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Opinión


11 Octubre, 2017.

Peruanas heridas

Si en realidad queremos que la equidad no sea solo una palabra de moda, el sarcasmo y la burla deberían ser también desterrados, pues bloquean la voz de aquellas mujeres que deberían contar con nuestro respaldo incondicional.

Karina Calmet

| Columnista

Son dos historias de terror que ya conocemos todos. Lamento muchísimo por todo lo que ha tenido que pasar Lorena Álvarez y solo puedo imaginar su miedo al encontrar en casa, sin previo aviso, a un hombre enfurecido y amenazante, a pocos metros de su hijo de cinco años profundamente dormido. Y gracias a imágenes grabadas por una vecina, hemos sido testigos de cómo Micaela de Osma —una joven de tan solo veintitrés años— fue arrastrada a lo largo de una cuadra y de la escalera por su violento, agresivo y peligroso novio.

Dos casos públicos indignantes, ampliamente difundidos el domingo y que, sin embargo, originaron también incomprensible sarcasmo, bromas de pésimo gusto y ataques a la propia Lorena (¿alguien puede justificar una golpiza a una mujer?), ¡mientras el boxeador Jonathan Maicelo utilizaba la terrible imagen de la agresión a Micaela para hacer publicidad de cursos de defensa personal en su academia!

La cosificación, entonces, continúa a pesar de la violencia comprobada. Lamentablemente, solo tomamos en serio a la víctima cuando pasa a formar parte de las estadísticas de muertes por violencia. Si en realidad queremos que la equidad no sea solo una palabra de moda, el sarcasmo y la burla deberían ser también desterrados: bloquean la voz de aquellas mujeres que deberían contar con nuestro respaldo incondicional.

Como Lorena y Micaela, miles de mujeres de todas las regiones y de todos los sectores sociales son víctimas de sus parejas de la manera más salvaje, y prefieren callar antes que convertirse en objeto de ironía y burla, muchas veces de parte de quienes supuestamente deberían protegerlas. Sobran testimonios de víctimas que refieren haber recibido el mismo cuestionamiento en la comisaría a la que acudieron: “¿Qué le habrás hecho a tu marido, pues?”


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