toggle menu

Opinión


12 Noviembre, 2017.

Perú-Nueva Zelanda: ¡Dos puntas, un lateral con desborde y harto chuño!

Si seguimos pensando que jugamos mal porque no estaba Paolo, iremos el miércoles al matadero.

Efraín Trelles

| Columnista

Cuando Míster Quipu advertía los pobres números que dejaban recientes actuaciones peruanas (una sola llegada colectiva en dos partidos), me decían en tono descalificador: ¡pero eso fue ante Argentina y Colombia! Ya.

En Wellington terminamos pidiendo la hora y mirando con gratitud el 0 a 0. Ojo, los hilos y nudos de Míster Quipu registraron en Wellington cifras más o menos igual de pobres que cuando Paolo estaba en campo. Despertemos.

De todas las imágenes del primer encuentro hay una muy peligrosa. Habíamos terminado el primer tiempo desorientados. Se reinició el encuentro y parecía la continuación del primer tiempo, esto es nosotros desarticulados y ellos yendo a más. Semejante contraste revela que cualquier cosa que se habló en camarín peruano no aterrizó en campo.

 Winston Reed es un gran back, un gran caudillo. Pero tiene 35 años. Ya es hora de verlo en un pique contra Rui Díaz o el propio Yordi. ¡Es la hora de sincerarse o moriremos de coherencia! Hay jugadores muy queridos que tienen el puesto bien ganado pero no están en su mejor momento; se los ve disminuir conforme pasa el encuentro.

Solo nos queda este partido. No lo desperdiciemos en nombre de la coherencia. El cuerpo técnico sabe muy bien quién está al cien por ciento y quién no. Se acabó eso de arropar al que no está completamente apto para no alterar el funcionamiento de la relojería. Eso funciona durante quince minutos, como hemos visto.

Solo pondré un ejemplo con el ánimo de ilustrar. No dudo que Gareca y los suyos sabrán qué hacer. Veo en nuestro medio campo una contención que ha dejado de marcar la diferencias, una contención disminuida que a partir de cierto momento solo se puede defender con faltas  que nos terminan arrinconando. A cambio de un Yotún sin brillo o de un Tapia que se eclipsa, prefiero a Aquino de saque o a Cartagena que, estoy seguro, se encuentra con los porongos llenos.

Al igual que Advíncula, otro con la carga física intacta. Corzo tiene mucho mérito pero sube a tres cuartos de campo y tiene que pararse a pensar o a buscar ayuda porque no le alcanza para ganar la ultima línea. Y cuando esto ocurra, cuando ganemos la última línea por la banda, Orejas y Cueva tiene que acompañar y aparecer por fin. Míster Quipu se despide con la receta final: dos puntas, un lateral con desborde, velocidad y harto chuño. 


Etiquetas: , , , , , , ,