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Pierde-pierde o gana-gana

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Si es que existe sentido común y racionalidad para actuar como Perú, lo que ahora necesariamente se impone es hacer lo contrario a lo que el hígado nos dicta.



Basados en el concepto de la destrucción mutuamente garantizada desarrollada sobre todo durante la guerra fría —época en la que apretar el botón rojo para desencadenar el potencial nuclear de este y oeste garantizaba la muerte segura de toda la población mundial—, los economistas Oskar Morgenstern, John von Neumann y John Nash profundizaron y consolidaron la teoría de los juegos, herramienta originalmente usada para aplicación en la economía pero que hoy se utiliza en los más diversos campos (incluida la inteligencia artificial).

Fueron sobre todo los importantes descubrimientos de Nash (ver “Una mente brillante” con Russell Crowe) los que aplicando el dilema del prisionero llegaron a la conclusión de que siendo altruista y no egoísta la humanidad llega a un mejor fin. Dicho sea de paso, con esto contradijo a la mano invisible del tótem del liberalismo, Adam Smith, y se ganó el premio Nobel de economía en 1994.

En el caso de la reciente guerra de barras bravas desatada entre la bancada de Fuerza Popular y la Fiscalía, el dilema del prisionero no puede ser más vigente. Lo que comenzó con una entendible pero innecesariamente larga piconería por la sospechosa anulación de vitales votos a través de una inamovilidad policial —y la aplicación de métodos electrónicos discutidos acá y en la Cochinchina para distritos abiertamente fujimoristas— continuó conque la bancada de Fuerza Popular nunca llegó a apoyar realmente al Ejecutivo. De igual modo, el gobierno pecó al nunca deshacerse de una heredada burocracia rojimia que no ata ni desata condenando, luego de un año de gestión, a la total inacción y fracaso al inicialmente lujoso y ejecutivo gabinete.

Al total vacío de autoridad y falta de ejecución se le sumó entonces el tercer poder del Estado, que a través del fiscal general de la nación hizo altos honores a la fama ya ganada y en un año no hizo absolutamente nada en cuanto a las importantes investigaciones sobre la corrupción de las asociadas de Odebrecht, Toledo y la exalcaldesa Villarán. Igual que en los juegos de la teoría, lo uno llevó a lo otro y acto seguido Fuerza Popular denunció constitucionalmente al fiscal Sánchez para que luego este en represalia allanase los locales partidarios de los fujimoristas e incautase importantísimas evidencias como tazas de café y recibos de luz.

Los dados estaban tirados, la ingobernabilidad casi garantizada, el país y el Bien Común, ¡bien gracias!

Si es que existe sentido común y racionalidad para actuar como Perú, lo que ahora necesariamente se impone es hacer lo contrario a lo que el hígado nos dicta.  El pepekausismo debe aliarse a Fuerza Popular (y otras fuerzas afines dentro y fuera del Congreso) en una gran coalición que gobierne estable y ejecutivamente al país, y deshacerse de todos aquellos que le apoyaron a ganar la reñidísima elección, en especial de esos que fomentan la bronca haciéndole la camita a la extrema izquierda. Aún se está a tiempo de enmendar rumbos, no perdamos estos cuatro años que quedan.

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