos de que solo era necesario cambiar de presidente de la república para que todo cambie en el país. No es así: las últimas encuestas dan al Congreso un 90% de desaprobación. El suelo es el límite y están muy cerca, aunque no parecen tener conciencia de tan grave desprestigio. Si quieren seguir identificando inmunidad con impunidad en los graves casos que lo afectan, es su problema y su grave responsabilidad.

El archivamiento de la denuncia contra Yesenia Ponce es una pésima señal para quienes buscan presentarse como los grandes luchadores contra la corrupción. Lo peor que les puede pasar es que se vea su discurso como vacío y falso. Las infracciones de Ponce han indignado al país y la complacencia de su bancada traerá cola. Y ahora viene el desafuero de Kenji Fujimori, Guillermo Bocángel y Bienvenido Ramírez, grabados por Moisés Mamani, falso valor elevado a las alturas por su heroicidad al haber emboscado y grabado a sus compañeros siendo igual que ellos, trocando votos contra la moción de vacancia del expresidente Kuczynski por obras con rentables comisiones.

El fujimorismo cree haber ganado este sustantivo round político y que el Congreso es inmune al deterioro. Pero este, convertido en su fortín, tiene una espada de Damocles si continúa evadiendo los asuntos de fondo y tratando de imponerse como única fuerza en el país. Queremos concertación, pero no subordinación del nuevo Ejecutivo al fujimorismo. La denuncia del legislador Juan Sheput de una alianza del gobierno de Martín Vizcarra con el fujimorismo y las declaraciones de Miguel Torres, afirmando que los nombres de los nuevos ministros fueron consultados a su partido, han generado justificada controversia.

Se ha denunciado igualmente un veto a los candidatos a ministros por ser antifujimoristas. Ridículo y absurdo porque no hay personaje con integridad moral, racional y coherente, que no haya denunciado, criticado y mostrado sus reservas con ese cogobierno Fujimori-Montesinos de los noventa, involucrado en los peores crímenes, exacciones y corrupción. Necesitamos diálogo, pero también transparencia y respeto entre poderes que deben ser autónomos y equilibrados. Ni confrontación ni subordinación.

Y en cuanto al ministro de Defensa, general José Huerta, firmante del acta de sujeción a Vladimiro Montesinos y asistente festivo al 53° cumpleaños del asesor, no tiene cabida en un régimen que se proclame democrático. Es inadmisible su designación y más aún su permanencia. Debe renunciar para no contaminar la esperanza con que comienza Martín Vizcarra.

P.S.: Quiero dejar sentada mi protesta contra la autorización que dio el rector de San Marcos a la policía para que ingrese al campus universitario que es inviolable. Si hay reclamo estudiantil se debe escuchar y no permitir ni violencia ni maltratos. No se puede satanizar a los alumnos, y toca a la autoridad privilegiar el diálogo. Para eso estamos en una universidad con autonomía que debemos defender.


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