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Opinión


11 Marzo, 2018.

Operación Red Leaf

En el presente escenario el presidente ya no le puede pedir lealtades a nadie, y la de Martín Vizcarra es con el Perú y la Constitución. El embajador es plenamente consciente de ello.

La operación Red Leaf (hoja de arce roja) está en marcha. El hecho de que Martín Vizcarra se convierta en presidente constitucional de un gobierno de unidad y salvación nacional y, por lo tanto, de que Pedro Pablo Kuczynski sea vacado en los idus de marzo es una probabilidad cada vez más cierta, según resulta evidente por la propia reacción del gobierno y de sus adláteres (los 81 votos conseguidos por la ley Mulder son un claro indicador de ello).

Lo que para muchos peruanos son buenas noticias desde el Canadá ha caído como una bomba atómica para el Ejecutivo y lo que queda de la bancada oficialista. A ellos –descolocados– no se les ha ocurrido mejor idea que pedir la renuncia del embajador, señalado casi expresamente como traidor por el mismo jefe del Estado tras los infructuosos intentos de arrancarle un pronunciamiento a favor de PPK que nunca llegó y que nunca llegará (a no ser que sea jurando fidelidad al orden constitucional, ni más ni menos).

Ha hecho bien el embajador en guardar silencio y, por ende, en no dejarse presionar ni intimidar por los náufragos de una coyuntura de la que él es ajeno, a saber, las pruebas cada vez más escandalosas de las cuchipandas de PPK con Odebrecht, esta vez posteriores al primer proceso de vacancia. Si de lealtades se trata, el embajador-vicepresidente ya cumplió con apoyar al presidente el 21 de diciembre pasado, cuando aún no se sabía lo que ahora se sabe. No puede decir lo mismo el presidente frente a todos aquellos que traicionó asegurando que no había ninguna negociación bajo la mesa cuando sí la hubo, tal como quedó demostrado con las diez  abstenciones de Fuerza Popular que le terminaron salvando el cuello y las seguridades que le dio a Nuevo Perú –para que esta agrupación se retire del hemiciclo– sobre el tema del indulto.

Por ello, en el presente escenario el presidente ya no le puede pedir lealtades a nadie, y la de Martín Vizcarra debe ser con el Perú y la Constitución. El embajador parece plenamente consciente de ello.

Es evidente que hay un nuevo sol que despunta y uno viejo que se apaga, y que bajo ese cielo se van alineando los astros. Pasarán a la oposición (si la Operación Red Leaf sigue de acuerdo con lo planeado) los que ahora son el repertorio más recalcitrante del vocerío PPKausa, entre ministros y congresistas (los coqueteos de Moisés Guía Pianto con la abstención son un claro ejemplo de los que no quieren hundirse con PPK).

En cuanto a los aliados del viejo orden, están perdidos los del núcleo duro de los disidentes de Fuerza Popular: es decir, a los nombres puntuales que se subieron al avión de PPK Martín Vizcarra los bajará sin ninguna duda en honor al sentido común de que –en esta nueva etapa y tratándose de un gobierno de unidad nacional con el apoyo del Congreso– esa gente y sus votos ya no sirven para nada.  Los que de ese grupo (y similares) todavía quieren cumplir su sueño de estar en el gobierno, como enseña la Historia, dejarán a PPK y se auparán a Vizcarra pues su único interés era ese.

“Desiderantes Meliorem Patriam” (“Ellos desean una patria mejor”) es el lema del blasón del Canadá. Nosotros los peruanos –quienes compartimos los mismos colores patrios– deseamos lo mismo así venga de tierras tan lejanas como la del Red Leaf.


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