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Opinión


11 Mayo, 2018.

Patético circo mediático

La abusiva e innecesaria incautación a los Humala-Heredia (luego de su injusta prisión preventiva) ha revelado descarnadamente las reacciones de mucha gente que observa y comenta los acontecimientos a través del prisma de un escenario cargado de polarización extrema. Es blanco o negro: no hay matices.

La abusiva e innecesaria incautación del inmueble familar de los Humala-Heredia (luego de su injusta prisión preventiva) ha revelado descarnadamente las reacciones de mucha gente que observa y comenta los acontecimientos a través del prisma de un escenario cargado de polarización extrema. Es blanco o negro: no hay matices.

Así, hay desde los que quisieran ver a la pareja presidencial quemándose en una hoguera en la mismísima plaza San Martín hasta los que pretenden que creamos que son unas santas y mansas palomitas cuando se indignan y conmueven por el trato que ha recibido la familia del exmandatario. A estos fariseos jamás les importó ni un rábano partido por la mitad el maltrato ni las familias de sus enemigos y rivales políticos caídos en desgracia.

Como siempre, ha quedado en evidencia ese doble estándar moral que ya conocemos hasta la saciedad. La verdad, consideramos, no discurre por ninguno de esos extremos. La verdad debemos encontrarla luego de analizar el caso con la objetividad y serenidad que se debe de tener para juzgar este tipo de situaciones, al amparo de la justicia y la ley y su correcta aplicación.

El expresidente y su esposa deben responder por las muy graves acusaciones de corrupción que tienen y son los operadores de justicia –¡y nadie más que ellos!– quienes deben garantizar a la ciudadanía que se les juzgue debidamente (sobre todo respetando el famoso y mil veces invocado debido proceso) con todo el rigor que la ley procesal penal prevé. Esto es lo que corresponde en un Estado de derecho y en una democracia… y nada de eso viene ocurriendo.

Por lo anterior, resulta inaceptable que transcurrido tanto tiempo la expareja presidencial carezca de acusación fiscal con todos los indicios que existen de la presunta comisión de ilícitos penales; como también resulta inaceptable que un juez dicte medidas abusivas e innecesarias que solo enturbian el proceso. Tanta conducta errática solo desorienta a la opinión pública, peor aún cuando este juez se dedica a ventilar a través de la prensa sus decisiones desoyendo el viejo aforismo jurídico que reza que los jueces hablan por sus sentencias.

En resumen, el caos generado por las diversas partes no han hecho otra cosa que reducir este caso a un patético circo mediático. Lamentable.


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