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Opinión


25 Octubre, 2017.

¡Papelón!

Lamentablemente, el mal diseño y preparación impidió que se entreviste a todos, con lo cual el proceso quedó completamente desvirtuado (no existe “censo parcial”, ergo, los resultados de este no expresan fielmente la realidad).

Jorge Villena

| Columnista invitado

El censo se define como la toma de información al total de individuos de una población: es decir, si tomamos el caso de un distrito se debe entrevistar a TODOS los que integran ese distrito. Diferente ocurre con una encuesta; esta sale de una muestra representativa del total de la población y permite proyectar resultados. Y para el diseño de esta muestra representativa, se necesita como insumo los datos del último censo disponible.

El Censo Nacional es una actividad costosa y demanda un gran esfuerzo humano y logístico (por eso todos hemos brindado facilidades para su realización quedándonos en casa todo el día). De estos resultados podremos conocer de forma real cuántos somos, dónde estamos, qué tenemos y qué no tenemos; dicha información demográfica es insumo necesario para el diseño de políticas públicas.

En el caso del censo del domingo, este debió tomar la información de todos los individuos que integramos la población nacional. Lamentablemente, el mal diseño y preparación impidió que se entreviste a todos, con lo cual el proceso quedó completamente desvirtuado (no existe “censo parcial”, ergo, los resultados de este no expresan fielmente la realidad).

En todo caso, para evitar este papelón el INEI podría haber organizado una encuesta nacional con una muestra de mayor tamaño y así reducir el margen de error. El diseño de las preguntas y cuestionamientos previos a la metodología advertían que el Censo estaba plagado de errores y esto fue luego confirmado incluso por el mismo jefe del INEI, que admitió no haber prevenido el crecimiento vertical de las ciudades y la falta de encuestadores.

Un trabajo que debió planificarse, ensayarse y realizarse con objetividad y profesionalismo se vio empañado por denuncias de personal infiltrado con claro interés en modificar las respuestas de los encuestados sobre su confesión religiosa y étnica. Los censados dimos el número de DNI de todos los miembros del hogar… ¿qué garantiza que nuestra información personal no acabe en otras manos?

Por otro lado, los convenios firmados por el INEI con universidades o empresas son inaceptables, no brindan garantía sobre la protección de nuestra información. Los convenios señalan, entre varios acuerdos, entregar la base de datos con los resultados definitivos; es decir, nuestra información personal e identidad llegaría a manos de estas empresas.

Y lo más grave ha sido la violación a una joven voluntaria en Villa El Salvador, hecho repudiable y para cuyo responsable debemos exigir firme condena. Por supuesto, la institución debe asumir también su parte de responsabilidad por haber no haber previsto la seguridad del personal voluntario.

¡174 millones de soles para que cuenten tarde, mal o nunca!


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