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Opinión


4 Julio, 2018.

Perlas duberlinas

En vez de andar recomendando hacer justicia con la propia mano, mejor que Duberlí Rodríguez reconozca deficiencias del Poder Judicial y haga un mea culpa por la cantidad de promesas incumplidas en sus veinte meses en el cargo. ¿Puede acaso sacar pecho por el proceso de extradición de Toledo o por lo hacinadas que se encuentran las cárceles?

Hace unos días, Duberlí Rodríguez declaró que las rondas campesinas podrían supervisar obras públicas y colaborar en la lucha contra la corrupción. ¡Muy audaz es nuestro presidente del Poder Judicial! Poco recuerda la reciente violencia de estas rondas de la provincia de Cutervo en Cajamarca, que detuvieron y azotaron a un grupo de ingenieros por supuestos abusos e indicios de corrupción en la ejecución de las obras de remodelación del Hospital Santa María de esa ciudad. Sucedió hace apenas unos meses, en noviembre del 2017.

El problema es que la población entra en trance y  exhibe un sadismo inexplicable: comete excesos que no tienen remedio que ya no pueden compensarse, como el asesinato a golpes de un abigeo o un ladrón de gallinas convertido en una pira humana. Se desata una furia incontenible.

Hacer justicia con la propia mano es propio de sociedades atrasadas y poco civilizadas: el presidente del Poder Judicial debería ser el último en promover tal cosa. No hay “mano propia” capaz  de lograr justicia; lo único que se genera es más violencia o venganza mediante actos criminales. Sería retroceder a los peores capítulos de la historia de la humanidad, cuando prevalecía el poder del más fuerte. La absoluta ley de la selva.

Comprendemos que la impunidad es muy alta. Las normas no se cumplen y la mayoría de delincuentes son reincidentes porque las cárceles son las mejores escuelas del delito. Allí perfeccionan su técnica. Sin embargo, utilizar a gente que no está preparada para la tarea y que se guía por sus instintos y emociones no es la mejor alternativa.

Igualmente, hace unas semanas Duberlí Rodríguez declaraba muy suelto de huesos que si un alcalde solo percibía un sueldo mensual de 6 mil soles (278 mil durante el periodo de cuatro años) estaba clarísimo que su principal objetivo sería robar (en tanto sería la única forma de compensar los gastos de sus campaña, entendiéndose por conducta delictiva también el hecho de favorecer a sus aportantes). Vale decir, para el presidente del Poder Judicial todos aquellos que optan un cargo por elección popular son corruptos e inescrupulosos, y tienen que recuperar la inversión. Su acusación fue contundente en las formas pero un absoluto tiro al aire, sin una sola prueba o evidencia, sin nombre propio o apellido. Se trató de una imputación gravísima de corrupción generalizada.

Me pregunto, entonces: ¿dentro de la visión sesgada de don Duberlí, cómo van a compensar su “inversión” aquellos que son perdedores desde que inician sus campañas? Basta mirar las encuestas de los postulantes a la alcaldía de Lima; es evidente que hay varios candidatos que no van a remontar ese 2%. Muy ligeros los juicios de Rodríguez y absolutamente inapropiados para el presidente de uno de los poderes del Estado. ¡Respetos guardan respetos!

Ganaría mucho si reconociera públicamente todas las deficiencias del Poder Judicial e hiciera un mea culpa por la cantidad de promesas incumplidas en los veinte meses que lleva en el cargo. Dudo que pueda sacar pecho por la forma como se ha conducido el proceso de extradición de Alejandro Toledo o por lo hacinadas que se encuentran las cárceles –con presuntos delincuentes con inagotables procesos en curso o liberados porque se cumplió el plazo de la prisión preventiva– gracias a nuestros apreciados jueces. Recordemos solamente el caso de expresidente regional de Cajamarca (que sigue tan campante cuando su sentencia debió dictarse en junio pasado).

Usted no es un mero espectador, señor Duberlí Rodríguez, sino un actor principal en nuestra sociedad. Ahora más que nunca tiene que dar la talla.


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